domingo, 1 de diciembre de 2013

TEATRO EN LOS TRÓPICOS. Carlos Gámez | Nagari

TEATRO EN LOS TRÓPICOS. Carlos Gámez | Nagari



Título: Anna in the Tropics
Autor: Nilo Cruz
Director: Carlos Díaz
Intérpretes: Lili Rentería, Mabel Roch, Clara González, Carlos Miguel Caballero, Fernando Hechavarría, Osvaldo Dolmeadios, Alexis Díaz de Villegas, Yanier Palmero.

Para todo crítico foráneo, la primera representación teatral a la que acude en Miami es siempre un choque cultural. No fue una excepción Anna in the Tropics, escenificada el pasado 23 de noviembre en el Colony Theater de Miami con un texto traducido al español por James López, asesorado por la profesora de la Universidad de Miami, Lillian Manzor.

La obra, ya un clásico de la producción cultural cubanoamericana, diez años después de la consecución del Premio Pulitzer, hilvana una historia en torno a la tradición del lector en las antiguas factorías de tabaco que los cubanos trajeron al sur de La Florida a finales del siglo XIX. Dicha tradición consistía en contratar a una persona que se encargara de leer libros a los trabajadores de la factoría , preferiblemente novelas, mientras estos fabricaban de forma artesana los cigarros. En el caso de Anna in the Tropics, la novela no es otra que Ana Karenina. A partir de aquí se teje una mise en abyme, un relato dentro del relato en que los personajes de la obra se dejan transportar por la dramática narración de amores, pasiones y desengaños que compuso León Tólstoi hace más de cien años.

La puesta en escena del director transmite bien el doble mensaje de la obra, tanto la crítica al progreso que ya subyace en la novela del conde ruso, como la necesidad del artista, de esa voz que nos narra historias que nos hacen cambiar, en la figura del lector (más compleja sería una lectura política). Lo hace gracias al elenco de actores a sus órdenes donde destaca una excelsa Lili Rentería interpretando a Conchita. Notables también Clara González y Mabel Roch (Marela y Ofelia respectivamente), en especial en las plásticas escenas con Santiago (Fernando Hechavarría). Tal vez en algunos pasajes Juan Julián (Alexis Díaz de Villegas) se conduzca algo rígido, aunque por lo general está brillante. En todo caso, si debiera ponerle un pero a la dirección, lo haría con el final trágico de la obra, al que el espectador llega de forma inesperada, con dos desgracias consecutivas, y para las que no se le ha preparado de antemano más que con breves retazos. Poco que ver con el monumento de pasiones que es la novela de Tólstoi.

Sin embargo, y como expresaba al principio de esta crítica, lo más sorprendente para alguien proveniente de la tradición del teatro catalán, de la experimentación de directores como Àlex Rigola, donde el grito se reserva a momentos puntuales de una obra austera, o las escenas sexuales son más transgresoras que sensuales, lo más sorprendente es la diferencia cultural a la hora de la puesta en escena. El teatro en Miami es más histriónico que en Barcelona. Ya desde la primera escena, con el anuncio a gritos de las peleas de gallos. Después, con el atrezzo y los lances amorosos de la obra. También es mucho más sensual. El sexo en Anna in the Tropics tiene una notable carga erótica. Es sugestivo, no pretende golpear los ojos del espectador, ni aunque simule la escena de una felación. Y para eso se deja acompañar notablemente de la música, del canto, recurso que en el teatro catalán suele trabajarse enlatado. Así las cosas, el crítico asume el choque cultural del que advertía al principio de este texto, y asume que todo contraste cultural tiene cosas atractivas y otras menos para el espectador que proviene de otra mirada, otra tradición distinta a la que es el teatro en los trópicos.
©All rights reserved Carlos Gámez Pérez