sábado, 27 de junio de 2015

III JORNADAS ALCESXXI: Sesión sobre ciencia, literatura y cultura en España

III Jornadas ALCESXXI, Soria. Miércoles, 8 de julio de 2015.


Aula Magna Tirso de Molina

9:30-11:30: “Regeneración de las formas estéticas con el uso de la ciencia y la tecnología en la literatura española contemporánea”. Organiza Cárlos Gámez, con la participación de Carlos Gámez (escritor y estudiante graduado, Univ. of Miami); Marta del Pozo (académica y poeta, Boston College); Germán Sierra (escritor y doctor en medicina); Javier Moreno (escritor y licenciado en matemáticas), Marcos García (gestor cultural, director de MediaLab Prado)


martes, 23 de junio de 2015

Fantasia Existencia - Suburbano

Fantasía Existencial - Suburbano


Resulta sorprendente observar cómo ciertas estructuras narrativas han pervivido con el paso de los siglos. De todas, la más conocida es la del relato fantástico, estudiada por el teórico ruso Vladimir Propp a partir de sus 31 funciones y del análisis en profundidad de los cuentos fantásticos del folclore ruso hace ya casi cien años.

No es menos curioso ver que los movimientos que han pretendido potenciar la experimentación siempre han enfatizado el carácter individual de la creación experimental y han menospreciado el trabajo colectivo que subyace a cientos de años de elaboraciones de variantes de relatos hasta la construcción de una herramienta narrativa muy poderosa, como es el caso del relato fantástico. Pareciera que la obra colectiva no fuera igual de importante ni estuviera más contrastada que el trabajo individual.

David Monteagudo (Viveiro, 1962) sí hace caso de esas estructuras, y en su última novela: Invasión (Candaya 2015) demuestra además que es un maestro a la hora de utilizarlas y combinar el relato fantástico con algo más. Es en esa habilidad donde encuentro la relación del autor con la literatura popular.

Monteagudo se dio a conocer en los ámbitos literarios con la novelaFin (Acantilado 2009), y con una original utilización de elementos fantásticos en sus tramas. En Invasión trabajar con dos niveles, uno de ellos marcadamente fantástico. A partir de las alucinaciones del protagonista, García (hombre común como su propio nombre indica), que observa gigantes que empiezan a poblar su mundo cotidiano, el narrador nos adentra en una novela existencial. Así, a través de la ansiedad que provocan en el protagonista esos gigantones, descubrimos sus problemas de pareja, la incomunicación continua con su mujer, que mantiene la tensión del relato durante toda la primera parte, y el vacío de su existencia cotidiana. Todo eso se expresa con un narrador cómplice en tercera que se conduce con una contención prodigiosa y un estilo elegante.

Los dos niveles de la historia tienen una estructura interna-externa. En la estructura interna la novela tiene mucho de autobiográfico. No es autoficción porque el protagonista no es escritor ni tiene el pasado de Monteagudo, pero existen muchos elementos sacados de la propia experiencia, empezando por el hecho de que la acción podría haber ocurrido en cualquier parte, pero el espacio está inspirado en Vilafranca del Penedès, lugar de residencia del autor, y terminando por la práctica de atletismo de fondo (78), que une al protagonista con Monteagudo. Ese simple detalle biográfico dice más de un escritor obsesivo y metódico que lo mucho que se aireó su supuesta condición de escritor obrero. Sin embargo, la carga simbólica de la novela también es muy fuerte y, a partir de la página 74, en que se consuma la ruptura de la pareja y se disipa la tensión narrativa que nos ha llevado hasta allí (“la marcha de su mujer le producía una secreta sensación de alivio [75]”), la novela apuesta ya abiertamente por la narración fantástica, que ha ido in crescendo por mucho que el psiquiatra que aparece en la historia se esfuerce en dar una explicación científica de los problemas del protagonista, sin dejar de banda la tensión existencial, ahora ajena a la crisis de pareja. Es entonces cuando se observa el dominio de la estructura clásica del relato fantástico que tiene Monteagudo. El viaje, el donante, la ayuda mágica, la fechoría, todo eso está en este relato, al menos desde el punto de vista del protagonista y, por supuesto, también los gigantes, que reforman sus pisos y transforman el hábitat de García, haciendo que todos los detalles de la narración encajen.

Sin embargo, el mensaje existencial sigue estando ahí, en este caso en el retorno a una existencia rutinaria después del efímero reencuentro con la vida natural de García en el pueblo donde iba de niño a veranear, que se presenta como una arcadia. Ese es el mensaje que subyace de forma metafórica: cómo las obligaciones cotidianas de nuestra compleja existencia de rutinas y prisas conllevan una ansiedad que nos obliga a enfrentarnos a mundos para los que no estamos preparados y con los que se ve obligado a lidiar el protagonista (curiosamente, García trabaja en una compañía de seguros). La situación en cierta forma es un ensayo sobre la inmadurez en una sociedad en donde existen personas que crecen y se convierten en gigantes y otras que no, aunque se trata de una simbología compleja, como el propio García espeta al psiquiatra (125). Esa tensión se resuelve siempre desde la lógica del relato fantástico. Hasta el final, que no revelaré para evitar spoilers, pero que me ha rememorado las mejores narraciones fantásticas de Julio Cortázar y que me ha hecho disfrutar mucho de una lectura muy recomendable.

martes, 2 de junio de 2015

El otro idioma de Miami - Nagari Magazine

El otro idioma de Miami - Nagari Magazine


Miami es un territorio literario bastante virgen para la literatura escrita en castellano, aunque sea un target para la literatura norteamericana escrita en inglés. De esas discusiones y categorías hablé, con la muy notable participación del público, en el Festival Escribe Aquí, de cuya experiencia acabé produciendo este texto.

Pedro Medina León (Lima, 1975) también es un fervoroso investigador de Miami como territorio literario, como se observa en algunos de los artículos que ha publicado en prensa. De hecho, la investigación que hice para apoyar mi charla se inspiró en esos trabajos de Pedro Medina.

Sin embargo, Medina acompaña esta investigación desde hace años con la práctica literaria, y esa labor de creación ha dado lugar a un nuevo fruto, porque no es el primero. Se trata de Lado B, tercer libro de Medina, en cierta forma, continuación de los anteriores: Mañana no te veré en Miami (2013) y Streets de Miami (2012).

Lado B es una novela que narra las vidas de aquellos que no están en primera línea de mar, como los apartamentos más lujosos de Miami Beach. Se trata de personajes construidos de forma rotunda que sobreviven en una urbe dura. Yaneira, una prostituta que vino de Cuba y estuvo a punto de ubicarse en Nueva York, decide aceptar un matrimonio de conveniencias con Carmona, un emigrante ilegal que lleva 7 años sobreviviendo en el sueño americano. Yaneira quiere dejar la prostitución para invertir en su propio salón de belleza y Carmona espera obtener la Green Card que le permita trabajar de forma legal en Miami. Pero de este supuesto intercambio de intereses surge algo más: la narración de las personas, los ambientes, las esperanzas y los desengaños de aquellos que no figuran en los folletos turísticos de la ciudad más importante del sur de la Florida. Todo ello narrado con un ritmo trepidante y una gran agilidad. Y también una historia secreta de Miami:

“La rivalidad en los ochenta entre gringos, cubanos, negros y latinos. Los gringos odiaban a los cubanos, habían venido a invadirlos, pero los cubanos decían que ellos eran mejores que los gringos. Los cubanos odiaban a los otros latinos que iban llegando a la ciudad porque eran la escoria de Latinoamérica. Los negros odiaban a los cubanos porque les quitaban el trabajo en gasolineras, tiendas, restaurantes. Ese era el origen de la locura de Miami, del caos. En esos años ocurrieron los famosos Miami Riots” 

Así, de la tensión que se deriva del posible desenlace de la trama, con el dinero que proporciona Carmona hibridado a las ilusiones de Yaneira, el autor consigue aunar dos de los territorios de Miami en uno solo: el espacio de los thrillers policíacos que recorre las calles de Miami Beach y las historias de los inmigrantes que llegan al sur de la Florida. Ambos territorios narrados en inglés hasta ahora, el primero especialmente por autores norteamericanos, el segundo por los emigrantes latinoamericanos que llegaron a Miami en las últimas décadas pero que narraron su experiencia en inglés.

Pero Medina no utiliza el inglés para narrar su historia, y en eso es pionero. El libro está escrito en Miamense, que es como le gusta etiquetar al autor el dialecto castellano de Miami. Un lenguaje castellano cargado de préstamos del inglés y de giros lingüísticos procedentes de muchos lugares de Latinoamérica (“Lo primero era abrir un bank account juntos”), aunque con predominancia del dialecto cubano (“asere”), que resulta idóneo por dos razones. Porque muestra el buen oído del autor para el lenguaje de la calle y porque ese es el idioma más creíble para vestir una historia como esta. Con su novela, Medina está conquistando un territorio nuevo para la narrativa en castellano y todos debemos felicitarnos por ello.

lunes, 18 de mayo de 2015

Elogio de la brevedad y del sadismo, por este orden - Suburbano

Elogio de la brevedad y del sadismo, por este orden - Suburbano


La primera vez que me enfrenté a la escritura de Salvador Luis, lo hice con la buena guía que suponen los comentarios que Vicente Luis Mora escribió en su blog de El Boomeran(g)sobre Prontuario de los pies y de los zapatos (2012). Ahora me sumerjo en Shogun inflamable (2014), libro de relatos publicado por la editorial Casa Tomada, completamente virgen; y créanme que la experiencia al enfrentarse a esa galería de personajes contemporáneos monstruosos y sádicos es digna de tenerse en cuenta.

Los directores académicos de Salvador Luis siempre recuerdan de él su capacidad para sintetizar en muy poco espacio brillantes ensayos literarios en los que su brevedad nunca era obstáculo para analizar en profundidad todo lo que era digno de mención en el texto. Si esto es una virtud en el mundo académico, donde tanto mediocre se jacta de su verborrea superflua y de juicios manidos, ya ni les digo el placer que supone la brevedad en la ficción. Pues esa concisión se la encuentra de frente el lector en el primer párrafo que lee, el que inaugura el relato “Froilán,anthropophagus”. En apenas veinte líneas se entera uno del entorno físico que rodea al protagonista, de la historia de ese entorno, y de las intenciones con las que nos guiará ese refinado caníbal que es Gaspar Froilán Goyeneche por el texto. La historia tiene apenas tres páginas, y el autor se aplica en concentrarla en ese espacio, lo que no es óbice para que nos regale los juicios que esconden sus intenciones estéticas: “no existe mayor acierto que el de tratar la carne de los otros como si fuese la de uno mismo; en eso se basa lo que con los años he denominado «el arte». Y no hay arte, claro, sin un artista que reconozca «la nueva belleza» y la «nueva conjunción de la belleza»” (14). Así que este “antropófago artista” es la puerta de entrada a un universo estético donde un diálogo de pareja iniciado al más claro estilo de Hemingway (otro maestro de la brevedad), y con doble de por medio, se hibrida con las referencias culturales contemporáneas; donde un experimento pseudo científico con gatos sirve para encontrar los límites de la vida en pareja; o donde una serie de elementos extraídos de las vanguardias históricas, algunos de ellos gráficos, sirven para presentarnos cómo han cambiado los tiempos, pues la conciencia del tiempo que vive está muy presente en el autor.

El espacio que rodea las narraciones, por otro lado, es extraño y, sin embargo, muy eficiente. Parece claro que todo menos algunos recuerdos sucede en EEUU. Pero como ocurre cuando se vive en esos infinitos barrios urbanizados que pueblan los EEUU, todo es un continuo indefinible de espacios solo determinados por menciones a claros referentes como Nueva York.

Aunque la crueldad humana atraviesa de forma transversal todos los relatos—en especial, la crueldad en las relaciones de pareja— de la mano de la exquisitez cultural, dos son los universos que se encuentran en estos cuentos: 1) los elementos fantásticos, de terror o de ciencia ficción con ciertos guiños a Borges (“El Cerebro y El Autómata”); 2) las historias callejeras y sucias (“Territorial Pissings”). Encuentro que podríamos resumir con la frase: “el tipo era un cuadro de costumbres de la era posatómica” (59). Si tenemos en cuenta que se trata de mis dos universos literarios favoritos, y si sumamos las citas explícitas a Love and Rockets, Siouxsie & the Banshees y David Lynch, comprenderán mi entusiasmo por este libro.

Podría extenderme sobre Shogun inflamable páginas enteras, pero un maestro de la brevedad como es Salvador Luis merece concisión, así que aquí concluyo no sin antes advertirles de que no se espanten por esa galería de sádicos que aparecen en las historias del libro; en la dedicatoria de su primera novela, El dios reflectante, Javier Calvo escribe: “la mala gente es la buena gente”. Pues eso.  

lunes, 11 de mayo de 2015

El motín del Hesperia - Nagari Magazine

El motín del Hesperia - Nagari Magazine


Prometí a Gabriel Goldberg, culé como yo, o lo que es lo mismo, seguidor del F. C. Barcelona, escribir una reseña en clave barcelonista de su novela, La mala sangre, publicada en la Argentina por Interzona, aunque escrita desde Miami (o desde el pantano, como afirma repetidas veces el narrador). Y uno encuentra paralelismos entre Daniel Steimberg, narrador y protagonista de la novela, con el actual DT de Barça, pues ambos son ironmen y practican el deporte extremo en sus diversas modalidades, tanto en carrera, como nadando, como andando en bibicleta. Y también lee menciones explícitas de las preferencias deportivas de Daniel, su mujer y sus hijos, todos fanáticos barcelonistas, aunque el narrador, junto con el Barcelona, hincha por Independiente. Sin embargo, si he de ser consecuente con el contenido de la novela deberé remontarme a un famoso episodio de la historia barcelonista: “El motín del Hesperia”.

Hagamos un poco de historia: El 27 de abril de 1988, después de la peor temporada en liga desde 1942, el grueso de los jugadores del Barcelona convoca una rueda de prensa en el hotel Hesperia (propiedad curiosamente del vicepresidente del Barça por entonces: Joan Gaspart), para pedir la dimisión del presidente blaugrana, el carismático Josep Lluis Nuñez. Tras las quejas económicas que subyacen a este hecho (el club quería que los jugadores pagaran a medias los impuestos derivados de los derechos de imagen), subyace una razón más fuerte: el menosprecio por parte de la directiva para con los jugadores. Aquel acontecimiento, que derivaría en la llegada de Johan Cruyf como técnico y las décadas más gloriosas del barcelonismo, también supuso el despido de muchos de aquellos jugadores a final de temporada.

Pues la novela de Goldberg es algo así pero en el plano familiar. Daniel, hijo pequeño, abogado con una maestría en Harvard, asentado en los EEUU y especialmente unido a su padre, descubre que sus hermanos mayores y su cuñado se han hecho cargo de los muchos bienes de la familia —el padre es un prestigioso médico judío con una de las clínicas más avanzadas para su época a su cargo y contactos con las altas instancias del país— a la muerte del padre tras aprovecharse durante años de la enfermedad de Alzheimer que lo ha llevado a la tumba. Han inhabilitado a la madre pese a que esta siga lúcida, la han encerrado en un manicomio. Han ido vendiendo los activos del padre para convertirlos en dinero localizado en paraísos fiscales y han desheredado al resto de los hermanos. Daniel los denuncia y clama por justicia, tanto en los tribunales como en el libro, aunque se trate de una voz narratoria.

Todo esto lo explica el autor en clave diarística, con entradas numeradas e hibridación de temáticas: la familia nuclear, la familia argentina, la práctica deportiva, los problemas con el departamento de inmigración en EEUU, las fantasías sexuales, el psicoanálisis, los recuerdos, la cultura judía. Todo se mezcla, aunque la síntesis final, con documentos reales, está muy conseguida. La mención explícita a La novela luminosa, de Mario Levrero, es clave para entender la apuesta estética del autor. También el proyecto narrativo de Sergio Chejfec por las menciones al pasado y la identidad judía en la Argentina. Eso sí, siempre pensando que Daniel Steimberg está realizando en este libro “El motín del Hesperia” con sus hermanos. Esperemos que tras la catarsis, de aquí salgan décadas de buena literatura, como de aquello surgieron los mejores momentos futbolísticos del Barça.