miércoles, 7 de noviembre de 2018

La memoria durmiente de Modiano - Suburbano

La memoria durmiente de Modiano - Suburbano



Qué duda cabe que la literatura del yo va a estar notablemente dirigida por la memoria en buena parte de los escritores que la practican. Es el caso de muchos de los autores tratados aquí: Thomas Bernhard, Philip Roth, Karl Ove Knausgård, Javier Marías, Manuel Vilas. Pero en los últimos años el autor que ha destacado como un constructor sin paragón en la investigación de la memoria para la escritura es Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945), premio Nobel de literatura en 2014 y novelista de larga producción.

La de Modiano es una memoria confusa, que se ambienta en París y se inicia en una época fundacional que el autor es incapaz de recordar: la ocupación alemana de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. En ese período ominoso de la historia francesa es cuando se conocen el padre de Modiano, un judío de origen italiano cuya familia había emigrado a Francia, y la artista belga Luisa Colpeyn. Es más que evidente que la pareja tuvo que esconderse de los ocupantes. En esa tensión fue engendrado el niño Patrick y sus tres primeros libros hablan de la ocupación como el lugar donde se engendra al autor y su mito de origen: El lugar de la estrella (1968), La ronda de noche (1969) y Los bulevares periféricos (1972). Aunque el autor se distanciará en parte de esa temática en sus siguientes trabajos, en muchas ocasiones volverá a ese espacio temporal, mítico para él, dado que inicia una larga etapa en la que el centro de su producción es la familia y donde abundan los relatos autobiográficos. No en vano, hay otro suceso en la vida de Modiano que lo determinará por completo y, por consiguiente, a su obra: la muerte de su hermano Rudy, dos años más joven que él, fallecido en 1957. A él es a quien dedicará toda su producción literaria.

De esta etapa, la de mayor interés para esta serie, destacan Libro de familia (1977), Más allá del olvido (1996) y Un pedigree (2004), y la obsesión por recuperar la elusiva figura paterna, aquel judío siempre inmerso en negocios extraños, con personajes extraños, como al inicio de Recuerdos durmientes (2017), su primera novela después de la consecución del Nobel, recientemente aparecida en castellano en Anagrama, con excelente acogida.

La novela podría considerarse el prototipo de las composiciones de Modiano en su exploración de la memoria familiar. En extrañas circunstancias, el autor, que escribe en primera persona, conoce a una mujer misteriosa y, por los breves rasgos que matiza y las efímeras descripciones, la persona lectora advierte que es atractiva, si bien no queda claro que esa atracción se deba a ese halo misterioso que la envuelve. En Recuerdos durmientes, es Mireille Urúsov, la hija de un enigmático empresario ruso amigo de su padre, quien le lleva hasta la Sra. Hubersen. Entonces aparece el conflicto, que en Modiano siempre es noir o tiene matices noir: un hurto, una fuga, una muerte. Se trasmite muy poca información del hecho, lo que rodea a la trama de enigmas. En este caso se trata de un asesinato. Ludo F., otro opaco personaje de los muchos que pueblan las páginas escritas por el narrador francés, ha aparecido muerto en extrañas circunstancias. Todas las sospechas apuntan hacia la Sra. Hubersen, y es con ella con quien el autor se mantiene en perpetuo contacto hasta el desenlace que, como resulta lógico, no revelaré.

Se trata de textos metarreferenciales donde Modiano reflexiona sobre el proceso de construcción de la memoria: “Intento ordenar los recuerdos. Cada uno es la pieza de un puzle, pero faltan muchos, así que la mayoría se quedan aislados. A veces, consigo juntar tres o cuatro, pero no más. Entonces anoto retazos que vuelven en desorden, listas de nombres o de frases muy breves.” (Recuerdos durmientes, p. 56)

Uno de los elementos que más me gustan de las novelas de la memoria de Modiano son los reencuentros. Aproximadamente en el tercio final de muchas de sus novelas existe un salto en el tiempo. El autor no nos traslada ni al pasado remoto que nos ha contado, ni al presente desde el que escribe, sino a un punto intermedio, en la década de 1990 o 10 años después de los sucesos, como ocurre en Recuerdos durmientes, y mediante un elemento narrativo realmente brillante: la misma maleta que el autor había llevado a su amiga, que vuelve a sus manos 10 años más tarde, en el reencuentro fortuito. En ese espacio temporal intermedio, narrador y personaje tratan de reconstruir una parte de ese relato, sin éxito porque el tiempo ha borrado la memoria y queda el autor solo dispuesto a tener que avanzar hasta el final con apenas unos pocos asideros escondidos en su mente. Esa recuperación de lo vivido desde el yo es el reto literario que Modiano ha resuelto con gran brillantez en la abrumadora extensión de su obra.

viernes, 19 de octubre de 2018

MALAS NOTICIAS DESDE LA ISLA

Efectivamente, ese es el título de mi último libro publicado. Salió el mes pasado, pero son tantas las obligaciones que hasta hoy, con motivo de la nota que Matias Crowder publica sobre la novela en el Diari de Girona, no he podido pasarme por aquí a informarles.

Esta es la portada, para abrir boca:


Y aquí el enlace en el que se puede adquirir.

Espero la disfruten.

martes, 9 de octubre de 2018

FRENESÍ

No dejes que los nubarrones del #otoño te desinflen,

me dices al oído.

Y yo me apremio, jaleado por tus agudos jadeos.

HORAS

Como el agua cristalina que fluye desde el corazón a su final,

las horas

caen una sobre otra por el peso del #otoño, que me vence.

martes, 2 de octubre de 2018

Diarios cotidianos - Nagari Magazine

Diarios cotidianos - Nagari Magazine



Todos los períodos de entre siglos son convulsos, y están plagados de cambios significativos y propuestas sugestivas en el plano artístico. Entre esas últimas tendencias, una de las que más interés me suscitan es la autoría colaborativa. Eso que se ha discutido en las grandes tribunas académicas desde la emergencia de la denominada “inteligencia colectiva” a partir de los trabajos de Jacques Rancière o George Yúdice. Eso que tan cerca está de los recientes movimientos políticos que convulsionan las democracias liberales de la actualidad mediante las redes sociales, twitter, los smartphones y también, desgraciadamente, las compañías de gestión de datos como Cambridge Analytics, que se ponen a los pies del político que más pague —esa sería una actitud nada innovadora y sí muy perenne en los juegos del poder—.

No cabe duda de que la autoría colaborativa es de difícil aplicación en el ámbito literario. La narración escrita suele ser obra de una autora o un autor, una persona, en todo caso, a la que le gusta significar su individualidad desde el surgimiento de la literatura moderna. Sin embargo, en el entorno literario se le está dando cada vez más importancia a las obras amateur. No llegan a alcanzar la consideración de las obras de los escritores profesionales, pero se las tiene en cuenta. Es una tendencia con mucha visibilidad en los estudios literarios pero no tanta en el mercado editorial, donde la marca del autor sigue siendo un seguro para los departamentos de prensa.

Esta tendencia tiene especial fuerza en Francia, donde Philippe Lejeune: escritor y académico, lleva años recopilando autobiografías y diarios personales, y todo aquello que refleje una narrativa de la cotidianidad —esa línea ha tenido notable resonancia en España gracias al riguroso trabajo del académico Manuel Alberca, aunque en el ámbito de la narrativa publicada y no la privada—. Lejeune ha llegado a fundar una asociación para recopilar y proteger ese patrimonio, producido en buena medida por gente corriente, gente de la calle: la Association pour l'autobiographie et le patrimoine autobiographique.

Una de sus discípulas: Françoise Simonet-Tenant, publicó en 2004 un interesante libro que resumía sus investigaciones en el género diarístico: Le Journal Intime: Genre Littéraire et Écriture Ordinaire. El libro pone el énfasis en el hecho de que, aunque autobiografía y diario no suponen el mismo tipo de producción literaria, ambas se complementan y encuentras vías de diálogo. Es más, a partir de la introducción del diario en la autobiografía, Simonet-Tenant afirma que se pueden incorporar las emociones a una relación contemporánea de los hechos (p. 22). Ese es el punto a partir del cual se puede introducir la literatura de todos, pues todo el mundo puede relatar su propia vida, los momentos emotivos, o llevar un diario que le permita registrar su cotidianidad, y puede hacerlo desde la afectividad que generan sus propios recuerdos. Son esas “écritures ordinaires” de las que habla Lejeune. Se trata de un proceso catártico, personal pero compartible.

El libro de Simonet-Tenant realiza un recorrido por la historia de la literatura diarística no solo la escrita en francés, para pasar a diseccionar las partes y las funciones de un diario. Es ahí donde se describen los distintos tipos de diarios posibles. A modo de complemento, en el capítulo siguiente se exponen las distintas categorías de lectores de diarios. Se trata de una sección que toca el tema de los diarios que se publican, la intervención de los editores y la reacción de los lectores. El libro finaliza hablando de la producción diarística de hoy: de la proliferación de diarios y autobiografías entre los escritores contemporáneos, ya sean estas obras autoficticias o no; de la institucionalización de los diarios tanto en los estudios académicos como en la enseñanza de las lenguas; y de las diferentes posibilidades entre, por ejemplo, el diario de una persona adolescente y el de un escritor profesional.

La autora finaliza su trabajo hablando del tour de force entre la experiencia y el lenguaje que supone toda obra diarística. Aunque menciona los diarios colectivos, no entra a valorar el sacrificio que se requiere para, partiendo de los parámetros de la literatura moderna, alcanzar una nueva forma de creación colectiva a partir de los diarios: el de la imaginación. Si bien los diarios pueden ser escritos de una forma tremendamente imaginativa, como muy bien se demuestra en los de Franz Kafka, repletos de esas visiones que después trasladaría a su muy fragmentaria ficción, es cierto que la imaginación se ha convertido en una marca de clase del autor. Aquel escritor que tiene talento produce obras con una imaginación muy particular, muy propia, individualizada. Y no, no es eso lo que se busca en los diarios cotidianos, y eso debería hacernos reflexionar sobre una nueva forma de valorar la imaginación, y sobre los parámetros estéticos que regirían en una literatura de autoría colectiva por venir.