sábado 20 de junio de 2009

CIENCIA Y POLÍTICA EN EL CASO IRANÍ

Es curioso. Mientras escribía mi segunda reflexión sobre el movimiento "Tercera Cultura", estallaba el conflicto político iraní . Y es curioso porque el caso iraní resulta paradójico para plantearse si siempre es cierta la ecuación:

Ciencia = Democracia = Secularismo = Capitalismo = Progreso.

Repasemos el caso a partir de una serie de puntos:
  • Ahmadineyad, hasta el momento vencedor en los comicios, declarado integrista religiosos que niega el Holocausto así como la existencia de homosexualidad en la sociedad iraní (toma ya), no da precisamente la imagen de una persona abierta de mente. Es ingeniero. Está apoyado por las élites militares del país así como los sectores más conservadores del chiísmo.
  • Precisamente, los militares tienen un gran interés en el desarrollo de la energía nuclear con fines militares y civiles. Por esta razón, las élites científcas, al menos las que se dedican a esta rama de la física y la ingeniería, también están de su parte.
  • No podemos considerar que en este caso toda la comunidad científica se alinée con la democracia y el secularismo. De hecho, el poder religioso está muy interesado en el desarrollo del programa nuclear para hacer frente a Israel.
  • Musavi, el candidato derrotado, actual líder de la oposición rebelde, está apoyado por los comerciantes conservadores y los clérigos reformistas.
  • Musavi aboga por una república islámica donde los resultados de los comicios sean transparentes (democracia burguesa). Fue presidente de la Academia de Artes hasta presentarse como candidato. Es arquitecto. Gran parte de la comunidad artística está de su parte. Pretende una república islámica democrática abierta al mundo, especialmente al económico (capitalismo).

No debemos hacer lecturas ingenuas de la situación. Ni todos los científicos de Irán son integristas, ni todos los comerciantes o los miembros de la cultura demócratas acérrimos. Detrás hay una velada lucha por el poder entre los sectores económicos y los militares, cada uno con sus conexiones con distintos grupos religiosos (Jamenei vs. Rafsanyani). Es más, en el ámbito religioso se están jugando mucho más. Si la voluntad de Dios está en la participación popular (república islámica) o en la decisión del líder religioso inspirado por la gracia divina (modelo católico del estilo que le tocó las narices a Galileo). Pero no deja de ser interesante el papel de algunas ramas de la ciencia en esta crisis, sus relaciones con el poder, con el ejército y hasta con la religión.

jueves 18 de junio de 2009

TERCERA CULTURA (II): EL CASO ESPAÑOL

Las tesis de Brockman acerca de la llamada Tercera Cultura han encontrado eco en el contexto español en torno a la Plataforma Cultura 3.0.

Si usted visita la página web de dicha plataforma (http://www.terceracultura.net/tc/), se encontrará con una extraña definición del concepto “cultura” más allá del que aparece en los diccionarios. También podrá leer la simplificada versión con tintes “progresistas” de la plataforma sobre la historia de la cultura, que la divide en tres grandes bloques: el misticismo, la era de los intelectuales literarios y la era de la ciencia.

Ni que decir tiene que una visión tan esquemática contiene errores históricos de peso. Por ejemplo, se sitúa la era de los intelectuales literarios en el siglo XIX, precisamente el siglo en que la ciencia se institucionaliza y se seculariza en la sociedad occidental moderna. También se considera a la ciencia como un saber que no busca verdades absolutas cuando precisamente en el siglo XIX, el saber científico llevó a algunos filósofos a apoyar teorías deterministas que en un principio darían lugar al conocimiento absoluto de la humanidad y derivarían en el marxismo y las ciencias sociales, escuelas teóricas que se pretendían “progresistas” y ajenas a cualquier tipo de superstición cultural, tal como afirma la plataforma 3.0 en su declaración de intenciones.

Me temo que esa visión simplista oculta que en el XIX el afán de posesión de la verdad se podía percibir en cualquiera de los ámbitos de la cultura europea. Era el Zeitgeist del momento. Sólo los fracasos posteriores fueron los que llevaron al relativismo actual.

Me gustaría saber también, donde se ubicaría en este fantástico esquema a Sócrates, a Euclides, a Pascal, a Kant, a la Ilustración en pleno y su proyecto racionalista. El desconocimiento histórico de esta plataforma es descorazonador porque ni un mal alumno salido de la ESO esquematizaría las edades del hombre en la época antigua, el siglo XIX y finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Y ya está. La visión de la ciencia que se utiliza es muy post popperiana, pero no se tiene ni idea de la historia de la ciencia a un nivel profundo.

Estos errores de bulto le hacen pensar a uno que se encuentra ante una plataforma de científicos que no le dan excesiva importancia a los aspectos humanísticos del conocimiento. Pero ¡oh sorpresa! Después se lee que todos los miembros del consejo de redacción son de formación humanista: filósofos, antropólogos, expertos en marketing o en ciencias políticas (que me parece que es lo que se cuece detrás de todo esto, la construcción de un lobby con hermosas palabras como el altruismo o el conocimiento científico pero con intereses claramente políticos). En ese caso, el problema es más grave. Se puede entender que un humanista no entienda al dedillo una compleja teoría científica, o que sea incapaz de describir a la perfección un experimento. Pero obviamente, alguien con estudios de letras no debería errar precisamente en sus razonamientos de carácter humanista.

También es grave el proselitismo del que adolece la web precisamente en un momento en que resurgen los fanatismos. Se llega a afirmar que la plataforma tiene una “misión” que es, cito literal, “propagar la ciencia de vanguardia y los valores seculares en la sociedad.” Lo de la ciencia de vanguardia resulta obvio. No tanto los valores seculares. Esa es la justificación para introducir temas no científicos en el blog como el del bus ateo. Pero, ¿acaso no hay científicos creyentes? ¿Acaso no está separada la ciencia de las creencias religiosas en las sociedades equilibradas? ¿Es esto de la tercera cultura una ideología? ¿Un dogma?

Se puede afirmar que la plataforma 3.0 no se dedica a divulgar un tipo de saber, sino a dar publicidad a una cierto posicionamiento ideológico que poco o nada tiene que ver con la ciencia. A fin de cuentas EEU es el país donde hoy en día se produce más ciencia y no se trata de un país ateo precisamente. El ideario ideológico que defiende la plataforma 3.0 comulga más bien con tesis propiamente europeas y más concretamente afrancesadas (dos siglos después de la Revolución Francesa, no lo olvidemos).

Resulta una reflexión un tanto triste si tenemos en cuenta que hablamos de ciencia, una de las pocas disciplinas humanas donde no era necesario el proselitismo, donde un grupo de científicos, aunque vinieran de distintas ramas del conocimiento o de culturas diferentes se podía poner de acuerdo en Internet, organizar un congreso o crear una sociedad, y allí discutir sus diferencias sin necesidad de convencer a los no interesados en la materia.

Nos encontramos pues, ante un grupo de cientifistas que no de científicos. El fenómeno no es nuevo, ya sucedió en la Francia positivista de entre guerras, donde las vocaciones científicas eran inferiores que las humanistas pese a una defensa acérrima de la ciencia, orgullo de la nación vencedora de la primera gran guerra. Y curiosamente, en el debate de las dos culturas, en el contexto anglosajón, todos los actores y sus predecesores fueron humanista con excepción de Snow. Tampoco Brockman lo es, científico, se entiende.

Precisamente, a esta discusión sobre las dos culturas dedica la plataforma algunos de sus posts más interesantes;

http://www.terceracultura.net/tc/?p=1141
http://www.terceracultura.net/tc/?p=133

Allí sí que se observa el carácter democrático en las opiniones que tanto se menciona en las páginas de la presentación. Se llega a afirmar que la propuesta de Brockmann no soluciona el problema al tratarse de un proyecto unilateral (de fascinación por la ciencia) con argumentos de Sánchez Ron o propuestas de Félix Ovejero. Aunque esa democracia brilla por su ausencia en los comentarios, donde los coordinadores sólo contestan aquellos que les interesan, eludiendo el tan cacareado debate.

En fin, un arma política de doble filo.

domingo 24 de mayo de 2009

EL ASTRONAUTA Y EL LENGUAJE DE LOS DELFINES TERRESTRES



Después de repasar los estudios sobre el complejo lenguaje de los delfines terrestres desde su estación orbital, de retener que los delfines terrestres se comunican, son animales sociales, sufren, sienten, se pelean y hasta se llaman individualmente con nombres propios, el astronauta se mirará las manos, cerrará su visor electrónico de información tras pulsar con su dedo índice en la pantalla, se frotará las manos y comprenderá que el lenguaje no basta (que Wittgenstein no es suficiente), que el desarrollo de la especie sin la técnica, sin aprender a utilizar unas extremidades suficientemente hábiles, hubiera sido imposible. Y recordará a la versión primitiva de Bowman hacer nudos con briznas de hierba entre las páginas de 2001.

miércoles 29 de abril de 2009

AULLIDO

Como el perro que aúlla patético ante el incomprensible sonido de la ambulancia que circula justo a su lado con la sirena encendida, así responde el hombre al inexplicable universo que lo envuelve.

lunes 20 de abril de 2009

TERCERA CULTURA (I): UN ANÁLISIS

La denominada tercera cultura surgió con fuerza a partir de la década de 1990 como una alternativa al pensamiento intelectual, auspiciada por la iniciativa del conocido agente literario, editor científico y promotor de iniciativas que ponían en contacto el arte con la ciencia, John Brockman La idea principal que defiende Brockman es que:

“La tercera cultura está formada por aquellos científicos y otros pensadores del mundo empírico quienes, a través de su trabajo y sus escritos, están ocupando el lugar de los intelectuales tradicionales en tratar de hacer visible el profundo significado de nuestras vidas, redefiniendo quiénes y qué somos.” (traducido de http://www.edge.org/3rd_culture/)

En 1995 Brockman publicaba precisamente, The Third Culture, un libro donde 23 destacados científicos especializados en las ramas más punteras de la ciencia escribían artículos de divulgación. En dicho libro Brockman volvía a insistir en una nueva intelectualidad capitalizada por científicos que relevaría a los hasta entonces intelectuales al uso (buena parte de los postulados de Brockman se pueden leer el la página web de la fundación EDGE, creada por él mismo para promocionar sus ideas http://www.edge.org/).

El libro era la respuesta de Brockman al famoso artículo «The Two Cultures and the Scientific Revolution» de C. P. Snow, físico y novelista que en 1959 ponía sobre la mesa el problema de la separación entre las ciencias y las humanidades (“intelectuales de letras” los definía Snow) en el contexto anglosajón de la guerra fría. La polémica se resumía afirmando que muchos humanistas tendrían serios problemas para explicar la segunda ley de la termodinámica, que sería equivalente a preguntarle a un científico si había leído alguna obra de Shakespeare.

La polémica que provocó la conferencia y el posterior artículo de Snow, tuvo lugar en plena Guerra fría, y la respuesta por parte de los “intelectuales de letras” a la propuesta de Snow fue de rechazo. Lo cierto es que después de la segunda guerra mundial, la perspectiva que muchas personas (no sólo los intelectuales) tenían de la ciencia era bastante negativa (a diferencia de lo que había sucedido en buena parte del siglo XIX y principios del XX). Fenómenos como las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki o el uso de aparatos tecnológicos y saberes científicos en los campos de exterminio nazis habían manchado la imagen altruista de la ciencia. Si a ello añadimos el papel de la física en la carrera armamentística, no es de extrañar que muchos de esos intelectuales se alejaran del paradigma científico. De hecho, cabe relacionar el notable descenso de estudiantes de doctorado de física atómica y nuclear a finales de la década de 1960, con la imagen negativa que la sociedad norteamericana tenía de la ciencia durante la guerra del Vietnam. Lo que demuestra que los productos de la ciencia pueden ser neutros, no así sus usos. Y que las relaciones entre ciencia y poder son algo complejo y difícil de explicar. Aunque de hay a una separación tan extrema como la que denunciaba Snow media un abismo como demostraría posteriormente el fenómeno literario de la ciencia ficción.

En este sentido, no deja de ser curioso que la respuesta de Brockman, identificando a los nuevos intelectuales con los divulgadores científicos, haya tardado 36 años en producirse. Un tiempo cuando menos prudencial si no se tiene en cuenta que la década de 1990 coincide con la caída del bloque comunista, el final de la guerra fría y la libertad de los colectivos científicos para trabajar en campos mucho más pacíficos que los desarrollados hasta entonces. Es la década dorada de la investigación biológica (clonación, neurociencias), y el inicio de la decadencia de la física de partículas y los aceleradores, que sólo se salvan gracias al reenfoque de la física de partículas hacia la astrofísica y el notable interés que temas como la formación del universo despiertan en la opinión pública (véanse las campañas mediáticas que la NASA realiza de todos sus proyectos). Cabe afirmar que estos son mecanismos que utiliza la ciencia para obtener financiación en las sociedades democráticas, donde la divulgación cobra un papel fundamental para convencer al ciudadano de la necesidad de utilizar sus impuestos en favor de una determinada investigación. En este sentido, algunas de las obras de divulgación cumplen esta función que no tiene porque ser peyorativa ni desmerecer los resultados científicos obtenidos, sino que se trata del funcionamiento propio de una sociedad democrática. Pero con ello se desvela el desconocimiento que Brockman y sus acólitos tienen de la actividad científica o, lo que sería mucho más grave, conocen esos mecanismos pero los ocultan con una pátina de universalismo altruista.

CONTINUARÁ

lunes 30 de marzo de 2009

DECISIÓN PERSONAL

Al final es muy pequeño el margen de nuestra decisión personal.

Todo lo que hacemos es intuir que será lo mejor para nosotros. Pero siempre nos hayamos a medio camino entre la carga cultural de las personas con las que hemos crecido y (lo que creemos que son) nuestras aptitudes.

Y son tantas las veces que cometemos un error de apreciación.

lunes 2 de marzo de 2009

EL ASTRONAUTA ANALIZARÁ EL PROGRESO

Sí, así es. Lo hará en su nave camino de la estación espacial donde trabajará durante dos circunvalaciones al Sol.

Consultará su enciclopedia digital en red y observará que el progreso tecnológico ha avanzado invariable con la Humanidad y ha cambiado inexorablemente el entorno del hombre. Sobre el otro progreso, el moral, le será más difícil afirmar su existencia. Sin embargo, después un buen rato contemplando la inmensidad del universo pensará:

"Es cierto. Estamos condenados a repetir nuestros errores, como en la Ilustración, como con el marxismo-leninismo, como con la Revolución Ecologista, o como con el cristianismo, el Islam y hasta el budismo y el confucianismo.

Detrás de cada revolución, de cada programa teórico para mejorar la condición humana, se infiltrarán seres movidos por sus propios intereses que lo corromperán todo, o los mismos agentes del cambio se transformarán y ayudarán a extender la tiranía mientras piensan que extienden la buena nueva. Pero ese es el destino del ser humano, la falsa ilusión por construir un futuro mejor, un progreso moral que enmiende los errores del pasado. Esa ilusión es nuestro verdadero motor moral aunque fracasemos en el intento. La eterna búsqueda infructuosa de la justicia. Ya lo dijo Camus al hablar de Sísifo (aunque antes lo había dicho Platón)."