miércoles, 2 de enero de 2019

Una historia visionaria - Nagari Magazine

Una historia visionaria - Nagari Magazine



Un desagradable desengaño reciente me llevó, por suerte, hasta las páginas de Berlín-Barcelona Kabarett, la primera novela de Juan José Rastrollo (Elche, 1968). Así es la vida, caótica; un mal recuerdo te puede dirigir a una buena experiencia. Tal fue la lectura. Allí me reencontré con la buena literatura, de léxico abundante y sintaxis compleja, articulada en frases como: “De puntillas, volvió al camerino y ahogó el rubor de su desnudez en una bata de seda adamascada que le ofrecía una corista.” (p. 69) También me topé con una proposición literaria que apuesta por la experimentación junto con la inteligibilidad y la documentación rigurosa. Una delicia, créanme.

De todos los recursos del autor, me gustaría destacar ese uso de la experimentación a partir de una estrategia muy sencilla: el diario de notas de Barroso, en el que apunta los temas y los posibles recursos con que enfrentarlos de una forma que juega con la sintaxis, la tipografía y la disposición de la página, como se observa por primera vez en p. 64. También quiero hacer mención a las excelentes reflexiones del buen lector que es Rastrollo (pp. 84-85), que abruma con su erudición literaria, tanto de las tradiciones germánicas como de las hispanas.

El libro narra una historia dantesca, producto del aprendizaje de Rastrollo al lado del poeta y académico José María Micó. Delfín Barroso, un seminarista en ciernes, ve desfallecer su vocación religiosa frente a sus intereses literarios y realiza una escapada relámpago a Berlín. Allí conoce a una hermosa artista de cabaret: Úrsula, y a su novio ruso: Gávril. Con ambos inicia una relación multisexual que le provocará serias dudas identitarias. También comienza el diario que leemos, recopilado por otra voz mediante la técnica del manuscrito encontrado.

Estamos en el verano de 1931; así que Alemania está inmersa en la República de Weimar, contemplando el ascenso endiablado del nacionalsocialismo, y en España acaba de caer la monarquía. Rastrollo, gran conocedor de la cultura de cabaret y amante de aquel Berlín histórico, disecciona esa época con una notable carga de autoconciencia (pp. 146-147) y profusa documentación, apabullante por momentos: todo el malestar sociopolítico de la Alemania de Weimar, y también el ambiente variopinto de los cabarets de aquel Berlín. Pero quizás lo que más impresiona es el retorno de Delfín a Barcelona, son las narraciones de la declaración de la República Catalana por parte de Lluís Companys. Toda esa parte Impresiona por los paralelismos con los hechos vividos en otoño de 2017. Teniendo en cuenta que esta novela gana la IIª Edición del Premio Literario Miguel de Unamuno en el verano del mismo año, oraciones como: “¿Hay algo menos revolucionario que leer al pueblo un discurso ajeno, redactado a vuela pluma desde el balcón de las instituciones?” (p. 137) se antojan reveladoras. Aunque a mi entender, el autor no llegue a resolver la complejidad del conflicto político que plantea, se trata de un relato histórico que se convierte en visionario, y que contrasta con la versión idealizada y mestiza que tiene Barroso de la Ciudad Condal, y que quiero creer que coincide con la mirada del autor. No es otra sino esta:

Disfrazado de figurín, emprendo un camino de perdición a través de un periplo de ramblas que va de la llamada de los Pájaros, a la de las Flores, a la del Liceo, hasta llegar a la de los Capuchinos de Santa Mónica, centro neurálgico del pecado y del tráfago de cuerpos. […] En ella anidan todos los bares, music halls, dancings, cafés-cantante y cabarets golfos de la ciudad. […] Es ése el hábitat de la Barcelona plural y mestiza que me atrae. Ese fruto de intercambios y ósmosis de la clientela bohemia, literaria, burguesa, obrera y canalla. De la convivencia fecunda entre mujeres y hombres llegados de mundos diversos con sus ropas raídas y el orgulloso tizne roñoso de su piel ocupando espacios compartidos, democráticos y plurales (p. 121).

domingo, 2 de diciembre de 2018

MALAS NOTICIAS DESDE LA ISLA EN MEDIUM DE LA MANO DE SALVADOR LUIS

El bueno de Salvador Luis Raggio escribe sobre Malas noticias desde La Isla en Medium.

El hombre de la mirada lúdica - Nagari Magazine

El hombre de la mirada lúdica - Nagari Magazine



En un comentario crítico de la anterior novela del autor: Los últimos días de Roger Lobus, Robert Juan-Cantavella, uno de los dos presentadores de su último libro en Barcelona, en la librería Calders, apuntaba al hecho de que, a la longeva tradición de la literatura del padre, Óscar Gual (Almazora, 1976) incorporaba el humor. Pues bien, el humor sigue siendo una marca de la casa del autor. En este caso, en El hombre de la mirada de piedra (Aristas Martínez, 2018), el humor y la ironía permiten vertebrar escenas de acción que parecen extraídas de un videojuego y que acaban siendo eso, la parodia de unos personajes que pretenden ser héroes frente a la pantalla de televisión con sus mandos respectivos: “Por eso aquí seguimos, suspendidos, sin mover un dedo para no quebrar este frágil y reconfortante equilibrio. Esperando que llegue aquello que no queremos que llegue nunca. Un lienzo costumbrista: familia cualquiera frente al televisor cualquier noche en cualquier salón de cualquier ciudad que no sea esta.” (p. 42)

El autor utiliza, por tanto, una mirada lúdica para desarrollar temas de profundo calado. Lo cierto es que hay mucho de gamificación en el libro. La novela intenta reconstruir la biografía de un extraño personaje: Drákos Vasiliás, aka “El Chema”, aka Josep María Milhomes. Se trata de un tipo que sufre el Síndrome del Savant, lo que le permite traducir la realidad a relaciones matemáticas y, a partir de ahí, convertir sus habilidades en ingentes beneficios para las corporaciones para las que trabaja, como Pareidolia, el gigante financiero. Como no podría ser de otra forma, los orígenes de ese oscuro Drákos tienen lugar en Sierpe, el territorio imaginario en el que se desarrollan todas las novelas del autor. El narrador los cuenta a partir del fulgurante ascenso, las esperpénticas andanzas, de corte nítidamente berlanguiano, pero también mediante los juegos de estrategia y el clásico: El arte de la guerra, para llegar a la posterior desaparición del trepa Milhomes. Esta estrategia no es gratuita, o no solo está diseñada para que el autor vuelva a su territorio imaginario y utilice escenas lúdicas. La trama de Gual nos señala que todo el desmadre que ha tenido lugar en las últimas décadas con la economía no es global más que en sus consecuencias. Tiene unas raíces locales que son las que engendran todo el caos y el dolor posteriores.

El libro está dominado por un argumento de ciencia ficción, el de la capacidad de entender la realidad desde parámetros matemáticos, que casa muy bien con la profesión de informático del autor, y con los juicios socioeconómicos que realiza. Pero es algo más que una novela de ciencia ficción. La caótica investigación en busca de la narrativa que compone la figura de Drákos es más sutil, con la gestión de notables cantidades de datos y fragmentos inconexos, de la que puede llegar a dudar el lector como lo hace el narrador: “ante situaciones imposibles de encajar, para las cuales no tenemos referencias establecidas, pensamos que estamos pasando algo por alto. Porque no disponemos de un relato bajo el cual guarecernos. Cuando puede que sea justo lo contrario. Cuando, quizá, nuestra querencia por la narratividad se haya convertido en un obstáculo.” (p. 210) Gual se está cuestionando la capacidad de narrar. Me recuerda a Joel, el investigador robótico protagonista de la primera novela del autor: Cut & Roll. Sin embargo, a diferencia de esta última, en El hombre de la mirada de piedra lo que prima en el narrador es la necesidad de contar una historia.

lunes, 19 de noviembre de 2018

El diario de las noticias falsas - Nagari Magazine

El diario de las noticias falsas - Nagari Magazine


Las noticias falsas, los noticiarios elaborados a la medida del que los encarga, no son cosa solo de nuestros días ni del ínclito Donald Trump. Forman parte de un hilo de conexiones guadianescas que van apareciendo en la historia cultural. Esa es la realidad que lleva a Luis Alejandro Ordóñez a perseguir una obsesión que le ronda desde que lee una anécdota en El año de la muerte de Ricardo Reis, la novela de José Saramago, y, como buen narrador y buen periodista, necesita saber más de esa historia, como el yonqui necesita cada vez más de la droga que le permite tener un motivo para vivir.

Y Ordóñez se adentra en la anécdota: el New York Times que John D, Rockefeller (1839-1937) se hacía confeccionar cada día, publicado solo con buenas noticias. Y trata de reconstruir la historia, no solo de ese diario de encargo, también de cómo llega la noticia a Portugal con motivo de la muerte del millonario y cómo le alcanza a Saramago, que era un adolescente cuando murió Rockefeller. Y se sumerge en la historia. Y deja volar su imaginación y reconstruye el caso de la recepción de la increíble, la absurda noticia del multimillonario norteamericano que se hace confeccionar tan excéntrica publicación. Y construye una historia que ubica a un joven periodista con ínfulas literarias tras la pista de esa noticia y en competición con las otras cabeceras lisboetas, en un entorno aderezado por Ricardo Reis heterónimo del no mucho antes fallecido Fernando Pessoa, también citado. Y va más allá y se imagina al redactor de esa publicación de encargo, que no puede ser otra cosa sino un escritor, un narrador de historias que por la fortuna de conocer al viejo Rockefeller consigue darle un giro a su destino y dejar su trabajo en la construcción para dedicarse al sustento de la pluma, aunque sea inventando las noticias que transmite a su benefactor a través de ese periódico tan personal, ese diario hecho a medida. Y por eso, ante la noticia de la muerte del viejo Rockefeller, el narrador se imagina a Benjamin, que es el nombre que Ordóñez ha decidido para ese autor desconocido que obró el milagro de transformar las noticias con su inventiva, confeccionando su último ejemplar de encargo, que es el que descubrirá la prensa lisboeta y, más tarde, Saramago e incluso Juan Carlos Onetti o Juan Gabriel Vásquez. Y se entiende que Benjamin quiera entregar su último ejemplar y para ello vaya tras la tumba en la que está enterrado el millonario.

Y todo lo que buenamente les he intentado resumir, lo narra Ordóñez con la prosa directa y efectiva de un buen narrador y un buen periodista: “Al menos la foto era lo suficientemente grande como para mostrar al anciano en toda su dignidad. El hombre que quería vivir 100 años y que regaló casi toda su fortuna a la caridad. Qué mal gusto, no mencionar eso y en cambio tildarlo apenas de «Rey del petróleo»” (p. 52).

A veces el texto crece con la ayuda de internet (p. 110), otras del archivo y, las más, de la imaginación. A través esos tres vectores, hace reflexionar a este lector sobre la naturaleza de las noticias falsas tan de nuestros días, aunque Ordóñez le deje claro que no son solo de estos días, dejándole un buen sabor de boca al finalizar el texto. Así que lean El último New York Times. No les decepcionará.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

La memoria durmiente de Modiano - Suburbano

La memoria durmiente de Modiano - Suburbano



Qué duda cabe que la literatura del yo va a estar notablemente dirigida por la memoria en buena parte de los escritores que la practican. Es el caso de muchos de los autores tratados aquí: Thomas Bernhard, Philip Roth, Karl Ove Knausgård, Javier Marías, Manuel Vilas. Pero en los últimos años el autor que ha destacado como un constructor sin paragón en la investigación de la memoria para la escritura es Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945), premio Nobel de literatura en 2014 y novelista de larga producción.

La de Modiano es una memoria confusa, que se ambienta en París y se inicia en una época fundacional que el autor es incapaz de recordar: la ocupación alemana de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. En ese período ominoso de la historia francesa es cuando se conocen el padre de Modiano, un judío de origen italiano cuya familia había emigrado a Francia, y la artista belga Luisa Colpeyn. Es más que evidente que la pareja tuvo que esconderse de los ocupantes. En esa tensión fue engendrado el niño Patrick y sus tres primeros libros hablan de la ocupación como el lugar donde se engendra al autor y su mito de origen: El lugar de la estrella (1968), La ronda de noche (1969) y Los bulevares periféricos (1972). Aunque el autor se distanciará en parte de esa temática en sus siguientes trabajos, en muchas ocasiones volverá a ese espacio temporal, mítico para él, dado que inicia una larga etapa en la que el centro de su producción es la familia y donde abundan los relatos autobiográficos. No en vano, hay otro suceso en la vida de Modiano que lo determinará por completo y, por consiguiente, a su obra: la muerte de su hermano Rudy, dos años más joven que él, fallecido en 1957. A él es a quien dedicará toda su producción literaria.

De esta etapa, la de mayor interés para esta serie, destacan Libro de familia (1977), Más allá del olvido (1996) y Un pedigree (2004), y la obsesión por recuperar la elusiva figura paterna, aquel judío siempre inmerso en negocios extraños, con personajes extraños, como al inicio de Recuerdos durmientes (2017), su primera novela después de la consecución del Nobel, recientemente aparecida en castellano en Anagrama, con excelente acogida.

La novela podría considerarse el prototipo de las composiciones de Modiano en su exploración de la memoria familiar. En extrañas circunstancias, el autor, que escribe en primera persona, conoce a una mujer misteriosa y, por los breves rasgos que matiza y las efímeras descripciones, la persona lectora advierte que es atractiva, si bien no queda claro que esa atracción se deba a ese halo misterioso que la envuelve. En Recuerdos durmientes, es Mireille Urúsov, la hija de un enigmático empresario ruso amigo de su padre, quien le lleva hasta la Sra. Hubersen. Entonces aparece el conflicto, que en Modiano siempre es noir o tiene matices noir: un hurto, una fuga, una muerte. Se trasmite muy poca información del hecho, lo que rodea a la trama de enigmas. En este caso se trata de un asesinato. Ludo F., otro opaco personaje de los muchos que pueblan las páginas escritas por el narrador francés, ha aparecido muerto en extrañas circunstancias. Todas las sospechas apuntan hacia la Sra. Hubersen, y es con ella con quien el autor se mantiene en perpetuo contacto hasta el desenlace que, como resulta lógico, no revelaré.

Se trata de textos metarreferenciales donde Modiano reflexiona sobre el proceso de construcción de la memoria: “Intento ordenar los recuerdos. Cada uno es la pieza de un puzle, pero faltan muchos, así que la mayoría se quedan aislados. A veces, consigo juntar tres o cuatro, pero no más. Entonces anoto retazos que vuelven en desorden, listas de nombres o de frases muy breves.” (Recuerdos durmientes, p. 56)

Uno de los elementos que más me gustan de las novelas de la memoria de Modiano son los reencuentros. Aproximadamente en el tercio final de muchas de sus novelas existe un salto en el tiempo. El autor no nos traslada ni al pasado remoto que nos ha contado, ni al presente desde el que escribe, sino a un punto intermedio, en la década de 1990 o 10 años después de los sucesos, como ocurre en Recuerdos durmientes, y mediante un elemento narrativo realmente brillante: la misma maleta que el autor había llevado a su amiga, que vuelve a sus manos 10 años más tarde, en el reencuentro fortuito. En ese espacio temporal intermedio, narrador y personaje tratan de reconstruir una parte de ese relato, sin éxito porque el tiempo ha borrado la memoria y queda el autor solo dispuesto a tener que avanzar hasta el final con apenas unos pocos asideros escondidos en su mente. Esa recuperación de lo vivido desde el yo es el reto literario que Modiano ha resuelto con gran brillantez en la abrumadora extensión de su obra.