lunes, 18 de mayo de 2015

Elogio de la brevedad y del sadismo, por este orden - Suburbano

Elogio de la brevedad y del sadismo, por este orden - Suburbano


La primera vez que me enfrenté a la escritura de Salvador Luis, lo hice con la buena guía que suponen los comentarios que Vicente Luis Mora escribió en su blog de El Boomeran(g)sobre Prontuario de los pies y de los zapatos (2012). Ahora me sumerjo en Shogun inflamable (2014), libro de relatos publicado por la editorial Casa Tomada, completamente virgen; y créanme que la experiencia al enfrentarse a esa galería de personajes contemporáneos monstruosos y sádicos es digna de tenerse en cuenta.

Los directores académicos de Salvador Luis siempre recuerdan de él su capacidad para sintetizar en muy poco espacio brillantes ensayos literarios en los que su brevedad nunca era obstáculo para analizar en profundidad todo lo que era digno de mención en el texto. Si esto es una virtud en el mundo académico, donde tanto mediocre se jacta de su verborrea superflua y de juicios manidos, ya ni les digo el placer que supone la brevedad en la ficción. Pues esa concisión se la encuentra de frente el lector en el primer párrafo que lee, el que inaugura el relato “Froilán,anthropophagus”. En apenas veinte líneas se entera uno del entorno físico que rodea al protagonista, de la historia de ese entorno, y de las intenciones con las que nos guiará ese refinado caníbal que es Gaspar Froilán Goyeneche por el texto. La historia tiene apenas tres páginas, y el autor se aplica en concentrarla en ese espacio, lo que no es óbice para que nos regale los juicios que esconden sus intenciones estéticas: “no existe mayor acierto que el de tratar la carne de los otros como si fuese la de uno mismo; en eso se basa lo que con los años he denominado «el arte». Y no hay arte, claro, sin un artista que reconozca «la nueva belleza» y la «nueva conjunción de la belleza»” (14). Así que este “antropófago artista” es la puerta de entrada a un universo estético donde un diálogo de pareja iniciado al más claro estilo de Hemingway (otro maestro de la brevedad), y con doble de por medio, se hibrida con las referencias culturales contemporáneas; donde un experimento pseudo científico con gatos sirve para encontrar los límites de la vida en pareja; o donde una serie de elementos extraídos de las vanguardias históricas, algunos de ellos gráficos, sirven para presentarnos cómo han cambiado los tiempos, pues la conciencia del tiempo que vive está muy presente en el autor.

El espacio que rodea las narraciones, por otro lado, es extraño y, sin embargo, muy eficiente. Parece claro que todo menos algunos recuerdos sucede en EEUU. Pero como ocurre cuando se vive en esos infinitos barrios urbanizados que pueblan los EEUU, todo es un continuo indefinible de espacios solo determinados por menciones a claros referentes como Nueva York.

Aunque la crueldad humana atraviesa de forma transversal todos los relatos—en especial, la crueldad en las relaciones de pareja— de la mano de la exquisitez cultural, dos son los universos que se encuentran en estos cuentos: 1) los elementos fantásticos, de terror o de ciencia ficción con ciertos guiños a Borges (“El Cerebro y El Autómata”); 2) las historias callejeras y sucias (“Territorial Pissings”). Encuentro que podríamos resumir con la frase: “el tipo era un cuadro de costumbres de la era posatómica” (59). Si tenemos en cuenta que se trata de mis dos universos literarios favoritos, y si sumamos las citas explícitas a Love and Rockets, Siouxsie & the Banshees y David Lynch, comprenderán mi entusiasmo por este libro.

Podría extenderme sobre Shogun inflamable páginas enteras, pero un maestro de la brevedad como es Salvador Luis merece concisión, así que aquí concluyo no sin antes advertirles de que no se espanten por esa galería de sádicos que aparecen en las historias del libro; en la dedicatoria de su primera novela, El dios reflectante, Javier Calvo escribe: “la mala gente es la buena gente”. Pues eso.  

lunes, 11 de mayo de 2015

El motín del Hesperia - Nagari Magazine

El motín del Hesperia - Nagari Magazine


Prometí a Gabriel Goldberg, culé como yo, o lo que es lo mismo, seguidor del F. C. Barcelona, escribir una reseña en clave barcelonista de su novela, La mala sangre, publicada en la Argentina por Interzona, aunque escrita desde Miami (o desde el pantano, como afirma repetidas veces el narrador). Y uno encuentra paralelismos entre Daniel Steimberg, narrador y protagonista de la novela, con el actual DT de Barça, pues ambos son ironmen y practican el deporte extremo en sus diversas modalidades, tanto en carrera, como nadando, como andando en bibicleta. Y también lee menciones explícitas de las preferencias deportivas de Daniel, su mujer y sus hijos, todos fanáticos barcelonistas, aunque el narrador, junto con el Barcelona, hincha por Independiente. Sin embargo, si he de ser consecuente con el contenido de la novela deberé remontarme a un famoso episodio de la historia barcelonista: “El motín del Hesperia”.

Hagamos un poco de historia: El 27 de abril de 1988, después de la peor temporada en liga desde 1942, el grueso de los jugadores del Barcelona convoca una rueda de prensa en el hotel Hesperia (propiedad curiosamente del vicepresidente del Barça por entonces: Joan Gaspart), para pedir la dimisión del presidente blaugrana, el carismático Josep Lluis Nuñez. Tras las quejas económicas que subyacen a este hecho (el club quería que los jugadores pagaran a medias los impuestos derivados de los derechos de imagen), subyace una razón más fuerte: el menosprecio por parte de la directiva para con los jugadores. Aquel acontecimiento, que derivaría en la llegada de Johan Cruyf como técnico y las décadas más gloriosas del barcelonismo, también supuso el despido de muchos de aquellos jugadores a final de temporada.

Pues la novela de Goldberg es algo así pero en el plano familiar. Daniel, hijo pequeño, abogado con una maestría en Harvard, asentado en los EEUU y especialmente unido a su padre, descubre que sus hermanos mayores y su cuñado se han hecho cargo de los muchos bienes de la familia —el padre es un prestigioso médico judío con una de las clínicas más avanzadas para su época a su cargo y contactos con las altas instancias del país— a la muerte del padre tras aprovecharse durante años de la enfermedad de Alzheimer que lo ha llevado a la tumba. Han inhabilitado a la madre pese a que esta siga lúcida, la han encerrado en un manicomio. Han ido vendiendo los activos del padre para convertirlos en dinero localizado en paraísos fiscales y han desheredado al resto de los hermanos. Daniel los denuncia y clama por justicia, tanto en los tribunales como en el libro, aunque se trate de una voz narratoria.

Todo esto lo explica el autor en clave diarística, con entradas numeradas e hibridación de temáticas: la familia nuclear, la familia argentina, la práctica deportiva, los problemas con el departamento de inmigración en EEUU, las fantasías sexuales, el psicoanálisis, los recuerdos, la cultura judía. Todo se mezcla, aunque la síntesis final, con documentos reales, está muy conseguida. La mención explícita a La novela luminosa, de Mario Levrero, es clave para entender la apuesta estética del autor. También el proyecto narrativo de Sergio Chejfec por las menciones al pasado y la identidad judía en la Argentina. Eso sí, siempre pensando que Daniel Steimberg está realizando en este libro “El motín del Hesperia” con sus hermanos. Esperemos que tras la catarsis, de aquí salgan décadas de buena literatura, como de aquello surgieron los mejores momentos futbolísticos del Barça.

sábado, 25 de abril de 2015

La novela de Miami pero escrita en Texas por un colombiano - Suburbano

La novela de Miami pero escrita en Texas por un colombiano - Suburbano



En los encuentros literarios que tienen lugar en la ciudad, se está convirtiendo en casi habitual hablar sobre cómo debe ser la literatura en español que se hace en Miami. Sin ir más lejos, en el último encuentro que tuvo lugar en el Hotel Betsy, el festival literario Escribe Aquí, organizado por el hotel y Suburbano Ediciones, y capitaneado por Pedro Medina y Pablo Cartaya, unos cuantos hablamos de ello, yo incluido.

Parece que Miami es un target para los escritores de novela negra que lo hacen en inglés, y también es un buen territorio para la narración de experiencias migratorias para escritores de origen hispano que migraron al inglés. No está claro cuál será el espacio que concederá la ciudad a la literatura escrita en español desde Miami. Apenas estamos empezando a vislumbrar su contorno.

Pues bien, recientemente se ha publicado una novela que a mi entender simboliza el camino que puede seguir la escritura en castellano sobre un espacio tan global, múltiple y bilingüe como es Miami. Curiosamente, el libro no está escrito por un narrador que haya nacido ni viva en Miami, y la acción se desarrolla en distintos escenarios por todo el mundo. Algunos se mencionan, otros no. Eso sí, la editorial que lo publica sí se asienta en Miami. La novela se titula La hora del cheesecake, es obra del colombiano Rubén Varona (Popayán, 1980), que vive en Texas, donde cursó un Máster de Escritura Creativa en El Paso, y ahora está pronto a terminar su doctorado de literatura española en Texas Tech. La editorial que la publica es La Pereza Ediciones. Nos encontramos, por tanto, ante un producto global desde su título, pasando por su creación y hasta su publicación, pero escrito en español.

Se trata de una parodia de novela policiaca en la que Magdalena, una hermosa mujer que ha operado sus pechos con silicona para acometer sus objetivos, con la ayuda de su amiga Camila, no menos guapa y mucho más maquiavélica, reconstruye el rastro del Escocés, el tipo que se llevó a su bebé para venderlo en el mercado negro de recién nacidos. Pero debido a las alianzas que debe hacer en el sórdido mundo del contrabando de personas y materias delicadas, el lector descubre una red que trafica con los huesos del fallecido Jorge Luis Borges por todo el mundo. Todo ello a ritmo de música de salsa, de diálogos y situaciones propios de las telenovelas y de una acción trepidante, incluidas las escenas de sexo. Una novela que mezcla de forma magistral la alta y la baja cultura—el libro me ha recordado mucho a Eduardo Lago en este sentido—, el thriller policíaco y la sátira más corrosiva sin necesidad de hacer uso de los modelos anglosajones sobre el tema aunque unos cuantos de sus escenarios sí sean anglosajones.

Que por qué pienso que este sería un libro que serviría como modelo para tratar la realidad de Miami, se preguntará el lector. Paremos cuenta por un instante de todo lo mencionado en esta reseña hasta el momento: mujeres latinas hermosas, operaciones de cirugía estética, contrabando, música de salsa, telenovelas, clubes nocturnos. Todos elementos que identifican a esta ciudad. Si además, tenemos en cuenta que esta es la ciudad del mundo en la que usted se puede encontrar más parejas hispanoamericanas en donde los miembros son de dos países distintos (eso que en la academia americana suelen llamar Latinoamérica transnacional), y usted lee pasajes del libro como este: 

“—Pos sí, güey, en servicio al cliente, pero pronto voy a ser el gerente de esta chingadera.

 —¿Te puedo decir Güilliancinto? ¿Y para qué me das tu tarjeta?, ¿qué acaso me has visto cara de inversionista? Je, ¿y porque hablas como mexa, si tienes pura pinta de ecuatoriano?

 —Muchas preguntas a la vez. Yo soy Aymara, a mucha honra, nací en Bolivia y aprendía la danza del fuego a orillas del Titicaca. Así, güerita, que si te hace feliz ponerme un apodo, llámame “Latin Fire”, mi fuego latino. Las trompetas de la orquesta resuenan en la tarima; el ritmo va por cuenta de las congas, la armonía por el tres.

 —¡Azúcar –grita William Guillermo al ritmo de la guarachera de Cuba, mueve los hombros de un lado al otro—. ¿A qué viniste pues, güerita? ¡Vamos a sacarle brillo a los zapatos!”

Dígame usted si esta conversación no habría podido suceder en cualquier club de Miami. Un gran acierto de La Pereza que se presentará en junio en Sevilla y Madrid y en agosto en Miami.

jueves, 16 de abril de 2015

MIAMI COMO TERRITORIO LITERARIO

Aquí el texto sobre el que debatimos el pasado 29 de marzo en el Festival Escribe Aquí, organizado por Pedro Medina, de Sub-Urbano y Pablo Cartaya en el Hotel Betsy:


Mi impresión después de vivir dos años aquí era que Miami es un lugar plagado de escritores, escritores que no se conocen o que, si lo hacen, es mediante relaciones cibernéticas mucho más que personalmente en gran parte de los casos. Pese a ello, Miami no es una ciudad lectora, al menos no lo es en español, apenas hay lectores que consuman literatura de cualquier tipo en español (después hablaremos del inglés), como muy bien nos puede corroborar Gloria, la encargada de la sección en español de la librería Books & Books. Y la mayoría de esos escritores que residen en la ciudad tampoco leen literatura hecha en Miami sino literatura hecha en su país de origen las más de las veces.

Superado el primer punto de mi charla, vamos a pasar a la segunda parte, que no es otro cosa que un análisis de la literatura que se produce en Miami sobre Miami, independientemente del idioma en que esté escrita y del origen del escritor. Si para la primera parte de mi charla he contado con su inestimable ayuda, para esta segunda he contado con la inestimable ayuda de la Universidad de Miami, donde trabajo. He traído hoy aquí aquellos títulos que:


  • Están en el fondo de la biblioteca de mi universidad.
  • Pueden ser sacados en préstamo porque no forman parte de alguna de las múltiples colecciones especiales.
  • Constituyen el número justo que no rebasa mis condiciones de préstamo.

Es decir, he sacado en préstamo lo que he podido y he tenido que hacer una preselección posibilista y no necesariamente inspirada en la calidad, porque no podía sacar todos los títulos que quería porque excedía el número de préstamos. Esto quiere decir que no están todos los que son (y algunas de las ausencias van a ser sonadas porque a los bibliotecarios les encanta incluir en colecciones especiales a los libros sonados) pero que al menos sí son todos los que están, de una forma u otra. No se me enfaden si alguno de ustedes no aparece y esperaba hacerlo. Este es un experimento estadístico más que otra cosa. Un experimento que nos puede ofrecer resultados interesantes en torno a Miami como tropo literario en función del lenguaje. Vamos allá.

Empezaremos con los libros escritos en inglés por anglosajones (norteamericanos en su mayoría) en donde Miami tiene un papel importante. En este grupo encontramos:
  • Combat Zone Miami, de Thomas Conners, que es claro hardboiled ya desde la portada.
  • Una autora clásica del policíaco norteamericano: Edna Buchanan, que tiene muchos, pero de la que he seleccionado Miami, It’s Murder, que tiene una curiosa dedicatoria. 
  •  Tenemos también a Barbara Parker, escritora de misterio que murió en 2009 y residente en la ciudad hasta entonces, con Suspicion or Deceit.
  • También a Les Standiford, director del programa de escritura creativa de FIU que tiene una serie de novelas policíacas protagonizadas por John Deal de las que he podido escoger Deal in Ice.
  • Elmer Leonard, conocido escritor de Westerns pero que después se dedicó a la novela negra y a quien he seleccionado por el título latino de su novela: Pronto, una historia de la mafia italiana en este caso, ubicada en Miami. Falleció en 2013 pero, que yo sepa, y esto es un dato importante, no residió en Miami.
  • Miami Purity, the Vicki Hendricks, que no nació en Florida pero sí vive aquí. Una novela que mezcla el noir con el erotismo.
  • Miami Blues, de Charles Willeford, maestro del hardboiled fallecido hace años. Hay serie de TV.
  • Blood of Biscayne Bay, de Brett Halliday, seudónimo de Davis Dresser, autor de novelas de misterio.
  • Men in Miami Hotels, de Charlie Smith, prestigioso poeta, ganador del Agha Kahn Prize for Fiction, pero que en esta novela habla, cómo no, de gángsters en Miami.
  • Atención al título: Mambo Peligroso, de Patricia Chao. Y atención también a la dedicatoria, a la estructura, que se explica al principio y a la cita inicial. Un libro que homenajea la música cubana pero está escrito en inglés, y es el único de esta categoría que no resulta ser novela negra. Habla de Miami pero también de NY y de otros escenarios norteamericanos relacionados con la música cubana.
  • He dejado casi para el final a Dexter, de Jeff Lindsay, que antes de saltar a la pantalla empezó en libro y es uno de los personajes contemporáneos que más se asocia con la ciudad.
  • El muy conocido Back to Blood de Tom Wolfe. ¿Qué le hace a un autor como él escribir una novela sobre Miami y que esta sea policíaca? ¿Se lo han preguntado?
  • Y acabo esta parte con dos libros del maestro Russell Banks, que sé que están entre los favoritos de Pedro Medina: Lost Memory of Skin y Continental Drift, que según Pedro es la gran novela de Miami.
En definitiva, si se dan cuenta, en el ámbito anglosajón casi todo lo que se ha escrito sobre Miami está relacionado con el policíaco, el misterio, el suspense, el hardboiled, o como lo quieran llamar, hasta el punto que algunos de los creadores de famosas series de este género le dedican un volumen a la ciudad, o que autores prestigiosos enfocan sus trabajos desde esta perspectiva. Esto se debe en buena medida a la visión que el público anglosajón tiene de la historia de la ciudad. Una ciudad que en los años 1940 y 1950 se convirtió en el lugar donde se jubilaban los gángsters, y que después, con todo el tema del narcotráfico (los colombianos, los cubanos) y la violencia de los 80, que se retrataba en series como Miami Vice, que reinventó la ciudad, y posteriormente en CSI Miami y Dexter, se convirtió en un lugar común de este tipo de literatura aunque la ciudad haya cambiado mucho. Por tanto Miami, en la literatura norteamericana de género en inglés, es ya un territorio.

Pasemos ahora a los libros escritos en inglés por autores de origen español:

  • Jack Craig P.I. The Colombian Affair, de Joseph I. Dixson, que, aunque no lo parezca por su nombre, nació en España y llegó a los EEUU a través de Cuba aunque mucho antes que la revolución cubana. Es un policíaco pese a que por la foto el autor parece El Gran Gatsby.
  • Bloody Shame, de Carolina Garcia-Aguilera. Atención a la dedicatoria, muy propia del exilio cubano en Miami. El libro forma parte de la serie Lupe Soriano y es un policíaco.
  • The Lady From Buenos Aires, de John Lantigua, reputado periodista de origen hispano que ha trabajado para el Washington Post, el Herald y el Palm Beach Post que está especializado en temas migratorios. Se trata de una novela de misterio.
  • Comrades in Miami, cuarta novela en inglés de José Latour, un prolífico autor cubano de novela negra que empezó escribiendo en castellano, como veremos en la siguiente selección.
  • Cristina Garcia con The Agüero Sisters, aunque ya en Dreaming in Cuban aparecía Miami. Ya conocen a Cristina, literatura intimista con recursos propios de la tradición latinoamericana pero escrita en inglés.
  • In Cuba I Was a German Shepherd, de Ana Menéndez, periodista de Herald y del New York Times. Este libro de relatos tuvo atención en los medios (Notable Book of the Year en el NYT). Trata sobre la cubanidad y la inmigración.
  • How to Leave Hialeah, de Jennine Capó Crucet, cubanamericana nacida en Miami. Libro de relatos sobre la vida de la clase trabajadora de Hialeah.
  • Vida, de Patricia Engel, de origen Colombiano, creció en New Jersey estudió en NY, pero su MFA lo hizo en FIU en inglés y ahora vive en Miami. Recomendada por Junot Díaz. Es un libro de relatos que trata la experiencia migratoria y retrata los paisajes de NJ, NY, Miami y Bogotá.
  • Y para finalizar esta sección, los dos libros de mi tocayo Carlos Eire: Waiting for Snow in Havana: Confessions of a Cuban Boy y Learning to Die in Miami: Confessions of a Refugee Boy. Eire es una figura del exilio cubano, llego a los EEUU con 11 años y es profesor de historia en Yale, además de ser National Book Award por el primero de los libros mencionados. Ambos libros son testimoniales. Lo que aquí se considera non-fiction.
Aquí encontramos un equilibrio. Hay novelas policíacas de autores hispanos escritas en inglés con Miami como escenario. Pero también hay mucho de novela testimonial con experiencias migratorias en Miami. Lo interesante de este segundo caso es preguntarse por qué narran en inglés. ¿Hay un público interesado en este tipo de relato en inglés? Teniendo en cuenta que muchos de estos autores nacieron o se criaron en los EEUU, la educación only English tiene muchas de esas respuestas. Pero también es interesante ver cómo algunos de esos autores residen en Miami pero crecieron en otras partes de los EEUU, como si Miami les acabara atrayendo por su idiosincrasia aunque escriban en inglés. En este caso descubrimos un nuevo territorio dirigido a otra clase de público.

Acabemos con los libros que he encontrado de autores hispanos hablando de Miami en español, que me parece que es la lista que más les interesa:

  • Aquí encontramos a Bruno Latour de nuevo, esta vez escribiendo noir en castellano: Mundos sucios.
  • Milagro en Miami, de la muy premiada autora cubana Zoé Valdes. Curiosamente, aunque ha trabajado otros géneros y otros registros, escribe un policíaco.
  • Miami, la Casablanca del Caribe, una novela en clave satírica de la ciudad escrita por Manuel Penabaz.
  • Una novela de CF: El elegido, de Óscar F. Ortiz, autor también de El primer detective del exilio cubano.
  • José El Cubanazo, de Nicolás E. Chávez Mandeley, una novela sobre el exilio cubano. No es policíaca.
  • En una línea parecida Cartas son cartas, de Zilia L. Laje, exiliada cubana residente en Miami desde 1961.
  • Jaime Bayly, el escritor y presentador de TV peruano que conoce muy bien el territorio miamense. He traído El canalla sentimental pero también encontramos a Miami en No se lo digas a nadie. Ya saben: provocación, humor y controversia.
  • Un relato que, curiosamente, no he encontrado en castellano del prestigioso escritor cubano René Vázquez Díaz: “De Pronto el Doctor Leal”. Un cuento sobre el exilio cubano y Miami con el que el autor ganó el Premio Juan Rulfo Radio Francia Internacional, pero que aquí es difícil de encontrar en castellano.
  • El círculo del alacrán, de Luis Zalamea, escritor colombiano bilingüe residente en Miami desde 1967. Atención a lo que dice el propio autor sobre la novela (contra).
Resulta muy curioso ver que se trata de la lista más corta, podría añadir aquí las novelas de Gabriel Goldberg, de Hernán Vera y la recién publicada de Pedro Medina, Lado B, o la que se va a publicar de Camilo, pero no están en la biblioteca de la UM, por cuanto no han entrado en mis criterios de búsqueda. Pero también es curioso observar que es la lista más variada en cuanto a género, incluso de los autores que he mencionado. No encontramos un género muy definido en estas novelas. No hay ni la división clara que existe en la lista de hispanos que escriben en inglés. Así que ese territorio y su género están aún por definir. Lo que sí encontré es la queja sobre el desierto cultural que supone Miami para los hispanos. Pero dado el caso anglosajón, y que aquí residen algunos escritores anglosajones muy prestigiosos que no nacieron acá (Elroy, Irvine Welsh), además de que muchos escritores hispanos que escriben en inglés, e incluso varios haitianos decidieron venir a vivir aquí, me pregunto si el desierto solo existe en las letras hispanas y sí, por suerte, esto está cambiando,

viernes, 3 de abril de 2015

Un camino irreversible-Nagari Magazine

Un camino irreversible-Nagari Magazine


El andamiaje que se construye en torno a una sociedad castigada por el terrorismo, aunque este sea producto de una reivindicación política, es un espacio idóneo para la creación. En el caso español, el terrorismo de ETA, que tanto azotó a su Estado en las décadas de 1970 y 1980, ha inspirado en España excelentes películas de cine como El pico, Días contados o Salto al vacío, todas ellas con tramas que hibridan la violencia y el terrorismo con las drogas y las mafias. También en el ámbito de la literatura ha dado frutos. En concreto, La fiesta del asno, una obra mayúscula de Juan Francisco Ferré que prologó Juan Goytisolo, en donde a partir de la suspensión del realismo, la parodia y la imaginación, el autor hace un ejercicio magistral de la problemática del terrorismo con tintes nacionalistas. Una muestra de todo el potencial de un autor que deslumbraría años más tarde con la novela Karnaval, premio Herralde de novela en 2012.
                Ha llegado a mis manos otra novela sobre el terrorismo de ETA, pero que tiene más en común con las películas antes mencionadas que con el libro de Ferré. Está escrita en clave de thriller, en un entorno global que se cuestiona la relación entre la lucha armada y la ideología, con un ajuste de cuentas de por medio que el lector debe desentrañar a partir de texto. Se trata de Luz de los muertos, de María José Rivera (La Pereza Ediciones). La novela se inicia con el asesinato de tres antiguos terroristas de ETA que viven escondidos en un recóndito lugar de la República Dominicana. El lector conoce pronto al asesino: Antonio Zarco. Pero descubrimos que tiene otro nombre, que es Elkin, y que apenas conocemos de su vida más allá de que vive en Cubillo, un pueblo de la provincia de Segovia, aunque haya nacido en algún lugar de Latinoamérica, como a veces denota por acento y el trato de sus vecinos. Aunque lo que menos conocemos son las razones de sus actos que, como es lógico, no revelaré aquí.
Un trabajador de la empresa Melvin obsesionado por los temas relacionados con el terrorismo (hasta el punto de que el narrador siempre nos recuerda sus problemas con la “obsesionina”) que aterriza en la República Dominica por motivos de trabajo, Pedro de la Serna, es quien nos ayudará a descubrirlo todo, pues con motivo de ese viaje empieza a investigar los asesinatos. A partir de aquí se alternan los puntos de vista de Elkin y Pedro con un mismo narrador para que, mediante esas miradas contrapuestas, el lector descubra el pasado terrorista de Elkin, y que la razón de tanta sangre está en un proyecto compartido entre guerrilleros vascos y guerrilleros colombianos por intentar construir un mundo mejor que acabó truncándose en tragedia por culpa de la corrupción, la comodidad y el dinero del narcotráfico. Desgraciadamente, las mentiras y el autoengaño que contaminan todas nuestras ilusiones lo hacen también en la cabeza de aquellos jóvenes idealistas, hasta el punto que también se ven salpicados por la violencia, con la diferencia de que las armas llevan siempre a un camino irreversible.
                En una novela sobria y matizada, la autora nos enfrenta al rastro que siempre deja esa violencia en nuestra sociedad, un rastro imborrable como se observa en el caso de Elkin, con el añadido de que muchas veces somos las personas normales, en la figura de Pedro, esa suerte de investigador accidental, o de su novia: Paloma, los que sufrimos esa violencia sin tener el derecho a conocer la verdad, como se trasluce al final del libro.