sábado, 12 de abril de 2014

DEMOS UNA OPORTUNIDAD A LA FICCIÓN


El libro de Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco, pretende describir, de una forma testimonial, los sucesos acaecidos en torno a la Plaza de las Tres Culturas, en el zócalo de México, el año 1968. Aquel año y en aquel lugar murieron al menos una centena de estudiantes bajo el fuego de la policía y el ejército, que pretendían reprimir a los manifestantes.

El texto de Poniatowska, un relato periodístico con una estructura arriesga y excelente, consigue dar voz a las distintas sensibilidades que se organizaron en torno a esos sucesos: los estudiantes, sus familiares, los obreros, los vecinos, las gentes que directamente se quejaban de los estudiantes... No acaba de esclarecer unos hechos que aún hoy se desconocen. Pero si muestra una perspectiva de la sociedad mexicana del momento y las sensibilidades y debilidades de los colectivos que estuvieron implicados en el suceso. Sin embargo, como todo testimonio, por momentos resulta sesgado o parcial, entre otras cosas, porque la autora no va a poder recoger el testimonio de todo el mundo aunque lo intente.

A raíz de las críticas vertidas en torno a la posible falsedad del testimonio de Rigoberta Menchú, este género se encuentra hoy en día en una sospecha permanente en Latinoamérica. Es por eso que no entiendo por qué no se le da una oportunidad a la ficción para narrar este tipo de atmósferas. Es cierto que la ficción también se encuentra en una sospecha permanente. Pero cuenta con mayores recursos estilísticos.

Es muy curioso que una de las anécdotas que más se comentan en el texto de Poniatowska, la que narra el encierro de una estudiante mexicana en los lavabos del campus de la UNAM y su posterior supervivencia durante quice días, aterrorizada por la invasión militar de dicho campus, sea el punto de partida de la novela Amuleto, de Roberto Bolaño, y también aparezca mencionado en su magna obra, Los detectives salvajes. En ambas, pero especialmente en Amuleto. la uruguaya Auxilio Lacouture se dedica a narrar el espíritu y los acontecimientos que tuvieron lugar en 1968 en México. Dado el profundo mensaje simbólico del relato de Bolaño, y el hecho de que con una obra ficticia y en muchos momentos surrealista, el autor captura el espíritu de la sociedad mexicana de la época, uno se convence de que hay que darle una oportunidad a la ficción para comprender el mundo.



sábado, 5 de abril de 2014

ISSUU - OBITUARIO #13 by Obituario Magazine

ISSUU - OBITUARIO #13 by Obituario Magazine


En recuerdo a Kurt Cobain, donde encontraréis un relato dedicado a mi amigo Toni Campos por su novela: Prefiero arder. Es el que sigue.




LA MÁQUINA DE CAPTACIÓN SONORA DE ALMAS

Era la última parada en mi largo viaje. Cualquiera que se imaginara las razones de mi visita estaba equivocado. Yo venía en busca del alma del personaje. Algo que a los medios y al público parecía tenerlos sin cuidado. Algo que me había hecho detenerme en mi búsqueda por muchos años,  dejándolo a él en la última estación. La que ahora por fin visitaba. Se lo debía a Toni Campos, que se había dejado los cuernos en una novela para poder plasmar el sentimiento que entre sus contemporáneos había inspirado aquel muchacho mal peinado.


Las canciones son sobre conflictos en las relaciones, situaciones emotivas entre seres humanos.


Me dirigí silencioso hacia la habitación del motel que había reservado para la ocasión. Extrañamente, no se oían las distorsiones que habían hecho famosa a la ciudad en todo el mundo. Allí, en mi  deprimente habitáculo, imagine su cotidianidad antes de la fama mientras desenvolvía mi preciado tesoro de la maleta: LA MÁQUINA SONORA DE CAPTACIÓN DE ALMAS. Difícil iba a ser conseguir algún rastro de un tipo que había fallecido hacía una década. Pero tenía que intentarlo. Así que al día siguiente me levanté temprano y me fui a charlar con mi contacto. Se trataba nada menos que de Krist Novoselic.

—No creo que pueda serle muy útil –me dijo mientras ambos tomábamos café con huevos y bacon en la barra de un bar cercano a la antigua vivienda de mi objetivo.— Hace ya mucho tiempo y apenas si recuerdo cosas. Tan solo me queda esto.

Y en un lento movimiento arrastró algo extraño sobre la barra. Se trataba de una cosa tan inusual en estos tiempos como una cinta magnetofónica. Uno de esos artilugios desfasados con que los jóvenes escuchaban música allá en los noventa. Pero era algo más: la última maqueta que grabó Nirvana por puro entretenimiento.

Recuerdo sentirme avergonzado por alguna razón. Estaba avergonzado de mis padres. No podía mirar a la cara a algunos de mis amigos porque necesitaba desesperadamente tener la clásica familia: Madre, padre. Necesitaba esa seguridad, por lo que estuve resentido con mis padres por unos cuantos años a causa de eso.


Ni que decir tiene que salí corriendo hacia la habitación del motel después de despedirme apresurado de Novoselic. Tenía que probar mi MÁQUINA con ese artilugio auditivo, esa maqueta. Recuerdo que instalé toda la parafernalia que acompaña a la captación sonora sobre la cama del motel. Iluso de mí. Resultó un fracaso. No sabía que esas cintas magnetofónicas se llamaban así porque requerían de  algo llamado magnetófono. Un aparato tan complejo que necesitaba de un motor para hacer girar la verdadera cinta que se escondía dentro de la mal denominada cinta magnetofónica, y después  traducirla a sonidos a través de las señas magnéticas impresas en el artilugio.

Sabía que era diferente. Pensé que podía ser gay o algo así porque no me podía identificar con  ningún tío. A ninguno de ellos les gustaba el arte o la música, solo les gustaba pelear y follar. Esto fue hace muchos años pero me proporcionó este verdadero odio por el macho americano medio.


Tardé semanas en encontrar un aparato parecido. Ya me dirán. En Seattle esas cosas ya no están a la venta. Todo son mecanismos de la manzana o sus rivales para escuchar música como el que hace surf en la playa, de una forma suave y soft. Por suerte, dos días antes de mi vuelo de regreso encontré algo parecido en una tienda de artículos de segunda mano. Walkman me dijo el vendedor que lo habían llamado sus fabricantes. Me pareció una solemne estupidez ponerle el hombre que camina a un aparato que sirve para escuchar música. Para colmo, funcionaba con pilas antiguas.


Soy un tipo más feliz de lo que mucha gente piensa que soy.


El caso es que yo mismo me puse a caminar por la habitación del motel mientras probaba la cinta en el aparato. Estaba nervioso por lo que aquel objeto me pudiera revelar. Resultó un desastre. Aquel día descubrí que estaba empezando a quedarme sordo. Pero lo peor fue que nunca se me ocurrió  consultar el display de la MÁQUINA SONORA DE CAPTACIÓN DE ALMAS.

martes, 1 de abril de 2014

ENLACES ENTRE LA LITERATURA Y EL CINE. Carlos Gámez Pérez | Nagari

ENLACES ENTRE LA LITERATURA Y EL CINE. Carlos Gámez Pérez | Nagari





Hace unos meses tuve la grata sorpresa de conocer la obra cinematográfica de Miguel Coyula gracias a la película Memorias del Desarrollo, todo un regalo para los sentidos en donde el director cubano nos deleita con un nuevo lenguaje cinematográfico: una mezcla entre el collage, la novela gráfica, la narración con voz en off en primera persona y el plano cinematográfico.


Parece que también se trata de un creador enlazado, porque el pasado 1 de marzo tuve la satisfacción de asistir a la presentación de su primera novela, gentileza de La Pereza Ediciones, un sello literario ubicado en Miami que desde aquí les recomiendo porque sustenta una arriesgada apuesta por la calidad literaria en castellano. Así que dado ese prestigio y tras oír de boca del autor su interés por la ciencia ficción, el anime japonés y la independencia creativa, comprenderán que me sobraban las razones para leer el libro del que hoy les voy a hablar: Mar Rojo, Mal Azul.

En honor a la verdad, cabe decir que el texto se inicia de forma titubeante y se cierra con un final cogido un tanto por los pelos, sobre todo en lo que concierne a la acción. Sin embargo, es en medio donde el lector se encuentra a un cineasta que también resulta ser un sólido escritor que profundiza hasta el extremo en la psique de sus personajes y que trabaja con materiales heterogéneos como se observa en la construcción del personaje de Marina, aunque aquí lo hace desde las estrategias literarias. Dado que Coyula se considera un autor deconstructivista que reniega de la trama, esto debería considerarse como un piropo.

Por otra parte, el diálogo con el lenguaje cinematográfico es más que evidente, y el peso de la cámara como objeto, fundamental en la narración. Se incluye incluso un manifiesto de la metodología cinematográfica del autor en la página 97. Y el narrador inicial, que luego cambia por razones que, como comprenderán, no les expondré aquí para evitar el spoiler, es Miguel, el propio director provisto de una cámara. Sin embargo, no se confundan. Cuando Coyula hace cine es director, cuando escribe es narrador. Así, la novela, generacional aunque con matices propios de la ciencia ficción de la que se hace un uso suave pero causal, se sustenta en los diálogos, mientras que las películas de Coyula son de corte conceptual. Cabe recordar que nos encontramos ante un lector, pues Memorias del desarrollo es la adaptación cinematográfica de la novela homónima, y no la continuación de Memorias del subdesarrollo. Y que tiene muy claras las conexiones entre cine y literatura pero también sus diferencias, como se observa en el texto que Miguel, el narrador, le entrega a Remy en la página 84 para definir al personaje, y que es más literario que cinematográfico. En este sentido, la novela, en vez de recordarme a una infinidad de referencias del mundo cinematográfico, lo ha hecho a “Las babas del diablo”, el relato también cinematográfico de Cortázar que inspiró a Blow Up, de Antognioni. Y curiosamente me ha traído a la memoria mucho más el manga japonés que el anime que reivindica el autor (“Los animados japoneses fueron mi primera escuela de cine” p. 100). En especial cuando los eventos inspirados en ciencia ficción, como la lluvia ácida, devienen en la narración como elementos cotidianos, tal como se observa en muchos cómics del género; y a la figura de Iván y sus aptitudes geniales que le hacen rememorar a uno Akira, (que antes que anime fue manga). Supongo que esa tensión entre la literatura y el cine está presente en toda la novela y le hace a uno decantarse por un bando u otro en función de su bagaje cultural. En el texto aparecen también los elementos gráficos, dado que Coyula ha compuesto sus propios cómics y echa mano de eso (ya les dije al principio que se trata de un autor enlazado, no iba en broma).

Por lo que respecta a lo científico, la fantasía y otros elementos en el relato, en algunos momentos se antoja naíf, pues si bien tienen un papel en el desenlace de los acontecimientos, no parece que los descubrimientos y las teorías que se proponen afecten a la vida de los personajes más que otros elementos de la narración, como la cámara de cine o los recuerdos de la infancia. No encontrarán por tanto, referencias a ideas de progreso y otros discursos propios de la ciencia ficción en el pasado pero que a mi entender, y en esto coincido con Coyula, han dejado de ser productivos para la literatura prospectiva. En este sentido, la ciencia ficción aparece como un referente cultural del narrador más que como un motor de la narración. Una apuesta estética, en este caso poshumanista, además de una excusa que permite expresar lo que realmente importa en una novela generacional: la decadencia de una juventud que se desvanece, como queda retratado en la página 59 y como se observa más adelante en una crítica feroz a su generación, abducida en el mal sentido por las modas efímeras.

En definitiva, primer contacto con una narrativa cubana que bebe del cine y la ciencia ficción, influencia rica y diferente en la isla al resto de Latinoamérica por el peso de los autores rusos que tanto gustaban a Bolaño, e inmersión en el germen narrativo de un artesano de la creación que afirma: “Nada más aspiro a dirigir una pequeña orquesta”. A fe que en esta primera novela lo ha conseguido.

sábado, 29 de marzo de 2014

INSPIRACIÈNCIA: EL CONCURS + LES XERRADES

Tinc el plaer d'anunciar la convocatòria del concurs INSPIRACIÈNCIA, un concurs de relats curts inspirats en temàtica científica convocat pel CSIC i amb premis molt suggerents. El concurs està recolzat per una sèrie de conferències a tot l'Estat Espanyol i jo participo a una de les xerrades que tindran lloc a Barcelona, a la biblioteca Sagrada Família. Aquest és el programa per a Barcelona: