lunes, 21 de julio de 2014

¿Una nueva fantasía latina?

¿Una nueva fantasía latina?


El los últimos tiempos ha tenido lugar en los Estados Unidos un curioso fenómeno. La emergencia de una literatura donde el género fantástico tiene un peso importante. Pero que trata no de construir un mundo imaginario alternativo sino de describir la realidad desde lo fantástico. Bebe, como es evidente, del realismo mágico latinoamericano, aunque no solo. También, y mucho, de la cultura pop anglosajona. Tiene notables paralelismos con lo que Javier Calvo ha dado en llamar nueva literatura extraña (influida por el new weird anglosajón) por el uso ecléctico que se hace de los géneros, y con la reciente influencia de la ciencia ficción en la literatura iberoamericana. Curiosamente, está escrita en inglés, porque se trata de autores que, pese a que nacieran en países hispanos, acabaron formándose en los Estados Unidos, y terminaron adquiriendo un conocimiento y un nivel literario en ese país y lo hicieron, evidentemente, en inglés.
A mi entender, este fenómeno lo ejemplifican dos novelas: La maravillosa vida breve de Óscar Wao (The Brief Wondrous Life of Oscar Wao), de Junot Díaz y La gente de papel (The People of Paper), de Salvador Plasencia. Ya he hablado en otra ocasión de la novela de Díaz, premio Pulitzer en 2008, y de su inteligente combinación de elementos fantásticos propios de la cultura pop, como El señor de los anillos, con la tradición latinoamericana de la literatura de dictadores. Hoy quiero hacerlo de La gente de papel, una novela que se publicó en 2005 pero que en palabras del académico Ramón Saldívar representa la institucionalización de las letras chicanas, en lo que Mark McGurl ha denominado “the Program Era” de la literatura norteamericana.
Se trata de una obra que relata la vida de los inmigrantes mexicanos en California. Solo que lo hace en clave onírica y lo que en el pasado se expresaba a través del realismo sucio o el relato autobiográfico, como las peleas de bandas callejeras de Los Angeles o la drogadicción, en el caso de Plasencia se expresa como un enfentamiento de Federico de la Fe, emigrado mexicano y líder espiritual de la banda EMF, contra Saturno; o mediante la figura simbólica de las abejas como jeringuillas. Precisamente, es el pasaje en el que uno de los miembros de la banda pretende asesinar a Saturno, que resulta ser el propio narrador del texto, la característica que más destaca Saldívar en su artículo. De esta forma, el lector descubre que la intención de Federico de la Fe no es otra que la de preservar su intimidad frente a un narrador que se inmiscuye en las vidas de los demás. La batalla onírica entre los gangs de barrio y el supuesto astro acaba por cristalizar. El recurso ha permitido hasta ese punto construir un mundo extraño como el que habita de la Fe, mucho más que describir la realidad. Pero sobre todo, cuestiona la figura del narrador como la persona que se entromete en los fracasos de los demás sin tener en cuenta su propio fracaso, también sentimental, como el de la mayoría de sus personajes. Ese es el papel de Saturno en un mundo plagado de personas precisamente de papel.
El hecho de utilizar un recurso onírico para describir lo real entronca el libro con la ya mencionada tradición del realismo mágico, mucho más permeable a la hora de combinar lo real y lo maravilloso que la literatura anglosajona, proclive a llevar hasta el límite la separación entre real y fantástico descrita por Todorov en Introducción a la literatura fantástica.
También resulta destacable el uso de la experimentación tipográfica que contiene el texto: de los capítulos en que se divide la página en columnas para dar voz a cada uno de los personajes que aparecen, hasta los dibujos y espacios en blanco, pasando por esas manchas negras que tapan a posta el texto por culpa de los poderes mentales del personaje de Baby Nostradamus. Esa presencia de lo experimental vuelve a conectar el texto con lo weird según las características que enumera Calvo.
Sin embargo, la mirada crítica desde la inmigración mexicana que subyace en la novela de Plasencia, que también está presente en el libro de Díaz, en este caso para con los inmigrantes dominicano-americanos, hace que se trate de una tendencia literaria matizada, pues lo social está mucho más presente que en otras literaturas “extrañas” (no en la de China Miéville, desde luego, donde también encontramos crítica política en abundancia). Lo que no deja de ser curioso es que en un momento en que la sociedad latinoamericana está inmersa en un proceso de urbanización y desarrollo económico, y su literatura reniega en parte de la herencia del boom, este resurja en los Estados Unidos, en inglés, a través de un diálogo con la cultura pop y de la mano de escritores que llegaron siendo inmigrantes al país. El realismo siempre se ha sustentado en dos pilares desde su fundación. Uno es el del espíritu de su tiempo, y en los inicios del realismo mucha gente confiaba en que en breve se podría conocer todo del mundo que nos rodeaba, no solo los escritores y sus narradores. Fue lo que se dio en llamar determinismo. El otro fue la visibilidad social para lograr agencia de colectivos en principio desfavorecidos. Es lo que hace que los débiles siempre sean buenos en novelas como Los miserables. El primero de los pilares está más que desmontado en este mundo posthumano y cuántico que vivimos. Vistos los desmanes provocados por los que accedieron al poder desde el inicio del realismo, cabría plantearse desmantelar el segundo pilar. En especial porque, tal como afirmara Roberto Bolaño en Entre paréntesis, la visibilidad y respetabilidad que esta estrategia da a ciertos escritores es lo que impide una mayor trasgresión, valentía y experimentación en las artes. En este sentido, no podemos más que felicitarnos de fenómenos como el new weird, la nueva narrativa extraña, la nueva ciencia ficción iberoamericana o las novelas de Díaz y Plasencia. Parece como si una tradición oculta de resistencia, mucho más que de agencia social, en la que lo real se entremezcla con los fantástico, se fuera trasladando por el globo y fuese mutando de situación geográfica e idioma –que no de lenguaje— desde tiempos inmemoriales.

lunes, 14 de julio de 2014

EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS


Ese es el maravilloso título de la traducción del manuscrito Il Milione, que narra los míticos viajes de Marco Polo, escrito por el amanuense Rustichello de Pisa a partir del relato oral de Polo en la cárcel. 

En el texto se describen no solo los famosos viajes del mercader italiano a tierras consideradas por aquel entonces como extrañas y exóticas para el europeo medio, sino también las reflexiones de un diplomático en ciernes en torno a la corte del emperador mongol Cublai Kahn y sus avatares políticos y militares.

Más allá de la importancia que el libro va a tener en el futuro de la cultura europea, no solo en la perspectiva geográfica y política de un mundo a explorar en los siglos venideros, sino también en la literatura de viajes que está por venir, a mi entender la mayor potencia del texto reside en el arte de describir lugares y situaciones en donde la frontera entre lo real y lo fantástico resulta muy difusa. El segundo de los viajes de Simbad el marino, integrado en Las mil y una noches, narra la aventura de Simbad en un valle tan rico en diamantes, que estos surgían del mismo suelo. Pero también tan rico en fieras y animales salvajes, que nadie se atrevía a recorrerlo. En su lugar, los buscadores de diamantes lanzaban grandes pedazos de carne desde las montañas a los que se adherían los diamantes. La atracción de los rokhs –pájaros fantásticos que aparecen en el relato— por la carne hacía el resto. Las aves cazaban los pedazos y los transportaban a sus nidos en las montañas. Allí los hombres los espantaban y tomaban su botín. Lo más sorprendente de una narración que cualquier lector considerará inverosímil y fantástica como esta es su gran similitud con la descripción que del reino de Mutfili hace Marco Polo en su libro. Con la única diferencia de sustituir rokhs por águilas, el relato de Polo a la hora de conseguir los diamantes es el mismo. Un cuento fantástico es casi idéntico a un relato de viajes, supuestamente realista. En cierta forma, es la misma estrategia que utiliza la ciencia ficción. Pretende construir una fantasía posible a partir del desarrollo de la ciencia y la tecnología siempre imprevisibles. Es lo mismo que inquieta en relatos como «El Aleph» o «El informe de Brodie» de Borges, que son tan cercanos a la realidad cotidiana del narrador que parecen verdad. Y eso le hace pensar a uno que tal vez lo fantástico no esté tan lejos de lo real, o quizá las clasificaciones que Todorov hace del relato fantástico no funcionan, o son demasiado estrictas y no se atienen a lo que se considera real en cada cultura y cada época. 

No es de extrañar que el posmoderno redomado de Italo Calvino quedara maravillado con la narración de Marco Polo, hasta el punto de deconstruirla de forma universal en Las ciudades invisibles. Otro libro maravilloso.

domingo, 6 de julio de 2014

Reflexiones sobre Viaje one way | Limagris

Reflexiones sobre Viaje one way | Limagris

Viaje one way es un libro de relatos editado por Pedro Medina y Hernán Vera que recoge doce historias que se encarrilan en un trayecto contradictorio y epifánico por las calurosas calles de Miami. La mayoría de ellos configura visiones desde un vehículo narrativo ágil, ameno y sobre todo honesto donde la perspectiva del recién llegado, del inmigrante (hispanohablante) que busca un espacio se da cuenta que la ciudad que los acoge es por fuerza de convivencia, desaliento y complicidad una ciudad ajena que siempre será suya.

Esta oposición se da debido a una nostalgia aún no resuelta, una entidad perviviente que exige ojos siempre foráneos, desconfiados, escépticos de latinos que llevan en los pasaportes o en los corazones una lejana procedencia aún cerca y palpitante. Los personajes luchan dentro de este juego de oposiciones, cubanos, chilenos, puertorriqueños, argentinos, peruanos y venezolanos se emparentan, disuelven sus fronteras nacionales para descubrirse fraternos y hasta cómplices en una misma ruta. Esa que quiere encontrarse con uno mismo, en una ciudad que por momentos es la del sueño americano, pero la que más de las veces es su más cruda negación. Así, los personajes advierten de distintos enfoques pero con el mismo asombro a una ciudad tropicalizada, llena de playas, lujo, frivolidad, vicio y miseria.

Ellos tienen que convivir y sobrevivir a ello, luchar no necesariamente por asimilarse a la ciudad sino el camino contrario, asimilar Miami con todos los saldos y pasivos que esto implique. De golpe, ven los trabajos de subsistencia, la barrera idiomática, la cultura de glamour aparente lleno de rostros con botox, cocaína y deseos epidérmicos de placer y dinero. Pero este recorrido narrativo es mucho más que eso, es también la búsqueda no solo de una ciudad, de una nacionalidad contrabandeada por los afectos o la necesidad, es la búsqueda de algo más profundo en cada relato: las ansias legítimas de una condición, la de miamense. Un miamense diverso, lleno de cicatrices urbanas e impactos de una cultura que lo mastica, digiere o expectora. Viaje one way, es un recorrido tenaz, solo de ida, para lograr o nunca lograr ello, aquí algunas aproximaciones a sus doce paradas.

Qué hay para mí (Elí Bravo) es una historia que ironiza el estilo de los libros de autoayuda para brindarnos una entretenida historia que busca responderse a las aspiraciones de un recién llegado en una ciudad que –como dice el relato- tiene mucha gente, pero poca alma. Una salida donde el salvoconducto para estar en cualquier lugar será siempre la compañía sentimental. Encontrar a ese otro (a) que nos acompañe en la ruta.

Las pirámides del Diner (Rossana Montoya) nos pinta el recorrido de la lectura con pinceladas de una cruda realidad: la subsistencia. El hombre migrante (incluye latinos y árabes) se sorprende cómplice y hermano al darse cuenta que están en lo mismo (trabajando en un horario de panteón). El ambiente de un local que expende comida acoge los pequeños dramas de sus protagonistas (dentro de ellos un mudo, que curiosamente es el más comunicativo). Dramas que al final, plantean la salida o escape de una vida dura, a través de la aceptación de un papel incómodo en una obra teatral. La de subsistir.

Regreso a casa (José Abreu) recorre la tragedia de un padre que en el momento más álgido de su vida perdiera su hijo. Un padre que adopta una defensa sentimental vital aferrándose en la crianza de animales. Sucedáneos obligados de la compañía humana. Aquella que se plantea el reto épico de derrotar a la soledad, o por lo menos sobrevivirle.

Encuentro en la bahía (Rosana Ubanell) nos introduce con agilidad y pericia en una historia inquietante, esa que nos hace vernos demasiado cerca del espejo. El protagonista, inmigrante, conoce a un viejo y a su perro. Un viejo (migrante interno, de Boston) que asume su punto de partida como detestable. Al llegar a Miami, se entiende que esta sintonía recorre hasta su perro, contaminándolo con la misma perspectiva, volviéndolo un natural cómplice de su amo humano.

Abducciones en la que no es y nunca será tu ciudad (Carlos Gámez Pérez) es una narración de largo aliento que nos circunscribe en el terreno de la Ciencia Ficción. De prosa fluida y simbología sugerente, la narración plantea una interesante correspondencia entre la condición migrante y la alienígena. Un personaje (la casera cubana del protagonista) afirma que se sentía en Miami como si estuviera en otro mundo, como si su tierra de origen fuera la Luna. De final sorpresivo, nos impone el sentimiento del desarraigo, de la transfiguración en un ambiente enrarecido y hasta hostil.
Cara a cara (Gastón Virkel) configura un relato breve y sugerente donde a través de la muerte de un hombre subido de peso que experimenta una férrea erección. Quizá un último gesto de resistencia y poder.

Un encuentro (Andrés Hernández Alende) nos relata una trepidante historia dentro de un ambiente detestivesco, donde a través de precisas postales de una Miami esnobista, donde las mujeres casi pre fabricadas asisten acompañadas de rufianes exitosos a discotecas exclusivas, donde la droga y el frenesí son asistentes obligados. En este entorno un detective recibe el encargo de un magnate venido a menos para que investigue y saque del mundo torcido a su hija. El final redondea la narración y subraya el éxito del detective.

Mr. Not Guilty (Rodolfo Pérez Valero) es una de esas historias que como una escopeta de doble cañón matan dos pájaros de un solo tiro: primero desarrollar una crítica sutil desde el relato negro. Y segundo, logra desarrollar un relato que juega con un personaje manipulador que logra sus fines oscuros con pasmosa frialdad. Esta historia toca el tema peculiar del uso de la inyección letal en Miami, sino también de la corrupción y la maldad celebratoria en una sociedad decadente e hipócrita.
El libro de la selva (Camilo Pino) es un desopilante texto que combina lo absurdo y el humor negro con guiños a Peter Pan, Mowgli (personaje de la obra Rudyard Kipling y su versión fílmica homónima con el cuento) y pasajes de la vida de Michael Jackson. En dichas encrucijadas textuales se desarrolla una filosofía descarnada que en boca de un personaje resume que uno no escoge su pasado, sino que el pasado lo escoge a uno. En ese sentido, somos como la concepción griega, nos advierte con cierto fatalismo: marionetas de un destino generalmente torcido y negro como el que desarrolla el protagonista de esta historia.

La noche de poesía y rosas (Pedro Medina) es un relato de la amistad ejemplar. También de doble impacto, ya que desarrolla las peripecias de dos personajes desarraigados que se encuentran en una ciudad hostil y hacen de su amistad una forma de sobresalir ante ella. Asimismo es un fresco social que reflexiona sobre la condición del inmigrante, su dificultad todavía persistente en ser aceptado y lograr el éxito en una ciudad nuevamente ajena pero a la vez propia. Un hombre que busca trabajo, un sujeto que vende rosas y que luego ofrece su poesía en un bien recibido show. Aquí también la visión del artista se enjuicia, es pues, un sujeto que actúa y entretiene, que inspira una suerte de compasión y afecto, pero la lejanía e incluso la culminación de esto es la expulsión. Entonces solo queda el recuerdo, la nostalgia por el artista y su arte alguna vez vivido.

Cuando el azar era el pasado (Virginia Cosin) cierra el libro con una historia también bifuncional, por un lado recreta el espíritu decadentista de una costra miamense que coquetea con lo gansteril y el proxenetismo. Y por otro lado, la reflexión decorativa del oficio del escritor. Un artista que sirve para expresar medianamente lo cruel y sórdido de la realidad, una especie de bálsamo que solo tiene las palabras para aproximarse, para hacerle cosquillas a esa bestia enorme y feroz que es vivir en una ciudad dura, esplendorosa, pero sin alma.

Y precisamente por este recorrido visceral de Miami, por sus avenidas, calles, discotecas, playas y lugares más emblemáticos transcurre los hilos conductores de estas doce paradas narrativas. Cada una de ellas sensuradoras, inquietantes, severas y sobre todo reflexivas en lograr captar la esencia del hombre que llega a una ciudad paradisiaca. Un hombre que lleva en la mente un sueño americano . Sueño que tiene que llenar de dólares, de sudor y de mucho, mucho talento para que pueda hacerse realidad.




Viaje one way
es un libro de relatos editado por Pedro Medina y Hernán Vera que
recoge doce historias que se encarrilan en un trayecto contradictorio y
epifánico por  las calurosas calles de Miami. La mayoría de ellos
configura visiones desde un vehículo narrativo ágil, ameno y sobre todo
honesto donde la perspectiva del recién llegado, del inmigrante
(hispanohablante) que busca un espacio se da cuenta que la ciudad que
los acoge es por fuerza de convivencia, desaliento y complicidad una
ciudad ajena que siempre será suya. - See more at:
http://www.limagris.com/reflexiones-sobre-viaje-one-way/#sthash.wBTQRteW.dpuf

Viaje one way
es un libro de relatos editado por Pedro Medina y Hernán Vera que
recoge doce historias que se encarrilan en un trayecto contradictorio y
epifánico por  las calurosas calles de Miami. La mayoría de ellos
configura visiones desde un vehículo narrativo ágil, ameno y sobre todo
honesto donde la perspectiva del recién llegado, del inmigrante
(hispanohablante) que busca un espacio se da cuenta que la ciudad que
los acoge es por fuerza de convivencia, desaliento y complicidad una
ciudad ajena que siempre será suya.

Esta oposición se da debido a una nostalgia aún no resuelta, una
entidad perviviente que exige ojos siempre foráneos, desconfiados,
escépticos de latinos que llevan en los pasaportes o en los corazones
una lejana procedencia aún cerca y palpitante. Los personajes luchan
dentro de este juego de oposiciones, cubanos, chilenos, puertorriqueños,
argentinos, peruanos y venezolanos se emparentan, disuelven sus
fronteras nacionales para descubrirse fraternos y hasta cómplices en una
misma ruta. Esa que quiere encontrarse con uno mismo, en una ciudad que
por momentos es la del sueño americano, pero la que más de las veces es
su más cruda negación. Así, los personajes advierten de distintos
enfoques pero con el mismo asombro a una ciudad tropicalizada, llena de
playas, lujo, frivolidad, vicio y miseria.


Ellos tienen que convivir y sobrevivir a ello, luchar no
necesariamente por asimilarse a la ciudad sino el camino contrario,
asimilar Miami con todos los saldos y pasivos que esto implique. De
golpe, ven los trabajos de subsistencia, la barrera idiomática, la
cultura de glamour aparente lleno de rostros con botox, cocaína y deseos
epidérmicos de placer y dinero. Pero este recorrido narrativo es mucho
más que eso, es también la búsqueda no solo de una ciudad, de una
nacionalidad contrabandeada por los afectos o la necesidad, es la
búsqueda de algo más profundo en cada relato: las ansias legítimas de
una condición, la de miamense. Un miamense diverso, lleno de cicatrices
urbanas e impactos de una cultura que lo mastica, digiere o expectora.
Viaje one way, es un recorrido tenaz, solo de ida, para lograr o nunca
lograr ello, aquí algunas aproximaciones a sus doce paradas.


Qué hay para mí (Elí Bravo) es una historia que ironiza el
estilo de los libros de autoayuda  para brindarnos una entretenida
historia que busca responderse a las aspiraciones de un recién llegado
en una ciudad que  –como dice el relato- tiene mucha gente, pero poca
alma. Una salida donde el salvoconducto para estar en cualquier lugar
será siempre la compañía sentimental. Encontrar a ese otro (a) que nos
acompañe en la ruta.


Las pirámides del Diner (Rossana Montoya) nos pinta el
recorrido de la lectura con pinceladas de una cruda realidad: la
subsistencia. El hombre migrante (incluye latinos y árabes) se sorprende
cómplice y hermano al darse cuenta que están en lo mismo (trabajando en
un horario de panteón). El ambiente de un local que expende comida
acoge los pequeños dramas de sus protagonistas (dentro de ellos un mudo,
que curiosamente es el más comunicativo). Dramas que al final, plantean
la salida o escape de una vida dura, a través de la aceptación de un
papel incómodo en una obra teatral. La de subsistir.


Regreso a casa (José Abreu) recorre la tragedia de un padre
que en el momento más álgido de su vida perdiera su hijo. Un padre que
adopta una defensa sentimental vital aferrándose en la crianza de
animales. Sucedáneos obligados de la compañía humana. Aquella que se
plantea el reto épico de derrotar a la soledad, o por lo menos
sobrevivirle.


Encuentro en la bahía (Rosana Ubanell) nos introduce con
agilidad y pericia en una historia inquietante, esa que nos hace vernos
demasiado cerca del espejo. El protagonista, inmigrante, conoce a un
viejo y a su perro. Un viejo (migrante interno, de Boston) que asume su
punto de partida como detestable. Al llegar a Miami, se entiende que
esta sintonía recorre hasta su perro, contaminándolo con la misma
perspectiva, volviéndolo un natural cómplice de su amo humano.


Abducciones en la que no es y nunca será tu ciudad (Carlos
Gámez Pérez) es una narración de largo aliento que nos circunscribe en
el terreno de la Ciencia Ficción. De prosa fluida y simbología
sugerente, la narración plantea una interesante correspondencia entre la
condición migrante y la alienígena. Un personaje (la casera cubana del
protagonista)  afirma que se sentía en Miami como si estuviera en otro
mundo, como si su tierra de origen fuera la Luna. De final sorpresivo,
nos impone el sentimiento del desarraigo, de la transfiguración en un
ambiente enrarecido y hasta hostil.


Cara a cara (Gastón Virkel) configura un relato breve y
sugerente donde a través de la muerte de un hombre subido de peso que
experimenta una férrea erección. Quizá un último gesto de resistencia y
poder.


Un encuentro (Andrés Hernández Alende) nos relata una
trepidante historia dentro de un ambiente detestivesco, donde a través
de precisas postales de una Miami esnobista, donde las mujeres casi pre
fabricadas asisten acompañadas de rufianes exitosos a discotecas
exclusivas, donde la droga y el frenesí son asistentes obligados. En
este entorno un detective recibe el encargo de un magnate venido a menos
para que investigue y saque del mundo torcido a su hija. El final
redondea la narración y subraya el éxito del detective.


Mr. Not Guilty (Rodolfo Pérez Valero) es una de esas historias
que como una escopeta de doble cañón matan dos pájaros de un solo tiro:
primero desarrollar una crítica sutil desde el relato negro. Y segundo,
 logra desarrollar un relato que juega con un personaje manipulador que
logra sus fines oscuros con pasmosa frialdad. Esta historia toca el
tema peculiar del uso de la inyección letal en Miami, sino también de la
corrupción y la maldad celebratoria en una sociedad decadente e
hipócrita.


El libro de la selva (Camilo Pino) es un desopilante texto que
combina lo absurdo y el humor negro con guiños a Peter Pan, Mowgli
(personaje de la obra Rudyard Kipling y su versión fílmica homónima con
el cuento) y pasajes de la vida de Michael Jackson. En dichas
encrucijadas textuales se desarrolla una filosofía descarnada que en
boca de un personaje resume que uno no escoge su pasado, sino que el
pasado lo escoge a uno. En ese sentido, somos como la concepción griega,
nos advierte con cierto fatalismo: marionetas de un destino
generalmente torcido y negro como el que desarrolla el protagonista de
esta historia.


La noche de poesía y rosas (Pedro Medina) es un relato de la
amistad ejemplar. También de doble impacto, ya que desarrolla las
peripecias de dos personajes desarraigados que se encuentran en una
ciudad hostil y hacen de su amistad una forma de sobresalir ante ella.
Asimismo es un fresco social que reflexiona sobre la condición del
inmigrante, su dificultad todavía persistente en ser aceptado y lograr
el éxito en una ciudad nuevamente ajena pero a la vez propia. Un hombre
que busca trabajo, un sujeto que vende rosas y que luego ofrece su
poesía en un bien recibido show. Aquí también la visión del artista se
enjuicia, es pues, un sujeto que actúa y entretiene, que inspira una
suerte de compasión y afecto, pero la lejanía e incluso la culminación
de esto es la expulsión. Entonces solo queda el recuerdo, la nostalgia
por el artista y su arte alguna vez vivido.


Cuando el azar era el pasado (Virginia Cosin) cierra el libro
con una historia también bifuncional, por un lado recreta el espíritu
decadentista de una costra miamense que coquetea con lo gansteril y el
proxenetismo. Y por otro lado, la reflexión decorativa del oficio del
escritor. Un artista que sirve para expresar medianamente lo cruel y
sórdido de la realidad, una especie de bálsamo que solo tiene las
palabras para aproximarse, para hacerle cosquillas a esa bestia enorme y
feroz que es vivir en una ciudad dura, esplendorosa, pero sin alma.


Y precisamente por este recorrido visceral de Miami, por sus
avenidas, calles, discotecas, playas y lugares más emblemáticos
transcurre los hilos conductores de estas doce paradas narrativas. Cada
una de ellas sensuradoras, inquietantes, severas y sobre todo reflexivas
en lograr captar la esencia del hombre que llega a una ciudad
paradisiaca. Un hombre que lleva en la mente un sueño americano . Sueño
que tiene que llenar de dólares, de sudor y de mucho, mucho talento para
que pueda hacerse realidad.

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Viaje one way
es un libro de relatos editado por Pedro Medina y Hernán Vera que
recoge doce historias que se encarrilan en un trayecto contradictorio y
epifánico por  las calurosas calles de Miami. La mayoría de ellos
configura visiones desde un vehículo narrativo ágil, ameno y sobre todo
honesto donde la perspectiva del recién llegado, del inmigrante
(hispanohablante) que busca un espacio se da cuenta que la ciudad que
los acoge es por fuerza de convivencia, desaliento y complicidad una
ciudad ajena que siempre será suya.

Esta oposición se da debido a una nostalgia aún no resuelta, una
entidad perviviente que exige ojos siempre foráneos, desconfiados,
escépticos de latinos que llevan en los pasaportes o en los corazones
una lejana procedencia aún cerca y palpitante. Los personajes luchan
dentro de este juego de oposiciones, cubanos, chilenos, puertorriqueños,
argentinos, peruanos y venezolanos se emparentan, disuelven sus
fronteras nacionales para descubrirse fraternos y hasta cómplices en una
misma ruta. Esa que quiere encontrarse con uno mismo, en una ciudad que
por momentos es la del sueño americano, pero la que más de las veces es
su más cruda negación. Así, los personajes advierten de distintos
enfoques pero con el mismo asombro a una ciudad tropicalizada, llena de
playas, lujo, frivolidad, vicio y miseria.


Ellos tienen que convivir y sobrevivir a ello, luchar no
necesariamente por asimilarse a la ciudad sino el camino contrario,
asimilar Miami con todos los saldos y pasivos que esto implique. De
golpe, ven los trabajos de subsistencia, la barrera idiomática, la
cultura de glamour aparente lleno de rostros con botox, cocaína y deseos
epidérmicos de placer y dinero. Pero este recorrido narrativo es mucho
más que eso, es también la búsqueda no solo de una ciudad, de una
nacionalidad contrabandeada por los afectos o la necesidad, es la
búsqueda de algo más profundo en cada relato: las ansias legítimas de
una condición, la de miamense. Un miamense diverso, lleno de cicatrices
urbanas e impactos de una cultura que lo mastica, digiere o expectora.
Viaje one way, es un recorrido tenaz, solo de ida, para lograr o nunca
lograr ello, aquí algunas aproximaciones a sus doce paradas.


Qué hay para mí (Elí Bravo) es una historia que ironiza el
estilo de los libros de autoayuda  para brindarnos una entretenida
historia que busca responderse a las aspiraciones de un recién llegado
en una ciudad que  –como dice el relato- tiene mucha gente, pero poca
alma. Una salida donde el salvoconducto para estar en cualquier lugar
será siempre la compañía sentimental. Encontrar a ese otro (a) que nos
acompañe en la ruta.


Las pirámides del Diner (Rossana Montoya) nos pinta el
recorrido de la lectura con pinceladas de una cruda realidad: la
subsistencia. El hombre migrante (incluye latinos y árabes) se sorprende
cómplice y hermano al darse cuenta que están en lo mismo (trabajando en
un horario de panteón). El ambiente de un local que expende comida
acoge los pequeños dramas de sus protagonistas (dentro de ellos un mudo,
que curiosamente es el más comunicativo). Dramas que al final, plantean
la salida o escape de una vida dura, a través de la aceptación de un
papel incómodo en una obra teatral. La de subsistir.


Regreso a casa (José Abreu) recorre la tragedia de un padre
que en el momento más álgido de su vida perdiera su hijo. Un padre que
adopta una defensa sentimental vital aferrándose en la crianza de
animales. Sucedáneos obligados de la compañía humana. Aquella que se
plantea el reto épico de derrotar a la soledad, o por lo menos
sobrevivirle.


Encuentro en la bahía (Rosana Ubanell) nos introduce con
agilidad y pericia en una historia inquietante, esa que nos hace vernos
demasiado cerca del espejo. El protagonista, inmigrante, conoce a un
viejo y a su perro. Un viejo (migrante interno, de Boston) que asume su
punto de partida como detestable. Al llegar a Miami, se entiende que
esta sintonía recorre hasta su perro, contaminándolo con la misma
perspectiva, volviéndolo un natural cómplice de su amo humano.


Abducciones en la que no es y nunca será tu ciudad (Carlos
Gámez Pérez) es una narración de largo aliento que nos circunscribe en
el terreno de la Ciencia Ficción. De prosa fluida y simbología
sugerente, la narración plantea una interesante correspondencia entre la
condición migrante y la alienígena. Un personaje (la casera cubana del
protagonista)  afirma que se sentía en Miami como si estuviera en otro
mundo, como si su tierra de origen fuera la Luna. De final sorpresivo,
nos impone el sentimiento del desarraigo, de la transfiguración en un
ambiente enrarecido y hasta hostil.


Cara a cara (Gastón Virkel) configura un relato breve y
sugerente donde a través de la muerte de un hombre subido de peso que
experimenta una férrea erección. Quizá un último gesto de resistencia y
poder.


Un encuentro (Andrés Hernández Alende) nos relata una
trepidante historia dentro de un ambiente detestivesco, donde a través
de precisas postales de una Miami esnobista, donde las mujeres casi pre
fabricadas asisten acompañadas de rufianes exitosos a discotecas
exclusivas, donde la droga y el frenesí son asistentes obligados. En
este entorno un detective recibe el encargo de un magnate venido a menos
para que investigue y saque del mundo torcido a su hija. El final
redondea la narración y subraya el éxito del detective.


Mr. Not Guilty (Rodolfo Pérez Valero) es una de esas historias
que como una escopeta de doble cañón matan dos pájaros de un solo tiro:
primero desarrollar una crítica sutil desde el relato negro. Y segundo,
 logra desarrollar un relato que juega con un personaje manipulador que
logra sus fines oscuros con pasmosa frialdad. Esta historia toca el
tema peculiar del uso de la inyección letal en Miami, sino también de la
corrupción y la maldad celebratoria en una sociedad decadente e
hipócrita.


El libro de la selva (Camilo Pino) es un desopilante texto que
combina lo absurdo y el humor negro con guiños a Peter Pan, Mowgli
(personaje de la obra Rudyard Kipling y su versión fílmica homónima con
el cuento) y pasajes de la vida de Michael Jackson. En dichas
encrucijadas textuales se desarrolla una filosofía descarnada que en
boca de un personaje resume que uno no escoge su pasado, sino que el
pasado lo escoge a uno. En ese sentido, somos como la concepción griega,
nos advierte con cierto fatalismo: marionetas de un destino
generalmente torcido y negro como el que desarrolla el protagonista de
esta historia.


La noche de poesía y rosas (Pedro Medina) es un relato de la
amistad ejemplar. También de doble impacto, ya que desarrolla las
peripecias de dos personajes desarraigados que se encuentran en una
ciudad hostil y hacen de su amistad una forma de sobresalir ante ella.
Asimismo es un fresco social que reflexiona sobre la condición del
inmigrante, su dificultad todavía persistente en ser aceptado y lograr
el éxito en una ciudad nuevamente ajena pero a la vez propia. Un hombre
que busca trabajo, un sujeto que vende rosas y que luego ofrece su
poesía en un bien recibido show. Aquí también la visión del artista se
enjuicia, es pues, un sujeto que actúa y entretiene, que inspira una
suerte de compasión y afecto, pero la lejanía e incluso la culminación
de esto es la expulsión. Entonces solo queda el recuerdo, la nostalgia
por el artista y su arte alguna vez vivido.


Cuando el azar era el pasado (Virginia Cosin) cierra el libro
con una historia también bifuncional, por un lado recreta el espíritu
decadentista de una costra miamense que coquetea con lo gansteril y el
proxenetismo. Y por otro lado, la reflexión decorativa del oficio del
escritor. Un artista que sirve para expresar medianamente lo cruel y
sórdido de la realidad, una especie de bálsamo que solo tiene las
palabras para aproximarse, para hacerle cosquillas a esa bestia enorme y
feroz que es vivir en una ciudad dura, esplendorosa, pero sin alma.


Y precisamente por este recorrido visceral de Miami, por sus
avenidas, calles, discotecas, playas y lugares más emblemáticos
transcurre los hilos conductores de estas doce paradas narrativas. Cada
una de ellas sensuradoras, inquietantes, severas y sobre todo reflexivas
en lograr captar la esencia del hombre que llega a una ciudad
paradisiaca. Un hombre que lleva en la mente un sueño americano . Sueño
que tiene que llenar de dólares, de sudor y de mucho, mucho talento para
que pueda hacerse realidad.

- See more at: http://www.limagris.com/reflexiones-sobre-viaje-one-way/#sthash.wBTQRteW.dpuf

Viaje one way
es un libro de relatos editado por Pedro Medina y Hernán Vera que
recoge doce historias que se encarrilan en un trayecto contradictorio y
epifánico por  las calurosas calles de Miami. La mayoría de ellos
configura visiones desde un vehículo narrativo ágil, ameno y sobre todo
honesto donde la perspectiva del recién llegado, del inmigrante
(hispanohablante) que busca un espacio se da cuenta que la ciudad que
los acoge es por fuerza de convivencia, desaliento y complicidad una
ciudad ajena que siempre será suya.

Esta oposición se da debido a una nostalgia aún no resuelta, una
entidad perviviente que exige ojos siempre foráneos, desconfiados,
escépticos de latinos que llevan en los pasaportes o en los corazones
una lejana procedencia aún cerca y palpitante. Los personajes luchan
dentro de este juego de oposiciones, cubanos, chilenos, puertorriqueños,
argentinos, peruanos y venezolanos se emparentan, disuelven sus
fronteras nacionales para descubrirse fraternos y hasta cómplices en una
misma ruta. Esa que quiere encontrarse con uno mismo, en una ciudad que
por momentos es la del sueño americano, pero la que más de las veces es
su más cruda negación. Así, los personajes advierten de distintos
enfoques pero con el mismo asombro a una ciudad tropicalizada, llena de
playas, lujo, frivolidad, vicio y miseria.


Ellos tienen que convivir y sobrevivir a ello, luchar no
necesariamente por asimilarse a la ciudad sino el camino contrario,
asimilar Miami con todos los saldos y pasivos que esto implique. De
golpe, ven los trabajos de subsistencia, la barrera idiomática, la
cultura de glamour aparente lleno de rostros con botox, cocaína y deseos
epidérmicos de placer y dinero. Pero este recorrido narrativo es mucho
más que eso, es también la búsqueda no solo de una ciudad, de una
nacionalidad contrabandeada por los afectos o la necesidad, es la
búsqueda de algo más profundo en cada relato: las ansias legítimas de
una condición, la de miamense. Un miamense diverso, lleno de cicatrices
urbanas e impactos de una cultura que lo mastica, digiere o expectora.
Viaje one way, es un recorrido tenaz, solo de ida, para lograr o nunca
lograr ello, aquí algunas aproximaciones a sus doce paradas.


Qué hay para mí (Elí Bravo) es una historia que ironiza el
estilo de los libros de autoayuda  para brindarnos una entretenida
historia que busca responderse a las aspiraciones de un recién llegado
en una ciudad que  –como dice el relato- tiene mucha gente, pero poca
alma. Una salida donde el salvoconducto para estar en cualquier lugar
será siempre la compañía sentimental. Encontrar a ese otro (a) que nos
acompañe en la ruta.


Las pirámides del Diner (Rossana Montoya) nos pinta el
recorrido de la lectura con pinceladas de una cruda realidad: la
subsistencia. El hombre migrante (incluye latinos y árabes) se sorprende
cómplice y hermano al darse cuenta que están en lo mismo (trabajando en
un horario de panteón). El ambiente de un local que expende comida
acoge los pequeños dramas de sus protagonistas (dentro de ellos un mudo,
que curiosamente es el más comunicativo). Dramas que al final, plantean
la salida o escape de una vida dura, a través de la aceptación de un
papel incómodo en una obra teatral. La de subsistir.


Regreso a casa (José Abreu) recorre la tragedia de un padre
que en el momento más álgido de su vida perdiera su hijo. Un padre que
adopta una defensa sentimental vital aferrándose en la crianza de
animales. Sucedáneos obligados de la compañía humana. Aquella que se
plantea el reto épico de derrotar a la soledad, o por lo menos
sobrevivirle.


Encuentro en la bahía (Rosana Ubanell) nos introduce con
agilidad y pericia en una historia inquietante, esa que nos hace vernos
demasiado cerca del espejo. El protagonista, inmigrante, conoce a un
viejo y a su perro. Un viejo (migrante interno, de Boston) que asume su
punto de partida como detestable. Al llegar a Miami, se entiende que
esta sintonía recorre hasta su perro, contaminándolo con la misma
perspectiva, volviéndolo un natural cómplice de su amo humano.


Abducciones en la que no es y nunca será tu ciudad (Carlos
Gámez Pérez) es una narración de largo aliento que nos circunscribe en
el terreno de la Ciencia Ficción. De prosa fluida y simbología
sugerente, la narración plantea una interesante correspondencia entre la
condición migrante y la alienígena. Un personaje (la casera cubana del
protagonista)  afirma que se sentía en Miami como si estuviera en otro
mundo, como si su tierra de origen fuera la Luna. De final sorpresivo,
nos impone el sentimiento del desarraigo, de la transfiguración en un
ambiente enrarecido y hasta hostil.


Cara a cara (Gastón Virkel) configura un relato breve y
sugerente donde a través de la muerte de un hombre subido de peso que
experimenta una férrea erección. Quizá un último gesto de resistencia y
poder.


Un encuentro (Andrés Hernández Alende) nos relata una
trepidante historia dentro de un ambiente detestivesco, donde a través
de precisas postales de una Miami esnobista, donde las mujeres casi pre
fabricadas asisten acompañadas de rufianes exitosos a discotecas
exclusivas, donde la droga y el frenesí son asistentes obligados. En
este entorno un detective recibe el encargo de un magnate venido a menos
para que investigue y saque del mundo torcido a su hija. El final
redondea la narración y subraya el éxito del detective.


Mr. Not Guilty (Rodolfo Pérez Valero) es una de esas historias
que como una escopeta de doble cañón matan dos pájaros de un solo tiro:
primero desarrollar una crítica sutil desde el relato negro. Y segundo,
 logra desarrollar un relato que juega con un personaje manipulador que
logra sus fines oscuros con pasmosa frialdad. Esta historia toca el
tema peculiar del uso de la inyección letal en Miami, sino también de la
corrupción y la maldad celebratoria en una sociedad decadente e
hipócrita.


El libro de la selva (Camilo Pino) es un desopilante texto que
combina lo absurdo y el humor negro con guiños a Peter Pan, Mowgli
(personaje de la obra Rudyard Kipling y su versión fílmica homónima con
el cuento) y pasajes de la vida de Michael Jackson. En dichas
encrucijadas textuales se desarrolla una filosofía descarnada que en
boca de un personaje resume que uno no escoge su pasado, sino que el
pasado lo escoge a uno. En ese sentido, somos como la concepción griega,
nos advierte con cierto fatalismo: marionetas de un destino
generalmente torcido y negro como el que desarrolla el protagonista de
esta historia.


La noche de poesía y rosas (Pedro Medina) es un relato de la
amistad ejemplar. También de doble impacto, ya que desarrolla las
peripecias de dos personajes desarraigados que se encuentran en una
ciudad hostil y hacen de su amistad una forma de sobresalir ante ella.
Asimismo es un fresco social que reflexiona sobre la condición del
inmigrante, su dificultad todavía persistente en ser aceptado y lograr
el éxito en una ciudad nuevamente ajena pero a la vez propia. Un hombre
que busca trabajo, un sujeto que vende rosas y que luego ofrece su
poesía en un bien recibido show. Aquí también la visión del artista se
enjuicia, es pues, un sujeto que actúa y entretiene, que inspira una
suerte de compasión y afecto, pero la lejanía e incluso la culminación
de esto es la expulsión. Entonces solo queda el recuerdo, la nostalgia
por el artista y su arte alguna vez vivido.


Cuando el azar era el pasado (Virginia Cosin) cierra el libro
con una historia también bifuncional, por un lado recreta el espíritu
decadentista de una costra miamense que coquetea con lo gansteril y el
proxenetismo. Y por otro lado, la reflexión decorativa del oficio del
escritor. Un artista que sirve para expresar medianamente lo cruel y
sórdido de la realidad, una especie de bálsamo que solo tiene las
palabras para aproximarse, para hacerle cosquillas a esa bestia enorme y
feroz que es vivir en una ciudad dura, esplendorosa, pero sin alma.


Y precisamente por este recorrido visceral de Miami, por sus
avenidas, calles, discotecas, playas y lugares más emblemáticos
transcurre los hilos conductores de estas doce paradas narrativas. Cada
una de ellas sensuradoras, inquietantes, severas y sobre todo reflexivas
en lograr captar la esencia del hombre que llega a una ciudad
paradisiaca. Un hombre que lleva en la mente un sueño americano . Sueño
que tiene que llenar de dólares, de sudor y de mucho, mucho talento para
que pueda hacerse realidad.

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Viaje one way
es un libro de relatos editado por Pedro Medina y Hernán Vera que
recoge doce historias que se encarrilan en un trayecto contradictorio y
epifánico por  las calurosas calles de Miami. La mayoría de ellos
configura visiones desde un vehículo narrativo ágil, ameno y sobre todo
honesto donde la perspectiva del recién llegado, del inmigrante
(hispanohablante) que busca un espacio se da cuenta que la ciudad que
los acoge es por fuerza de convivencia, desaliento y complicidad una
ciudad ajena que siempre será suya.

Esta oposición se da debido a una nostalgia aún no resuelta, una
entidad perviviente que exige ojos siempre foráneos, desconfiados,
escépticos de latinos que llevan en los pasaportes o en los corazones
una lejana procedencia aún cerca y palpitante. Los personajes luchan
dentro de este juego de oposiciones, cubanos, chilenos, puertorriqueños,
argentinos, peruanos y venezolanos se emparentan, disuelven sus
fronteras nacionales para descubrirse fraternos y hasta cómplices en una
misma ruta. Esa que quiere encontrarse con uno mismo, en una ciudad que
por momentos es la del sueño americano, pero la que más de las veces es
su más cruda negación. Así, los personajes advierten de distintos
enfoques pero con el mismo asombro a una ciudad tropicalizada, llena de
playas, lujo, frivolidad, vicio y miseria.


Ellos tienen que convivir y sobrevivir a ello, luchar no
necesariamente por asimilarse a la ciudad sino el camino contrario,
asimilar Miami con todos los saldos y pasivos que esto implique. De
golpe, ven los trabajos de subsistencia, la barrera idiomática, la
cultura de glamour aparente lleno de rostros con botox, cocaína y deseos
epidérmicos de placer y dinero. Pero este recorrido narrativo es mucho
más que eso, es también la búsqueda no solo de una ciudad, de una
nacionalidad contrabandeada por los afectos o la necesidad, es la
búsqueda de algo más profundo en cada relato: las ansias legítimas de
una condición, la de miamense. Un miamense diverso, lleno de cicatrices
urbanas e impactos de una cultura que lo mastica, digiere o expectora.
Viaje one way, es un recorrido tenaz, solo de ida, para lograr o nunca
lograr ello, aquí algunas aproximaciones a sus doce paradas.


Qué hay para mí (Elí Bravo) es una historia que ironiza el
estilo de los libros de autoayuda  para brindarnos una entretenida
historia que busca responderse a las aspiraciones de un recién llegado
en una ciudad que  –como dice el relato- tiene mucha gente, pero poca
alma. Una salida donde el salvoconducto para estar en cualquier lugar
será siempre la compañía sentimental. Encontrar a ese otro (a) que nos
acompañe en la ruta.


Las pirámides del Diner (Rossana Montoya) nos pinta el
recorrido de la lectura con pinceladas de una cruda realidad: la
subsistencia. El hombre migrante (incluye latinos y árabes) se sorprende
cómplice y hermano al darse cuenta que están en lo mismo (trabajando en
un horario de panteón). El ambiente de un local que expende comida
acoge los pequeños dramas de sus protagonistas (dentro de ellos un mudo,
que curiosamente es el más comunicativo). Dramas que al final, plantean
la salida o escape de una vida dura, a través de la aceptación de un
papel incómodo en una obra teatral. La de subsistir.


Regreso a casa (José Abreu) recorre la tragedia de un padre
que en el momento más álgido de su vida perdiera su hijo. Un padre que
adopta una defensa sentimental vital aferrándose en la crianza de
animales. Sucedáneos obligados de la compañía humana. Aquella que se
plantea el reto épico de derrotar a la soledad, o por lo menos
sobrevivirle.


Encuentro en la bahía (Rosana Ubanell) nos introduce con
agilidad y pericia en una historia inquietante, esa que nos hace vernos
demasiado cerca del espejo. El protagonista, inmigrante, conoce a un
viejo y a su perro. Un viejo (migrante interno, de Boston) que asume su
punto de partida como detestable. Al llegar a Miami, se entiende que
esta sintonía recorre hasta su perro, contaminándolo con la misma
perspectiva, volviéndolo un natural cómplice de su amo humano.


Abducciones en la que no es y nunca será tu ciudad (Carlos
Gámez Pérez) es una narración de largo aliento que nos circunscribe en
el terreno de la Ciencia Ficción. De prosa fluida y simbología
sugerente, la narración plantea una interesante correspondencia entre la
condición migrante y la alienígena. Un personaje (la casera cubana del
protagonista)  afirma que se sentía en Miami como si estuviera en otro
mundo, como si su tierra de origen fuera la Luna. De final sorpresivo,
nos impone el sentimiento del desarraigo, de la transfiguración en un
ambiente enrarecido y hasta hostil.


Cara a cara (Gastón Virkel) configura un relato breve y
sugerente donde a través de la muerte de un hombre subido de peso que
experimenta una férrea erección. Quizá un último gesto de resistencia y
poder.


Un encuentro (Andrés Hernández Alende) nos relata una
trepidante historia dentro de un ambiente detestivesco, donde a través
de precisas postales de una Miami esnobista, donde las mujeres casi pre
fabricadas asisten acompañadas de rufianes exitosos a discotecas
exclusivas, donde la droga y el frenesí son asistentes obligados. En
este entorno un detective recibe el encargo de un magnate venido a menos
para que investigue y saque del mundo torcido a su hija. El final
redondea la narración y subraya el éxito del detective.


Mr. Not Guilty (Rodolfo Pérez Valero) es una de esas historias
que como una escopeta de doble cañón matan dos pájaros de un solo tiro:
primero desarrollar una crítica sutil desde el relato negro. Y segundo,
 logra desarrollar un relato que juega con un personaje manipulador que
logra sus fines oscuros con pasmosa frialdad. Esta historia toca el
tema peculiar del uso de la inyección letal en Miami, sino también de la
corrupción y la maldad celebratoria en una sociedad decadente e
hipócrita.


El libro de la selva (Camilo Pino) es un desopilante texto que
combina lo absurdo y el humor negro con guiños a Peter Pan, Mowgli
(personaje de la obra Rudyard Kipling y su versión fílmica homónima con
el cuento) y pasajes de la vida de Michael Jackson. En dichas
encrucijadas textuales se desarrolla una filosofía descarnada que en
boca de un personaje resume que uno no escoge su pasado, sino que el
pasado lo escoge a uno. En ese sentido, somos como la concepción griega,
nos advierte con cierto fatalismo: marionetas de un destino
generalmente torcido y negro como el que desarrolla el protagonista de
esta historia.


La noche de poesía y rosas (Pedro Medina) es un relato de la
amistad ejemplar. También de doble impacto, ya que desarrolla las
peripecias de dos personajes desarraigados que se encuentran en una
ciudad hostil y hacen de su amistad una forma de sobresalir ante ella.
Asimismo es un fresco social que reflexiona sobre la condición del
inmigrante, su dificultad todavía persistente en ser aceptado y lograr
el éxito en una ciudad nuevamente ajena pero a la vez propia. Un hombre
que busca trabajo, un sujeto que vende rosas y que luego ofrece su
poesía en un bien recibido show. Aquí también la visión del artista se
enjuicia, es pues, un sujeto que actúa y entretiene, que inspira una
suerte de compasión y afecto, pero la lejanía e incluso la culminación
de esto es la expulsión. Entonces solo queda el recuerdo, la nostalgia
por el artista y su arte alguna vez vivido.


Cuando el azar era el pasado (Virginia Cosin) cierra el libro
con una historia también bifuncional, por un lado recreta el espíritu
decadentista de una costra miamense que coquetea con lo gansteril y el
proxenetismo. Y por otro lado, la reflexión decorativa del oficio del
escritor. Un artista que sirve para expresar medianamente lo cruel y
sórdido de la realidad, una especie de bálsamo que solo tiene las
palabras para aproximarse, para hacerle cosquillas a esa bestia enorme y
feroz que es vivir en una ciudad dura, esplendorosa, pero sin alma.


Y precisamente por este recorrido visceral de Miami, por sus
avenidas, calles, discotecas, playas y lugares más emblemáticos
transcurre los hilos conductores de estas doce paradas narrativas. Cada
una de ellas sensuradoras, inquietantes, severas y sobre todo reflexivas
en lograr captar la esencia del hombre que llega a una ciudad
paradisiaca. Un hombre que lleva en la mente un sueño americano . Sueño
que tiene que llenar de dólares, de sudor y de mucho, mucho talento para
que pueda hacerse realidad.

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martes, 1 de julio de 2014

A ANA SANTOS, IN MEMORIAM. Carlos Gámez Pérez | Nagari

A ANA SANTOS, IN MEMORIAM. Carlos Gámez Pérez | Nagari


Ana Santos

Hace aproximadamente tres meses que nos dejó Ana Santos Payán, más conocida como Ana Gaviera por su labor al frente de El Gaviero Ediciones,
uno de los sellos editoriales que en los últimos años apostó con más
fuerza por la poesía y las ediciones cuidadas hasta el detalle en
España. Difícil será juzgar a una persona a la que no conocí en vida, si
no la juzgo por su obra. A eso se van a dedicar la líneas que siguen.
Dadas mis relaciones con la poesía, normalmente centradas en los enlaces
de esta con la ciencia y la tecnología, no me queda otra que hablar de
una de las apuestas de Ana Gaviera: Química de Sofía Rhei; y también de la colección de poemas postales SciFiPoesía.
           El primero es un libro sorprendente que ha llegado a mí desgraciadamente tarde y por el consejo de Elena Medel, por cuanto temo no haberle hecho justicia en su momento. Se trata de un objeto delicadamente elaborado, como todos los de El Gaviero Ediciones, con su formato de cuadernillo en portada y contraportada. Pero que además sorprende por el uso de los símbolos de los elementos químicos como las cabeceras de las secciones del libro,
tanto de los poemas como del Preludio y el Cauce. Si las palabras surgen
de la combinación de letras (sonidos en el caso de la poesía), las
distintas apariencias de la materia surgen de la combinación de
elementos químicos.
          Pero no queda ahí el uso de elementos químicos en el texto. También aparecen periódicamente esos símbolos al pie de algunas páginas seleccionadas, y a veces son capaces de construir significación en el poema, como en el caso de “Au” (48), muy en la línea de otros escritores españoles que han trabajado los elementos gráficos en la página poética, como el poeta y teórico Vicente Luis Mora.
            La presentaciones innovativas no quedan ahí, Rhei utiliza en varios poemas la secuencia ordenada numéricamente a modo de entrada de diccionario, con una numeración sesgada y seleccionada en donde se pone más de manifiesto la relación entre ciencia y lingüística (y por tanto, poesía), como en el poema “FUNCION” de la página 35. También es notable el aparato de citas
que inician varios poemas, que se respaldan al final con la bibliografía
seleccionada, lo que muestra que se trata de una propuesta con riesgo y
que Ana Santos apostaba por valores poéticos verdaderamente
transgresores y capaces de levantar un edificio propio.
            En su relación con la ciencia, la notable interacción que la química y la poesía tienen a través de la alquimia queda de manifiesto en el prólogo, y cuando en el poemario de Rhei leemos: “No es una onda ni una partícula/ pero brilla y
calienta, y vuelve de oro,/ y revela facetas de las cosas” “LuCeS”,
20). Pero además de lo alquímico (que también se refleja en el
mencionado “Au”), en estos versos se observa que la poeta toma a la
ciencia como una poética capaz de describir el paso del tiempo:
“Cualquier lugar,/ por mucho que se obstine en no inmutarse,/ es
convertido en arena salada por las olas” (“ArMoNiCa RuTiNa”, 21).
            Por lo que respecta a SciFiPoesia, se trata de una colección de postales con poemas de ciencia ficción ilustrados por notables ilustradores españoles y que la editorial desarrolló entre 2007 y 2009. Las parejas (poeta/artista
gráfico) de este curioso cóctel son: 1. Pedro J. Miguel/Santiago Girón
(“Tormenta Cósmica”); 2. Estibaliz Espinosa/Pablo Gallo (“Ghost in
Machina”); 3. Raúl Quinto/Joaquín López Cruces (“Zona-Cero”); 4. Javier
Rodríguez Marcos/Amaia Ballesteros (“Chatarra y Sueño: [Androides en el
vertedero]”). Se trata de cuatro poemas de ciencia ficción, género muy
sugerente, poco practicado en España más allá de grupos como
“novaexpressión” y más recientemente, el excelente poemario de Diego Doncel: Porno Ficción.
            En este caso, los poemas tocan dos temáticas distintas: 1) la destrucción posapocalíptica; 2) los robots y los androides y sus supuestas percepciones humanas al modo de Blade Runner (por poner un ejemplo conocido para el lector). De todos, y esta es una opinión subjetiva, yo me quedo con “Zona-Cero”, de Raúl Quinto, que tal vez fue el que más me impresionó, aunque cabe decir que
los grafismos de Pablo Gallo y Joaquín López Cruces resultan también muy
atrayentes.
            En fin, hasta aquí el comentario a un trabajo, el de El Gaviero Ediciones, y a una persona, Ana Santos, que trabajó en pro de nuevos territorios poéticos, como el de los intersticios de la poesía con la ciencia y la CF, dignos de
aplauso. DEP.

sábado, 21 de junio de 2014

David Refoyo: el ruido de fondo de la épica de la contemporaneidad SUBURBANO

David Refoyo: el ruido de fondo de la épica de la contemporaneidad SUBURBANO





J. G. Ballard, Loquillo y Sergi de Diego Mas. Las citas que inician el poema/poemario amor.txt, de David Refoyo (Zamora, 1983), son toda una declaración de intenciones: la ciencia ficción llevada al presente, la cultura pop y la afinidad con otro poeta contemporáneo muy interesado en la poesía conceptual y la tecnología en la misma medida. Ese parece el punto de partida de este largo poema que recuerda a otros poetas recientes de la escena española bombardeados por los medios. Recuerda a Pablo García Casado, recuerda a Manuel Vilas, al mismo de Diego y, tras leer la cita de “homo sampler”, a Eloy Fernández Porta y a Agustín Fernández Mallo, conexión que se confirma al encontrar las palabras que el poeta gallego le dedica a Refoyo y su libro en la contratapa.


Sin embargo, teniendo en cuenta la trayectoria impecable de su sello editorial, La Bella Varsovia, para apostar por voces nuevas y originales en el panorama poético español, es evidente que Refoyo tiene algo más que afinidades: tiene un estilo propio, diferente al del resto de poetas mencionados en este artículo. Si he de definir ese estilo en pocas palabras, lo calificaría de épica contemporánea, de supervivencia ante el bombardeo continuo de los mensajes publicitarios, ante el estado de sitio que nos provoca la continua innovación tecnológica, ante la inestabilidad de nuestras existencias. Y esa épica se estructura en torno al amor mediante una relación, mediante la supervivencia de las imágenes del amor pese a ese entorno apocalíptico que nos rodea gracias a una road movie escrita en forma de poema largo al estilo clásico, al modo de La Eneida, y no al modo de los poemarios contemporáneos. La fragmentación, que también está presente en el libro, sirve en este caso para encauzar el poema río y no para aislar las composiciones líricas. Se trata de una estrategia compositiva que es similar a la que utiliza Fernández Mallo en Carne de píxel con el paseo de los amantes. Pero el poeta gallego suele alejarse de los elementos épicos y aboga más por una apuesta estética. En el caso de Refoyo, es esa recuperación de la tan denostada épica en la poesía contemporánea lo que hace al poema tan original.

En este sentido, el autor sabe de las referencias de las que bebe en toda la composición pero sabe también que está dando un paso al frente cuando escribe (13): “Quiero huir del SMS/ y recrearme en la tecnología 2,0”. Para pasar acto seguido a tachar las fotos, los vídeos y las redes sociales y quedarse apenas con Whatsapp. Se trata de una apuesta nueva, distinta a la de los poetas españoles que experimentaron con la tecnología antes que él. Refoyo se encuentra en un nuevo paradigma tecnológico pues (13): “La era de la comunicación no garantiza el/ contacto”. Y es ahí donde la épica del amor es la herramienta que pretende reconstruir los puentes, y darle un sentido de completitud a la existencia. Tarea nada fácil pero a la que el poeta dedica todo su esfuerzo para acabar escribiendo en la penúltima página (44): “Alcanzamos la totalidad a través de la pantalla,/ la única realidad posible para esta generación/ audiovisual/ que somos”. Antes sus versos han transitado por las carreteras en esa suerte de road movie anteriormente comentada que compone el autor, y que es el medio a través del cual recibe el bombardeo de la contemporaneidad, ya sea en forma de cultura pop, elementos de la tecnología y la ciencia, o simplemente publicidad a lo Beigbeder. Una huida siempre estructurada en torno al mismo motivo (31):

“Conduzco por la autovía en dirección a A Coruña
me coloco detrás de un camión a 70
y no pienso adelantarlo,
no siento ninguna necesidad de conocer el
próximo capítulo
las líneas blancas, los pueblos vacíos de Castilla,
tu amor”

En esta ruta de amaneceres en distinta ubicaciones, pero principalmente en la Península Ibérica (incluyendo Portugal), resultan muy destacables las reflexiones políticas de una realidad que en 2014, año de publicación del libro, se resquebraja por la crisis. Llaman mi atención en este sentido los comentarios al denominado “problema catalán” (37): “no probaremos el cava esta navidad/ a este lado de la frontera/ por expresa prohibición del Gobierno”. Agudas observaciones que son una prueba más del carácter totalizador de la poesía de Refoyo.

A modo de conclusión y dadas las temáticas que suelo analizar tanto en mi trabajo crítico como creativo, resulta para mí sumamente interesante mencionar el uso que de los conceptos científicos y tecnológicos hace Refoyo en su poesía (de muestra, un botón [42]: “haz de luz o Bosón de Higgs”). En este sentido y teniendo en cuenta que Refoyo es licenciado en Publicidad, encuentro en su utilización de la ciencia muchas afinidades con Sergi de Diego y E-mails para Roland Emmerich (de esta manera vuelvo a las citas y al inicio de este artículo). Se trata de un uso icónico, sustentado en ese carácter audiovisual de su generación que Refoyo menciona y que tiene sus raíces en la referencia
fundamental para los escritores españoles contemporáneos en cuanto al recurso reciente de la ciencia y la narrativa a partir del bombardeo continuo de informaciones y productos tecnocientíficos que condicionan nuestras vidas. Una referencia que se observaba ya en autores consagrados como Germán Sierra o Juan Francisco Ferré y que no es otra que Ruido de fondo de Don DeLillo.