lunes, 18 de marzo de 2013

KOSMÓPOLIS13, EL BALANCE (AL MENOS POR LO QUE RESPECTA A CIENCIA Y LITERATURA)


Finalizado ya Kosmópolis en su edición de 2013, llega la hora del balance. Del balance al menos sobre uno de los grandes temas monográficos que esta edición presentaba a bombo y platillo. La ciencia ficción y las relaciones de la ciencia con la literatura, que fueron las actividades principales que quien esto firma presenció.

Esta sección, titulada Tercera Cultura, constaba de varios actos de los cuales el problema de la conciliación laboral y familiar me obligará a hablar solo de aquellos que mis ojos pudieron presenciar y mis oídos escuchar.

El primero de ellos, Tiempo de Marte, conducido por el periodista y escritor Jacinto Antón y los científicos Lara Saiz y Fernando Abilleira, pretendía mostrar las visiones que del planeta rojo había tenido la ciencia ficción y la verdadera realidad de Marte a partir de las recientes misiones tripuladas. El acto fue aburrido. Y eso pese a que la introducción literaria de Antón fue amena aunque tuviera que recurrir a los clásicos de la cf (Wells, Bradbury, Clark, Dick o el pulp de Edgar Rice Burroughs). Y a que Saiz hiciera un esfuerzo didáctico para narrar la historia de la colonización de Marte. Pero al final, el relato quedó en manos de los técnicos (Saiz y Abilleira), se cargo de nombres de rovers y datos técnicos y decepcionó. Decepcionó porque se utilizó un modelo triunfante de la ciencia, muy de agencia espacial norteamericana que no sé si es exportable a nuestras latitudes. Y porque los científicos españoles no suelen ser grandes divulgadores. Como ejemplo, cabe mencionar que el gran éxito de la sesión según los medios (aunque se trate de una noticia corporativa porque Antón trabaja en El País) fue el vídeo '7 minutos de terror en Marte', que narra las vicisitudes del aterrizaje del último rover al planeta rojo. No deja de ser paradójico que se trate de un producto muy atractivo realizado por la propia NASA, lo que demuestra que los verdaderos creadores de ciencia sí son capaces de construir un ameno relato divulgativo de sus investigaciones.

Por suerte, no todo es mala divulgación en España. Sònia Fernández-Vidal es una divulgadora excelente. Y así se demostró en la sesión titulada Ciencia ¿realidad o ficción?, que tuvo lugar el sábado 16 por la mañana e hizo las delicias de grandes y pequeños. Y eso que el reto resultaba más exigente: explicar la concepción de la realidad que tiene la mecánica cuántica. Puedo asegurarles que mi hijo, que está a punto de cumplir cuatro años, no se enteró de mucho porque en ese caso sería un genio, pero tampoco se aburrió, lo que creo que es mérito de Fernández-Vidal y los contenidos mediáticos que utilizó en su exposición de los hechos “científicos”.

Ahora bien, aunque Fernández-Vidal es una muy buena divulgadora con dos grandes éxitos editoriales a sus espaldas (La puerta de los tres cerrojos y Quantic Love), ¿podemos considerar que sea escritora en el sentido fuerte del término? Es decir, ¿utiliza la ciencia para crear un mundo literario propio o crea productos didácticos de gran consumo apoyándose en sus conocimientos científicos y sus notables dotes divulgadoras?


Y digo esto porque pese a que en las páginas de esta bitácora siempre se ha tratado bien a Fernández-Vidal por su labor, no podemos compararla con Thomas Pynchon, Don DeLillo o, en el caso español, Juan Francisco Ferré o Germán Sierra por decir dos nombres. Y eso se observó en la sesión titulada La caza del bosón, donde Fernández-Vidal, acompañada de las científicas Tamara Vázquez y Martine Bosman, trató de hacer un paralelismo entre la búsqueda del Bosón de Higgs que ha emprendido el CERN y que hemos podido seguir por la prensa, y el relato de Lewis Carroll La caza del snark. Sin embargo, en el parlamento de las tres científicas, el texto de Carroll apenas si aparecía de forma anecdótica. Unas cuantas líneas leídas en voz alta sepultadas por la narración de la búsqueda del Bosón. Si excluimos las explicaciones un tanto áridas de Bosman, se trataba de buena divulgación. No tengo tan claro que fuera literatura. Ni se hablaba de cómo podían interactuar estos descubrimientos con la literatura contemporánea, ni se hacían menciones literarias más profundas a ese vasto conocimiento científico, ni -atendiendo al título del tema monográfico- se observaba el trabajo intelectual de los ensayistas más destacados de esa denominada tercera cultura, como Richard Dawkins.

Por suerte, la actividad programada en torno al genoma y su concepción como lenguaje sí dio de qué hablar. Supongo que por el elevado bagaje intelectual de los participantes: el biólogo y físico Ricard Solé, el escritor y filólogo Pau Vidal y el bioinformático Roderic Guigó. Y allí, además de explicarnos que la ciencia crea lenguaje, también descubrimos que las secuencias del lenguaje tienen nexos en común con las secuencias que conforma el ADN en su propia regeneración. Y quién sabe, tal vez el genoma también sepa crear belleza al reconstruirse. Y entonces sí disfrutamos de los puentes que a veces nos tienden la ciencia y la literatura.

En todo caso, queda la reflexión del hecho en conjunto. Por qué dedicar una sección entera a la relación de la literatura con la ciencia y la ciencia ficción si no va a haber interacción con los libros, ya sean estos ensayos divulgativos o novelas. La divulgación oral no es exactamente literatura.

Temo que los organizadores se han dejado llevar por los nombres más populares y las sesiones muy mediáticas (pero bastante vacías de público) y no por la temática que anunciaban a bombo y platillo. Temo que se ha tratado de un espectáculo a la búsqueda de la venta de entradas y la comercialización y no del conocimiento. Dónde estaban los narradores y poetas españoles, los narradores y poetas catalanes, que están escribiendo hoy día notablemente influidos por la ciencia y la tecnología. Retomo aquí algunas de las críticas que se hicieran al anterior director del CCCB en el pasado. Siempre se le acusó de ningunear la escena local a la búsqueda de grandes nombres internacionales. Dónde están ahora los nombres locales. Más allá de la lucha de series de Carrión frente Vigalondo (a la que un servidor no pudo asistir por sus otras obligaciones), el eterno David Jou o la sugerente aportación de Pau Vidal, brillaron por su ausencia. Se ha copiado el patrón de mediatizar la cultura pero sin siquiera contar con nombres de prestigio internacional. Deberían tomar nota para ediciones futuras.

Todas las fotografías extraídas del flikr del CCCB.