lunes, 4 de marzo de 2013

UN PRESENTE CIBERNÉTICO

Aunque son malos tiempos para un supuesto ciborg como es el atleta sudafricano Oscar Pistorius, acusado del asesinato de su novia y conocido mundialmente por competir con prótesis en las piernas, hoy voy a hablarles de ciborgs, algunos de ellos de verdad.

Para empezar, una medalla (por cuanto deberemos archivar este post en autobombo). Según un artículo publicado por Víctor Vila en la recién estrenada revista digital Portal cienciayficción, en un futuro no muy lejano las personas podremos convertirnos en ciborgs al llevar chips implantados en el cerebro que nos permitan la recuperación de la memoria o la telepatía. Pese a que utilizara esa idea más como recurso literario que como prospectivo en “El cambio”, el cuarto de los relatos que aparecen en Artefactos, se postula esa posibilidad para tener un narrador capaz de vaticinar el futuro. Como es la primera vez que me sucede algo así, vamos a dejarlo solo en el comentario.

El que en realidad me interesa es el verdadero ciborg Neil Harbisson. Un músico y videosartista británico-irlandés-catalán que hasta 2004 sufría acromatismo. Una enfermedad que hace que el individuo vea el entorno en blanco y negro, sin capacidad para percibir los colores. Es en ese año, 2004, cuando Harbisson se convierte en un ciborg. Con la ayuda del estudiante de cibernética británico Adam Montandon, se instala en la cabeza un eyeborg.


¿Qué es un eyeborg? Un aparato que, con el software adecuado, permite traducir los colores a notas musicales. En concreto, le permite a Harbisson comprender los colores, traducirlos a formato sónico, pintarlos y hasta ampliar la gama de color, pues toda onda de luz es traducible a una frecuencia sonora. Incluidas algunas frecuencias invisibles como el infrarrojo.

Como ven, estamos hablando de una nueva forma de percibir la realidad en una formato más extendido. En un formato diferente, una realidad diferente, pues Harbisson llega a afirma desde su privilegiada perspectiva que:“No hay pieles blancas ni pieles negras, todos somos naranja. Las pieles blancas son naranja claro y las pieles negras son naranja oscuro”. Lo que no deja de sonar fascinante y le da a uno por pensar que tal vez en una realidad ciborg seamos capaces de superar nuestros problemas de percepción que han mostrado las limitaciones del pensamiento, iniciado con la Revolución Científica y limitado por los sentidos de forma clara. Quizás con aparatos implantados como el de Harbisson seamos capaces de percibir la realidad como un sistema emisor de fenómenos medibles (radiación electromagnética, vibración sónica, percepción táctil, olfativa...) universal y capaz de evitar las paradojas creadas por la Mecánica cuántica y teorías afines. En especial, si tenemos en cuenta los sentidos superiores de algunos animales. Así llegaremos a comprender en toda su extensión la afirmación de Harbisson: "No es la unión entre el ojo electrónico y mi cabeza lo que me convierte en ciborg sino la unión entre el software y mi cerebro".


Porque Harbisson es el primer ciborg reconocido por un Estado. Al tener que hacerse el pasaporte británico en 2004, presentó las fotografías requeridas con el aparato en su cabeza que podemos ver en las imágenes. Fue rechazado. Pero el apoyo de diversos investigadores hizo rectificar al gobierno británico, haciéndole aceptar su condición de ciborg.

Además de ciborg, Harbisson es artista (lo era antes de que se le implantara el eyeborg). Y no deja de ser interesante estudiar la influencia de ese eyeborg en la obra de Harbisson. Una obra que, por evidentes motivos, se inició en blanco y negro y le llevó a realizar varias exposiciones en 2004. Sin embargo, ya en 2007, Harbisson se embarcó en un ambicioso proyecto ciborg: representar los dos colores principales de ciudades europeas de cincuenta países. Aprovechando que su eyeborg, además de traducir a sonidos los colores, también asocia a los sonidos cotidianos con colores, Harbisson realizó Color Scores, donde traducía a visiones cromáticas esos sonidos.

Harbisson, pianista de formación, también ha utilizado su condición de ciborg y las capacidades que permite el eyeborg para hacer evolucionar su música. Incorporó la capacidad de percepción del color y su relación con el sonido a su piano, convirtiéndolo en un piano cibernético. Desde ese cambio en su instrumento habitual, Harbisson ha colaborado con músicos tan dispares como la violinista Armiina, la cantante Maria Huld o los músicos catalanes Pau Riba, Albert Pla y Pascal Comelade, además de realizar numerosas performances con otros artistas.


Sus retratos sonoros son otra aplicación artística relacionada con estas aptitudes. En ellas traduce a melodías lo que su ojo ha percibido al observar a personajes conocidos como Al Gore, Gael García Bernal, Antoni Tàpies o Woody Allen.

Precisamente, debido a la labor creativa de Neil Harbisson como ciborg, se fundó en 2010 la Cyborg Foundation. Primero se ubicó en el Campus Tecnològic de Mataró para pasar a levantar su campamento base en Barcelona. Los miembros fundadores de esta iniciativa fueron el mismo Harbisson y la coreógrafa Moon Ribas.

Para entender de forma sintética la labor de esta fundación, enunciaremos los tres objetivos de la Cyborg Foundation:
  1. Ayudar a las personas interesadas a convertirse en ciborgs.
  2. Defender los derechos de los ciborgs.
  3. Promover el uso de la cibernética en las artes.
Con la idea de crear o extender los sentidos humanos, aplicando la tecnología al cuerpo humano, la fundación potencia la investigación, la promoción y la creación de proyectos relacionados con esta iniciativa. Siempre sin ánimo de lucro, pues no venden sus dispositivos (y evitan así la crítica de colaborar en un mundo cibernético capitalista), y sin hacer distinción entre personas con minusvalías y sin minusvalías.

Además del eyeborg de Harbisson, implantado a ciegos en Ecuador, la fundación ha desarrollado el speedborg, un radar interno capaz de percibir la velocidad exacta de los objetos que se mueven delante nuestro. También han desarrollado en fingerborg. Un dispositivo diseñado para ayudar a extender los sentidos de un estudiante de multimedia que había perdido un dedo. Consiste en introducir una cámara de miniatura en una prótesis de dedo y hacer que la cámara interactúe con el cuerpo del joven.


Su último proyecto hasta la fecha es la extensión de la visión humana a 360º. Se trata de incorporar un sensor en la nuca de una persona (en este caso, la coreógrafa Moon Ribas), de manera que el sensor empieza a vibrar cuando alguien se le acerca por la espalda. Como ven, toda una nueva realidad se extiende más allá de nuestros sentidos. O como afirma Harbisson: “El ser humano está destinado a convertirse en ciborg; llevamos siglos usando la tecnología como herramienta y el siguiente escalón es que pase a ser parte de nuestro cuerpo".