miércoles, 26 de diciembre de 2012

TEORÍA ATÓMICA Y LENGUAJE

 
La parte y el todo: conversando en torno a la física atómica, es el libro que dedica Werner Heisenberg, el famoso físico téorico, el padre de la Mecánica cuántica y del Principio de incertidumbre, a relatar sus recuerdos de las conversaciones con los más afamados físicos de su época: Niels Bohr, Wolfgang Pauli, P. A. M. Dirac, Erwin Schrödinger… Y, a diferencia de lo que pueda desprenderse tras leer el título, en esas tertulias no solo se habla de física cuántica. O para ser más estrictos, se habla solo un poco de física cuántica. Ese suele ser el tema que da pie a otras conversaciones que lo engloban todo: el lenguaje, la política, la ética y hasta sus vivencias con el régimen Nazi, que Heisenberg sufrió en primera persona. De sus recuerdos se desprende lo difícil que resulta expresar algunas decisiones en la vida, pues aunque el físico alemán pretende siempre una imagen ecuánime y crítica para con la política de Hitler, todo el mundo conoce a día de hoy su colaboración con los Nazis al frente de la física alemana y del Proyecto Manhattan alemán en busca de la construcción de la bomba atómica. Sin embargo, también se observa porque está generación de físicos, entre los que cabría incluir a Albert Einstein pese a su postura crítica frente a la Mecánica cuántica, tenían una cultura que lo abarcaba todo, desde la filosofía clásica a la teoría política, pasando por las religiones orientales o la mente humana. Un saber enciclopédico inconcebible hoy en día. El último destello de aquella globalidad cultural lo encontramos en el bautismo de los quarks, palabra extraída del complejo Finnegans Wake de Joyce. Una muestra del nivel que gastaban estos físicos teóricos.

Curiosamente, lo que me ha parecido más interesante del libro de Heisenberg, es la importancia que tanto este como el físico danés Niels Bohr dan al lenguaje. Bohr consideraba que solo con un lenguaje nítidamente claro se podía entender el conocimiento que se estaba derivando del descubrimiento de la teoría atómica. El lenguaje partía de un legado cultural. Pero debía evolucionar con los nuevos descubrimientos y, sobretodo, debía dar lugar a un consenso para asimilar ese conocimiento, lo que me resulta un posicionamiento fascinante para provenir de un científico.