miércoles, 21 de septiembre de 2016

Cosas que siempre ocurrirían en el frío - Suburbano Ediciones

Cosas que siempre ocurrirían en el frío - Suburbano Ediciones


Un barco bautizado con el nombre de Esperanza se dirige hacia el norte. A Islandia para ser más precisos. En él viajan los elegidos o los repudiados de cada una de las culturas que conforman el mundo, según se mire. Van al encuentro de un ente desconocido que ha creado un cambio climático radical: una nueva glaciación que ha provocado la fuga en masa de los animales hacia el norte, y ha hecho inhabitables los países hasta entonces más ricos y desarrollados.

Esa es la sinopsis de la historia que encierra Con el frío (Aristas Martínez), la novela del escritor Alberto Torres Blandina (Valencia, 1976), estructurada a partir de 16 relatos que se desarrollan en distintas geografías del globo, y 16 microtextos asociados con cada relato y con el pasaje que habita el barco. Narraciones que radiografían las diferentes miserias del ser humano en una situación límite, y que se resuelven con diversos recursos narrativos.

Torres Blandina, su autor, es un escritor contrastado a la hora de vertebrar historias breves dentro de narraciones más largas. Fue el ganador del premio de novela Las Dos Orillas en 2007 por la novela Cosas que nunca ocurrirían en Tokio (2009), que tuvo un notable éxito de público y fue galardonada con el Premio Europa de la Médiathèque de Bussy Saint-George a la mejor novela extranjera publicada en Francia. Finalista de Premio Gijón en 2008 por la novela Niños rociando gato con gasolina (2009). Y autor de Mapa desplegable del laberinto (2011), una novela también de voces múltiples que de nuevo estructuran una historia mayor. Una característica que se encuentra, lógicamente, en la extensa labor que Torres Blandina ha desarrollado en torno a su propuesta por una literatura colectiva, en su caso a partir del grupo Hotel Posmoderno, radicado en Valencia, del que forma parte y con el que ha colaborado en tres obras, lo que da una idea de la capacidad de este autor poco individualista por construir historias que se asocian a otras por un fino hilo.

Esa estética queda definida explícitamente en Con el frío a través de la voz de una de las mujeres del pasaje del Esperanza cuando esta afirma:

“El último capítulo tiene la culpa de que cualquier historia se convierta en un trayecto lineal y superficial. Del punto A al punto D. ¿Pero qué ocurre cuando el punto D desaparece? ¿Qué ocurre si una menopáusica lo tira al océano? Que las preguntas, al no tener hacia dónde dirigirse, se multiplican y el libro se ramifica, se desborda, se enmaraña, se contradice, se anula o incluso transcurre paralelo a sí mismo.” (125)

Sin embargo, la gran diferencia que quien esto escribe observa en Con el frío respecto a las anteriores publicaciones de Torres Blandina es su apuesta por la distopía y los elementos fantásticos. La clave para llevar a un buen puerto literario a ese barco. Con razón se entiende que Aristas Martínez, una de las pocas editoriales españolas —quizá la única en el momento en que escribo esto— capaces de editar textos que aúnan calidad literaria con géneros no realistas, haya apostado por esta novela.

En este sentido, el motor de la narración de Con el frío resulta un acierto: un cambio climático inverso al que todo el mundo espera, del que no se explica en ningún momento la causa, o se explica desde tantos puntos de vistas, y se pretende solucionar de tantas maneras: desde la guerra nuclear (83) hasta la reencarnación (123), pasando por las distintas respuestas de los ritos y las creencias humanos (144, 171 y 197), que empuja la narración hacia lo fantástico. Una solución que sugiere más que sentencia, como es propio de la buena literatura. Se trata de un recurso sutil de consecuencias inimaginables que trastoca, por ejemplo, todas las rutas migratorias del planeta, y obliga a los países ricos a construir barrios enteros en África.


El académico y crítico literario Fernando Ángel Moreno afirma que la ciencia ficción es el género más político de la actualidad. Con el frío da la razón a Moreno y muestra que los géneros fantásticos resultan de una gran potencia para plantearnos preguntas importantes, quizá mucho más que otros géneros. Si además tenemos en cuenta que toda la historia está narrada cuidando el estilo con exquisitez, no sé a qué esperan para empezar a leer.