lunes, 18 de febrero de 2013

POLÉMICA OBESIDAD

 

La polémica, que parece instalada en la literatura actual, no es (solo) un valor contemporáneo. Hace tiempo que es un acicate para la creación de narraciones y la construcción de personajes, ya sean estos los propios autores o arquetipos ficticios.

Tropo Editores, un sello que destaca por la exigente selección de sus títulos y que ha descubierto a autores como Matías Candeira, Mar Sancho o Paula Lapido, acaba de publicar El martirio del obeso, de Henri Béraud, premio Goncourt en 1922.

Un libro cargado de crítica social de labios de un gordo, ese paria contemporáneo, no deja de ser de extrema actualidad además de polémico. Presentistas parecen también sus juicios acerca de la falta de interés por los viajes, y una frase que me dejó fascinado (“estos tiempos de telefonía sin cables”).

Pero si hemos de hablar de polémicas deberíamos comenzar por las que propició el autor en el pasado siglo XX. Un personaje que ya daría el solo para un post. Y no por ser un obeso declarado tal como se podría extraer de su novela. Tampoco por tratarse de un periodista aclamado y un escritor laureado. No, más bien por su pasado antisemita, nazi y colaboracionista en la Francia de Vichy, hecho que le llevó a los calabozos al final de la Segunda Guerra Mundial. Cambió el patíbulo por una cadena perpetua gracias a la intercesión de amigos escritores como François Mauriac y acabaría muriendo fuera de ella por culpa de su deteriorado estado de salud. Quizá por su obesidad.

La grandeza de la literatura, y en general del arte, es que personajes tan políticamente incorrectos son capaces de crear preciosas y precisas obras de arte que poco tienen que ver con ese carácter controvertido (o tal vez sí, quién sabe). En este caso, una novela escrita a modo de monólogo por un personaje obeso, que traba conversación con el asiduo de un bar en la provincia francesa. Al modo de En el culo del mundo de Lobo Antunes pero setenta años antes, el narrador le explica a su oyente (que somos todos) sus desventuras amorosas.

El libro curiosamente, no es gordo. Apenas 138 páginas (una nouvelle). Y se entronca en la tradición literaria francesa. No solo por su interés en la polémica, que en Francia tanto cultivaron Rimbaud y Baudelaire, que también practicaría Céline, su contemporáneo, y que ha llegado a nuestros días con escritores como Houellebecq. También porque nos permite recuperar la vitalidad que el relato narrado en primera persona tiene y ha tenido en las letras francesas (recordemos sin ir más lejos a Proust y Camus). Así como la importancia del humor, la ironía y la autocrítica en la literatura gala desde Rabelais. El argumento no deja de ser de fuerte raigambre francesa: la historia de un enamoramiento y su resolución. Un triángulo entre mujer despechada, marido inconsecuente, y amigo y confidente enamorado y gordo.

Resulta fascinante observar página tras página, cuanto da de sí la literatura narrada por un obeso. No solo por las lecciones gastronómicas que aquí conocemos por obra y gracia de Vázquez Montalbán. También por menciones a la tradición literaria como las de Gargantúa o Sancho Panza. El libro es polémico, qué duda cabe. Pero para asombro del lector y a diferencia de otro maldito como Céline, el antisemitismo, la anglofobia y la apología del fascismo brillan por su ausencia en un texto donde la tensión y la risa se mantienen hasta el final. Claro que se escribió en 1922 y faltaban muchas polémicas por acontecer.