martes, 3 de julio de 2012

VALLVI Y LA CRISIS DE LA NOVELA


El debate sobre el final de la literatura viene de lejos. Muchos son los agoreros que hablan de agotamiento en el mundo de las letras. Esa discusión se ha vuelto a activar en los últimos días en el ámbito de las bitácoras y la prensa a raíz del artículo “Desnudo en la bañera, asomado al abismo”, del escritor inglés Lars Iyers, que ha dado lugar a las respuestas de Enrique Vila-Matas en El País y Javier Avilés en su bitácora, muy respetada por quien esto escribe. 

Curiosamente, esta nueva entrega de la discusión sobre el fin de la literatura está muy centrada en la perspectiva que la alta cultura tiene de ella. Se habla de los escritores primigenios como semidioses, titanes que solo pensaban en la gloria. Se denosta el mercado y toda relación que la literatura tenga con él. Se habla de la imagen más purista posible del mundo de las letras.
 
Se niega, en definitiva, la relación que el relato contemporáneo tiene con el cuento de hadas y la que conecta a la novela moderna con las novelas de caballerías en su estructura. La característica episódica de la narración que, como en el relato de aventuras de los caballeros medievales, cuenta una historia pero que, en el caso de la novela culta, en realidad nos está contando otra muy distinta. Eso y la parodia son el germen de El Quijote, la obra fundacional del género junto a Pantagruel y Gargantúa. Esa combinación es la que permite el éxito de público junto con la llegada de la imprenta. La novela aúna al lector con carencias intelectuales pero que quiere acceder a un saber superior y es capaz de seguir una historia, y al lector culto que prefiere que el conocimiento le llegue de una forma entretenida. La clase media de la lectura. Los que quieren crecer intelectualmente, y los que, desde el saber, gustan de compartir sus lecturas con un público mayor. El cuento siempre es más exigente. Eso al menos, en la época en que se leía. Ahora todo resulta más difícil.

Que la crisis de ese compendio entre alta y baja cultura que es la novela moderna viene de lejos lo certifican las afirmaciones de Eduardo Mendoza al respecto. Y sin embargo, a veces le cae a uno a las manos precisamente eso, una novela que entretiene y a la vez incluye un mensaje no banal. Es el caso de Vallvi, la segunda novela de Edgar Cantero, el escritor catalán que ganó el premio Creixells con su primera novela, Dormir amb Winona Ryder.


Su nuevo libro, de ritmo trepidante, contiene unos personajes rotundos (de esos que le gustarían a Kiko Amat), como la Punker -una heroína de los nuevos tiempos-, un universo alternativo como el que construye el autor en torno a la localidad de Vallvidrera, a las afueras de Barcelona, una trama detectivesca cuidada al milímetro, elementos extraídos de la propia biografía del autor, otros claramente fantásticos e inverosímiles como los Merry Men, y mucha acción. Tanta, que a veces el libro se asemeja a un video juego. Pero ese es uno de los mensajes subliminales que nos deja Cantero:
en la narrativa actual, la novela de aventuras solo puede ser un video juego. Y el relato policíaco solo puede ser paródico, con un antihéroe de manual como el que utiliza, trasunto del propio Cantero, en una vuelta de tuerca más de la autoficción. De pistas teóricas como estas también está plagado el texto, aunque el escritor reivindique una motivación hedonista al escribir frente a los cantos de sirena de la literatura catalana más sublime (precisamente, una postura parecida a los mencionados Iyers y Vila-Matas). A fin de cuentas, Cantero es un escritor difícil de clasificar. Es cierto que forma parte de una hornada de escritores que mezcla lofantástico y lo realista.Y que utiliza formatos trans media en sus obras. A fin de cuentas, se gana la vida como dibujante en El Jueves con una tira cómica, y en esta novela llega a intercalar un cómic sobre los Merry Men de otro dibujante. Pero como bien lo define Manel Ollé en la contraportada del libro: “Edgar Cantero no va de res” (Edgar Cantero no va de nada). Y eso se agradece en estos tiempos de tanta pose y tan poca literatura

Por otra parte, si hemos de atenernos a las relaciones de esta novela con la ciencia contemporánea, que es uno de los temas mayores tratados en esta bitácora, pues que quieren que les diga, también las tiene: toda la cadena de explotación y producción de una droga nueva como es el glaç; ciertos problemas médicos del protagonista; la continua aparición de metáforas científicas, así como del uso de la tecnología, una tecnología irónica como en el caso del Merrimòbil; la aparición de un biólogo sueco, carne de Erasmus, que cultiva marihuana; la geología que recorre la montaña de Collserola. Vamos, que Cantero no es un amateur y trabaja sus novelas en profundidad, lo que demuestra que saber y entretenimiento no tienen por qué estar reñidos.

Sin embargo, y enlazando con el primero de los párrafos de esta entrada, uno puede preguntarse dónde está el público de Cantero. Cómo es posible que todos los jónenes de entre veinte y treinta años no estén leyendo esta novela. Cómo encuentra uno dos ejemplares de una novela que debería estar agotada en una librería de prestigio para la literatura catalana como es la 22 de Girona. La respuesta es fácil: los jóvenes no leen novelas. No lo hacen pese a que el libro este pensado precisamente para ellos, sea entretenido, use su propio lenguaje (además del lenguaje inventado por el autor para los habitantes de Vallvidrera), contenga sus inquietudes y sea capaz de retratar el signo de los tiempos. Tal vez sus potenciales lectores jueguen a vídeo juegos más aburridos que este libro, o escuchen música en su iPad, o vean series de televisión en casa y películas en el cine, o escriban en facebook. Pero no leen. Una parte importante del público joven ha dado la espalda a las buenas novelas. Ese sí que es un ejemplo de la crisis de la literatura.