jueves, 19 de abril de 2012

NICHOLAS TALVOLA: UNA PROPUESTA ANTIGUA

Tras el éxito de The Artist en los premios Óscar de este año, se hizo evidente a nivel mundial el retorno de los formatos clásicos en el mundo de la estética. Por ejemplo, el cine mudo que propone la película mencionada; o el relato decimonónico en novelas como Libertad, de Franzen, con las críticas que ha suscitado a favor y en contra. Sin embargo, no debemos llevarnos a engaño, mucho hay de pose en estas actitudes, como se puede ver con los New Traditionals, tan "en la onda" en la Inglaterra contemporánea, cuna de la mayoría de waves del siglo XX.

En este contexto, el pasado 12 de abril se presentó en la sala Blow Gallery del Raval de Barcelona (Sant Rafael, 27, junto a la Rambla del Raval) la exposición de Nicholas Dominic Talvola, titulada Blow-Up.

Se trata de un joven fotógrafo norteamericano afincado en Barcelona que trabaja con cámaras fotográficas antiguas pero de una excelente óptica: 1) una Rollei-Flex 3.5 modelo T; 2) una Leica M2 de 1957. Aquí el artista con la segunda:


Como es evidente, con aparatos antiguos lo que uno se encuentra en la exposición son fotos antiguas. Aún más si tenemos en cuenta que Talvola utiliza las técnicas de la fotografía espontánea de Henri Cartier-Bresson o Robert Frank, pero más especialmente las del mítico Joan Colom, primer gran fotógrafo del Raval barcelonés. Talvola aprovecha los descansos que le permite su banda de jazz, donde toca la trompeta, para pasear y retratar por sorpresa la Barcelona contemporánea desde una mirada antigua.

Este último dato resulta fundamental para entender a Talvola, con más de una década tocando la trompeta. Aquí la prueba, sacada de su perfil en myspace (no se pierdan sus sugerencias musicales):


 
La apuesta por tocar jazz en una ciudad con tan poca oferta musical ya dice mucho. Si tenemos en cuenta que hablamos de alguien que fuera DJ y skater en su adolescencia, aún más. Talvola lleva ya años apostando por lo antiguo. Sus fotografías son un paso más en esa recuperación de la bohemia y el movimiento beatnik que él idealiza. Precisamente, el pasado de la gran creación norteamericana en el siglo XX (el club de jazz y la fotografía espontánea), ahora que allí se habla tanto de decandencia.

No es que comulgue completamente con esos postulados estéticos (yo prefiero recuperar lo clásico desde formatos contemporáneos). Sin embargo, cabe destacar que su propuesta estética es algo sólido, no la proposición de un arribista que se deje mecer por las modas.