lunes, 23 de abril de 2012

DE LO LOCAL, LO GLOBAL Y LA FÁBULA EN SANT JORDI

En una fecha tan señalada como la de hoy, día del libro, es de rigor hablar de literatura. Y lo haremos debatiendo si todo lo que se escribe fuera, y más concretamente, en torno a Nueva York como centro literario, es mejor por decreto de lo que se escribe en otros ámbitos más locales.

Para ello utilizaremos un género universal como es la fábula. Porque las dos novelas de las que trata este post son fábulas (también historias de amor). La primera, Super Sad True Love Story: A Novel, de Gary Shteyngart, es una fábula sobre el futuro político de la sociedad estadounidense, y con ello, del mundo. La segunda, La dona que es va perdre, de Marina Espasa, es una fábula de la realidad a partir de dos mundos paralelos (hombres y topos) y una suerte de Alicia contemporánea en busca del amor.



Aunque la primera novela lo ha tenido todo, con una promoción sonora que derivó en entrevistas y reseñas muy visibles, uno la lee y no parece que sea para tanto. El libro contiene cosas interesantes: el humor; el tratamiento de la ciencia y la tecnología (los fascinantes äpärät); un arranque explosivo con un narrador que trabaja para una empresa que proporciona la inmortalidad; el uso de formatos tecnológicos para los diálogos entre los personajes; una visión global (la novela arranque en Roma, después se traslada a Nueva York, el narrador es de origen judío ruso, su pareja de origen coreano); o una interesante reflexión sobre la ciencia ficción ("the true subject of science fiction is death, not life"). La estructura también resulta sugerente, en torno a los diarios de Lenny Abramov y las conversaciones en redes sociales de los protagonistas. Por lo que el autor se permite jugar con las distintas versiones de los hechos narradas por los propios personajes en esta historia de amor un tanto cínica. Sin embargo, uno lee el libro y le invade ese aurea de frivolidad contemporánea de la que tanto se queja Vargas Llosa. Los diálogos son planos; las tramas, que podrían ser profundas, solo se perciben levemente; la historia principal es harto previsible. Uno acaba con ganas de dejar de leer, justo aquello de lo que tanto se queja el protagonista principal. El entorno fantástico producido por un relato futurista cortocircuita en alguna parte. Nada que ver con la magnífica "Recompensa" de George Saunders o Ruido de fondo de don DeLillo (lo que muestra que esta entrada no está en contra de la tradición literaria norteamericana, sino a favor de la calidad).


En cambio, La dona que es va perdre no ha gozado de gran atención mediática como Super Sad True Love Story (incomprensiblemente, no está incluida en la lista de recomendaciones para este Sant Jordi pese a tener críticas elogiosas). Además, está escrita en catalán, que no es una de las lenguas mayoritarias en el (triste) negocio literario. Sin embargo, contiene muchos más universales literarios pese a desarrollarse en un entorno local. También utiliza elementos científico tecnológicos (como las máquinas de intercambio de sexo). Pero además, el tono es sublime, y la historia envuelve. La narración está impecablemente bien contada, estructurada en tres partes. Una inicial en Barcelona con elementos fantásticos infiltrados. Una segunda plenamente fantástica, que se desarrolla en el mundo de los topos, suerte de actualización de Alicia en el país de las maravillas (precisamente, la protagonista se llama Alicia). Y una tercera que ensambla la fantasía en la realidad con la vuelta de Alicia a su vida cotidiana diez años después, y que justifica los recursos surrealistas que vaticina la portada del libro. La fábula cumple su función a las mil maravillas pese a que la historia se desarrolle en un ámbito local y en un mundo imaginario.

¿Que cuáles son las razones de este desajuste entre ambos libros? Pues hay muchas, y la mirada de cada lector puede tergiversarlas. Pero se me antoja que algunas de ellas podrían enumerarse y todos estaríamos de acuerdo:

  1. La lógica interna del relato: algo fundamental en una fábula. La novela de Espasa la mima desde la metamorfosis inicial. De este modo, uno se introduce en una historia donde todo, los topos, los infiltrados, las máquinas de intercambio de sexo, funciona de forma verosímil en un entorno fantástico y hasta surrealista. El relato de Shteyngart es mucho más descuidado, lo fantástico se desdibuja con la crónica política futurista.
  2. La conexión simbólica de la fábula con el mundo real: precisamente, el simbolismo de la novela de Espasa, que es un relato netamente fantástico en su segunda parte, se entrelaza con el mundo real en sus significaciones mucho más que la narración de Shteyngart, que se deja llevar por el guiño autobiográfico. Ese recurso también lo utiliza Espasa, pero siendo siempre fiel a la simbología de la novela. Su resultado salta a la vista: lo abstracto congenia mejor con lo real que el propio realismo.
  3. El lenguaje: descuidado en Shteyngart, es el aceite fundamental para que la máquina de Espasa funcione. La excusa de Shteyngart al utilizar lo coloquial para buscar un texto más cercano resulta una falacia desde que se publicara La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Si el lenguaje coloquial está bien trabajado, la lectura del texto resulta impecable. A fin de cuentas, estamos hablando de literatura, es decir, de lenguaje hecho arte.

Con estas tres ideas básicas se desface el entuerto. Nos encontramos ante un problema de tiempo. Super Sad True Story es un producto de elaboración rápida para ser puesto a la venta en el mercado de forma rápida. Sufre las carencias de su propio planteamiento. La dona que es va perdre es una obra de lenta elaboración, una obra (de arte) literaria. A veces, el "entorno" condiciona el producto, y no estar en el centro (literario) puede ser un bálsamo.