viernes, 25 de octubre de 2013

POTENTE FICCIÓN TESTIMONIAL


Así se podría definir la primera novela de Najat El Hachmi, L’últim patriarca, que se alzó con el premio Ramon Llull de novela en el año 2007. Una novela intensa, muy seriamente narrada, que explica las vicisitudes de la emigración marroquí en Catalunya, y más concretamente en Vic, a través de la figura del padre de la narradora. Un personaje terriblemente dramático: machista, violento, irascible, egoísta, mujeriego y borracho, que abusa de la confianza de todas las mujeres que le rodean, empezando por su madre y sus hermanas, siguiendo por su mujer y acabando por su hija. Un personaje que, sin embargo, no deja de ser narrado desde una óptica compasiva y hasta humorística en ciertos pasajes.

La novela, escrita en primera persona, pretende ser un testimonio directo de la narradora, que no de la autora. Sin embargo, está notablemente bien estructurada, dividida en dos partes perfectamente bien diferenciadas y hasta simétricas, y donde los testimonios cumplen a la perfección la estructura narrativa sin hacerle perder un ápice de sinceridad testimonial a la historia.

Los capítulos, estructurados como narraciones cortas, utilizan la fragmentariedad para enlazar la historia y aprovechan esa atomización para centrarse en momentos impactantes de la vida de la familia protagonista desde el nacimiento del hijo que luego será el padre.

El único lunar de la historia, si es que hay alguno, o si es que se puede considerar así, es el final, que al parecer de quien esto escribe, es demasiado extremo. Pero tal como está hilvanada la estructura de la historia, también es cierto que se trataba de único final posible.