Me congratulo en anunciar los dos ciclos sobre cine y ciencia que están teniendo lugar el Barcelona y Valencia respectivamente. Por desgracia, el ciclo de Barcelona ya se inció, pero podéis incorporaros a mitad. Estos son los datos de cada uno de ellos:
En Barcelona:
TERÀPIES DE CINEMA. Cicle de cinema sobre medicina i salut
Organizado por el Ateneu Barcelonès y el Centre d'Història de la Ciència (CEHIC-UAB).
Calle Canuda, 6 - 08002 Barcelona
El ciclo ya está iniciado pero aún podéis asistir a dos sesiones. Este es el programa:
Quin paper juga el coneixement mèdic i sanitari al cinema? I quin paper juga el cinema en la generació, circulació i gestió d'aquest coneixement? En el cicle "Teràpies de cinema" explorem com el cinema reflexiona sobre la medicina i la salut, i com contribueix als processos de construcció d'aquest coneixement.
"Presentació del cicle: les complexes relacions entre cinema i medicina"
Ponent / moderador: Carlos Tabernero Holgado (CEHIC)
Dimarts 22 de maig de 2012. 7 pm
Frankenstein (James Whale, 1931, 71 minuts), realitzada a partir de l'obra de teatre de Peggy Webling (1927) sobre la novel•la de Mary Shelley (1818), ens permet explorar, des d'un punt de vista històric, les complexes relacions entre els mitjans de comunicació (sobretot el cinema i la literatura) i els processos de generació, circulació i gestió de coneixement científic-metge.
Seguirem amb "Odissees de metges" (Dijous 29 de maig, pel·lícula: Dr. Erhlich’s magic bullet), "A la recerca del malalt" (Dijous 5 de juny, pel·lícula: Panic in the streets), i "Els corredors de la ment" (Dijous 12 de juny, pel·lícula: Shock corridor).
En Valencia:
CIENTÍFICOS LOCOS
Organizado por el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero
Palau de Cerveró. Plaza de Cisneros, 4. 46003, Valencia. www.ihmc.uv-csic.es
Ahí os dejo la imagen del programa (perdón por el tamaño exagerado pero sino, no se leen bien las letras):
El astronauta se comunica desde el futuro. Me dice que es falso que no nos preocupáramos de temas relacionados con el entorno, el medio ambiente y el modelo productivo el pasado (para él, presente nuestro). Que una vez tuve una larga conversación por correo electrónico con un poeta y escritor llamado Sergi de Diego Mas, justo después de publicar un poemario titulado E-mails para Roland Emmerich. Y yo escarbo entre mis correos (que no en los de Emmerich). Gracias al buscador de gmail descubro que el astronauta sabe más de mi presente (su pasado) que yo mismo. Así que trato de recomponer la larga conversación de correos con Sergi de Diego con los retazos que obtengo en cada uno de los mensajes. Al final obtengo esto:
Carlos:
Tu poemario es muy audiovisual. Yo diría que es multimedia. De
hecho, en tu bitácora, Interferencia
sónica (http://interferenciasonica.blogspot.com.es),
utilizas una estética similar a la del poemario, solo que apoyada
por un soporte multimedia. ¿Cuáles son las posibilidades creativas
del blog y cuáles las del libro de poemas en el proyecto estético
que propones?
Sergi:
Los blogs no sólo anticiparon una
nueva manera de afrontar la lectura (cada vez encontramos a más
personas en el metro leyendo en e-readers), sino que también
afectaron al método y a las potencialidades de la escritura,
nutriéndolas de nuevas herramientas. Hoy pueden parecer una obviedad
actividades plenamente instauradas en la conciencia del individuo,
como clicar decenas de veces al día sobre enlaces, ver unos cuantos
vídeos en youtube o compartir fotografías en alguna red social.
Cruzar esas posibilidades amplía enormemente la paleta de colores
con la que poder afrontar discurso y argumentos en la escritura,
siempre configurados como objetivo último, desde luego. Sería una
lástima no aprovechar utilidades que pueden hacer más creativa
tanto la lectura como la escritura: la sociedad, el individuo,
siempre se han alimentado y han estado expuestos a la imagen y el
sonido (me atrevería a decir que cada vez más somos
animales audiovisuales: somos imagen, sonido y texto), y ahora
la tecnología nos da acceso sencillo a formas de representación muy
contemporáneas, amplia y plenamente extendidas. Más que nunca,
lectura, escritura y sociedad pueden evolucionar a la par. En el caso
de E-mails para Roland Emmerich,
una de las ideas o retos era utilizar esas herramientas e intentar
trasladar la visualización del proceso y resultado sobre el papel,
mediante las palabras. Por eso me gusta mucho que tildes al poemario
de audiovisual y multimedia.
C: Pero,
¿hasta que punto se pueden complementar esos formatos? Porque a mi
entender, el esfuerzo que haces al tratar de llevar esas técnicas al
papel es titánico. A simple vista, parece que utilizar el formato
multimedia en un blog sea sencillo si lo comparamos con utilizar ese
formato para una poesía en papel que funcione, como es la tuya.
S: No
sé si ha sido titánico, pero el esfuerzo es condición indisociable
del proceso creativo, uno tiene que asumirlo en cualquier
circunstancia. Además, no deberían existir muchas diferencias en la
manera de afrontar la creación en ambos formatos, o en cualquier
otro análogo. A todo intento de creación se le ha de exigir un
trabajo de abstracción, reflexión, síntesis..., con independencia
de cuál sea el resultado final de la obra. Es cierto que, al menos
en apariencia, el blog pone a disposición del usuario, de forma
inmediata, herramientas multimedia con las que poder trabajar de
forma muy ágil e intuitiva. Pero con eso
sólo no tenemos creación. Tenemos que
diferenciar aquellos lugares en los que sí existe un proceso
creativo de los que no. En este sentido, la proliferación de las
redes sociales ha eliminado mucho (seguramente no todo lo que sería
deseable) del ruido que rodeaba a los blogs. Hace unos años la
incontinencia del autor/internauta se traducía en postear en blogs y
dejar comments
por doquier, sin la reflexión o reposo que toda obra requiere. Esa
incontinencia narcisista se ha trasladado ahora, de forma connatural,
a los muros de Facebook o a los tuits (cuidado, en ellos también
podemos encontrar ejemplos sorprendentes de literatura inmediata).
Así, la llamada desaceleración y futuro olvido del blog no la veo
más como un salto de calidad, una oportunidad para una mejor
creación y reflexión artística. Pero como decía antes, uno tiene
que asumir igualmente el esfuerzo: no
pain, no gain.
C: Y, ¿cómo
crees que se percibe la ciencia en estos nuevos entornos que comentas
(blogs, redes sociales)? Porque yo tengo una teoría sobre cómo la
percibes tú a partir de cómo aparece en tu poemario, es algo que te
preguntaré enseguida. Pero ahora me interesaría más tu opinión de
cómo percibe el público a la ciencia en estos nuevos entornos de
creación.
S:
Continúan existiendo reticencias y rigideces, algo más exageradas
en el terreno literario que en otros ámbitos de expresión
artística. Y no debiera ocurrir, precisamente porque estamos
rodeados y en contacto permanente con la ciencia (en el más amplio
sentido de su definición) y porque el acceso a ésta ya no se
circunscribe sólo a la formación académica del individuo (algo que
siempre ha dado algo de respeto, para qué negarlo), sino que ahora
también puede depender únicamente de la curiosidad personal, de las
propias inquietudes.
Me
parece un contrasentido cómo en un género
como desde dentro mismo de la poesía, que ya sufre de otra forma de
rechazo (disfruta de menos lectores que el género narrativo, por
ejemplo, quizás por ser considerada o vista como una modalidad
literaria exigente, intelectual, elevada), tampoco se vean gestos
claros de complicidad respecto a dejar de ser ajenos al mundo
científico y tecnológico que nos rodea.. A veces parece un coto
privado, y esto, desde luego, no ayuda a que el público se adapte
con naturalidad a la aparición de la ciencia en la literatura. La
repetición hace la fuerza: al lector ya no hace falta explicarle qué
evoca la imagen de un barco diminuto en el horizonte. Pero, ¿cuándo
ocurrirá lo mismo con el simbolismo atrapado en el bosón de Higgs?
Por suerte, la utilización de la ciencia en medios más masivos está
ayudando a su normalización: leemos artículos en prensa generalista
sobre los aceleradores de partículas como si estuviéramos viviendo
en directo una novela de Julio Verne, y hay series de Televisión que
acercan la ciencia a un público que no va a necesitar formación
específica: pienso ahora en Flashforward, House MD o Fringe, que
desde ramas científicas muy diferentes han conseguido llevarla las
casas. La televisión, siempre la televisión -o dejémoslo
simplemente en la pantalla-.
¿Inspiración poética del autor?
C: Me gusta
lo que dices sobre la relación entre los individuos y la ciencia. En
este sentido, ¿tú contemplas la ciencia desde una perspectiva
audiovisual como otros elementos de tu poesía?
S: Bueno, tampoco me gustaría que pareciera olvidar el papel básico
que juega la ciencia, en su acepción más clásica y utilitaria, en
todo el recorrido que va desde la observación de los fenómenos
hasta su comprensión. Vamos, el papel que ésta juega sobre el
conocimiento. Pero sí, circunscribiéndome a lo estrictamente
estético, me interesa mucho su capacidad de crear nuevas imágenes y
formas sonoras, muy sugerentes y que siempre han estado allí, a
partir de la representación abstracta de la realidad. De hecho, creo
que en relación con ello existen ciertas similitudes y paralelismos
entre, por ejemplo, lo que es una formulación teórica eminentemente
científica y una creación poética. Por ejemplo, en ambos casos son
constantes la presencia de las elipsis (notas mentales abstractas):
es decir, la importancia de lo dicho pero también de lo sugerido. En
mi caso me ocurre que, tanto como lector o como cuando escribí
E-mails para Roland Emmerich,
trato de llenar esas elipsis de imágenes y sonidos que prosigan la
secuencia, y que de alguna forma me trasladen a la esfera de lo
concreto. Es la manera instintiva que tengo al afrontar la lectura,
pero también mi proceso para tratar de entender (y por qué no,
emocionarme) con una fórmula, un proceso físico o un poema. Pero
sí, lo audiovisual está presente, aunque no siempre de forma
expresa.
C: ¿Es de
esa mirada de dónde salen los “granos de arena moviéndose a
velocidades superlumínicas”?
S:
Probablemente sí que sea un verso que resume bien esa mirada, sí.
Escribiendo el poemario traté de congelar una imagen muy urbana, que
es el escenario en el que quería situarme, y contemplarla moviéndome
en ella y tratando de aproximarme al máximo. Me lo propuse desde dos
vías: una, deteniéndome y observando la escena en una especie de
modo “bullet time”, aquel efecto que popularizó Matrix, y la
otra prosiguiendo y reiniciando el camino a lo largo de los tres
actos del poemario, en un travelling lateral del individuo y su
mirada, una sucesión nerviosa y horizontal de imágenes y reflexión.
No sé si lo he conseguido, pero es curioso cómo ambas eran dos
premisas que desde un principio asumí para que condicionaran la
escritura del poemario. Pensaba que era una solución formal que (si
ejemplifico con el verso que citas) me podía ayudar a jugar con el
contraste de aparente quietud que tiene la imagen congelada de las
dunas en un desierto o en la arena de una playa, enfrentada al
movimiento más frenético y caótico que, si aproximamos la mirada,
tiene cada uno de los granos de arena que la componen. Me parecía un
tipo de construcción poética que resultaba metafóricamente
atractiva y útil para lo que pretendía expresar.
C: Observo
que utilizas técnicas muy relacionadas con el mundo audiovisual, no
solo para la ciencia, sino para tu poesía en general, ¿haces lo
mismo con otros géneros literarios?
S: Son
técnicas literarias con las que me siento más o menos cómodo, así
que supongo que trabajo con ellas de forma natural, ya sea poesía u
otro género. De hecho, probablemente haya sido el audiovisual quien
haya “robado” y de alguna manera “adaptado” a sus necesidades
esas técnicas utilizadas en las grandes obras de la literatura
universal. En mi caso, al margen de E-mails
para Roland Emmerich, que junto a un
poemario que ya tengo acabado y otro que empiezo a pensar forman
parte de un proyecto donde de forma muy expresa y marcada lo
audiovisual y cinematográfico son elementos centrales, tanto en la
manera de articular el discurso como en el propio contenido del
mismo. Esto en cuanto a poesía. En cuanto a otros géneros sí se
podría decir de algún modo (aunque con la boca pequeña, ya que me
da algo de pudor soltarlo así) que también utilizo estos mecanismos
y formatos audiovisuales en un proyecto en el que estoy trabajando,
pero ya dentro del género narrativo. Veremos qué ocurre con ello.
Sergi en la presentación del poemario
C: Además de
esas técnicas audiovisuales que comentas, tus poemas utilizan lo que
Vicente Luis Mora considera elementos pangeicos, como las cabeceras
de los correos electrónicos, las pantallas (de ordenador o de LED),
las cifras, las fichas de productos cinematográficos, el lenguaje
cifrado o el lenguaje de programación. En el poema «Cartoon
Network» llegas a hacer una interesante definición
poética de la Red que nos envuelve ¿Crees que la tecnología
nos determina en la actualidad, también en las obras escritas?
S: La
tecnología siempre nos ha acompañado, de hecho es marca de los
sucesivos cambios de paradigma a lo largo de la historia, no sólo
ahora. Es algo que nos ha rodeado siempre y en ese sentido sería
incongruente pensar que no nos ha determinado. En la actualidad su
presencia es cada vez más cercana al individuo. Se podría decir que
es casi un apéndice de éste, puesto que con ella podemos alargar
nuestra mirada o casi tocar de forma tangible (no tan sólo mediante
el recuerdo o la imaginación) imágenes, elementos, sonidos, que
pueden estar localizados a muchos quilómetros de distancia. Sobre
cómo afecta eso a la obra escrita, es éste un tema que incumbe
mucho al autor y a su decisión personal sobre cada obra. Los
recursos que comentas han sido ampliamente utilizados en obras muy
interesantes. Déjame citar dos ejemplos recientes que no recibieron
toda la atención que merecían, que sin calificarlos de ejercicios
tecnófilos, sí utilizan recursos novedosos que amplían el campo
literario: estos son la novela “Todo lleva carne” (Caballo de
Troya, 2008), de Peio H. Riaño o el poemario “Odio” (La Bella
Varsovia, 2011), de David Refoyo, que son desmenuzamientos del
capitalismo desde enfoques literarios distintos y complementarios: la
estética fragmentaria de blog, de la novela de Riaño, enlaza
fácilmente con la poética del eslogan publicitario en el poemario
de Refoyo. Estos recursos, aunque a veces continúen generando algo
de antipatía, empiezan a ser asimilados y mejor entendidos en un
proceso de normalización que además no es excluyente.
Y
tampoco la tecnofilia, que no deja de ser una opción como cualquier
otra, debe acabar en tecnodrama obsesivo, un error que sí
estimularía a la tecnofobia: no es, desde luego, una condición
necesaria porque ni es más moderno, ni más realista, ni mejor
escritor quien utiliza las posibilidades literarias de la ciencia y
tecnología de forma muy expresa y concienzuda. Tenemos que seguir
leyendo y escarbando en el fondo de la obra, para analizarla y obrar
igual, tanto si se trata de Shakespeare, de Borges o de Tao Lin, con
encabezamientos de correo-e o sin ellos.
C: Si
hablamos de una interpretación de esos elementos en tus poemas,
en «Ruinas», «Autopsia» y «EYJAFJALLAJÖKULL» te
replanteas los límites del progreso. Llegas a escribir: “«No
hay/ mosquitos en Amsterdam» tenía que/ ser sinónimo de progreso,
de nuevos/ genomas evolutivos”. ¿Piensas que sucesos como el del
volcán de Islandia muestran lo restringido del racionalismo
occidental?
S: La
utopía del racionalismo occidental se sustenta sobre el particular
predominio de lo económico, sin haber introducido en el esquema
otras variables. Como antes hablábamos, si la tecnología nos
determina, todavía es más evidente pensar que el entorno en el que
hemos logrado modelizar nuestra civilización, nuestra existencia, es
una variable que requeriría de mayor importancia en la ecuación.
Nos determina a nosotros, como sociedad, de todas las maneras
imaginables. Determina a la propia tecnología, al propio progreso.
Evolucionamos generación tras generación, pero es ésta una
constante que se repite y que acaba recargando el modelo, de forma
similar a cómo el arquitecto de “Matrix reloaded” provocaba la
regeneración del software que había creado como sustento de la
particular dictadura a la que había sometido a la sociedad: es el
prototipo del racionalista occidental de este siglo XXI. Los cambios
de paradigma que se han dado a lo largo de la historia jamás han
llegado a modificar la esencia del modelo.
C: Me
da la impresión de que hablas de un entorno que nos determina
aún más que los modelos que construimos para entenderlo o la
tecnología que aplicamos para domarlo. Pero entonces, ¿crees que
hemos llegado a los límites de ese entorno y, por tanto, a los
límites de nuestros modelos?
S: Echando un vistazo a nuestro alrededor podemos convenir fácilmente
en que estamos rodeados de asfixia y tensión, así que tenemos que
ser forzosamente críticos con un modelo de desarrollo que no es
capaz de asegurar las necesidades vitales de millones de personas,
que ha agudizado las desigualdades entre territorios y que engulle de
forma abrupta los recursos de los que dispone, además de facilitar
el aislamiento del individuo. Un modelo que, de forma perversa, es
capaz de servirse de algo tan apasionantemente novedoso (por tanto,
novedosamente útil), como es el progreso científico y tecnológico,
para aquello de lo que se alimenta: el crecimiento económico
injusto. Tenemos las personas, tenemos las herramientas, pero este
modelo y cómo las conjuga no funciona, no sirve. Es necesario que el
cambio de paradigma se rebele contra el propio modelo y lo desplace,
lo sustituya.
C: Después
de la lectura de tu poemario, me pareció que tu visión de estos
temas se sintetizaba con la “ecuación”: tecnociencia + caos =
contemporaneidad. En cambio, tras tus respuestas me da la impresión
de que propones un cambio de modelo productivo. Sin embargo, ¿crees
que esto es factible si tenemos en cuenta que las relaciones entre
ciencia y sistema capitalista se entroncan ya en las raíces de ambos
desde la revolución científica y la revolución industrial?
S: Me
gusta cómo relacionas la ecuación tecnociencia + caos con el
poemario. Realmente esa es una suma que define nuestro presente, un
presente voluble enfrentado a un futuro estático, como aparece en
uno de los poemas, arrebatado en parte de la letra de la canción
“Schizophrenia” de Sonic Youth. Sí que trataba de sintetizar y
radiografiar el presente tecnológico que formamos como sociedad y
como individuos, una tecnología que a la vez es íntima. De ese
choque isolado trata el libro, además de un presente que, en
términos ballardianos, es más “futuro” que la entelequia que
supone el propio futuro como concepto. Sí es cierto que las
respuestas no se encuentran en él. En nuestro caso ha ocurrido que,
algunas de ellas han ido surgiendo ahora, durante la conversación.
Seguramente también se me sugerían durante la escritura del mismo,
pues resulta inevitable pensar sobre ello.
¿Cambio
del modelo productivo? Es una extraña
utopía, pero en esa suma impredecible de tecnología y ciencia, de
ruido y caos en el que nos encontramos inmersos también tenemos las
incómodas herramientas para el progreso y la revolución. La
tecnología de la información ha revolucionado y dado voz a muchos
rincones del planeta, compartiendo de punta a punta del mundo, en
fracciones de segundo, la noticia en tiempo real, eliminando (casi)
cualquier posibilidad de censura, y situando el debate verdaderamente
en tiempo y espacio ciertos. Para mí eso ya supone un principio de
cambio de modelo, una verdadera revolución, vertiginosa y necesaria,
aunque lenta y áspera. No estaremos exentos de daños, puesto que el
presente, que es de lo de que hablamos, siempre los tiene. Creo que
es algo que la miniserie de la BBC Black Mirror ha conseguido
narrar muy bien.
El proyecto Honolulu Books al completo
C: ¿Ese
sería uno de los papeles de la ciencia en el poemario? ¿Su
utilización como herramienta para poder radiografiar el presente
dado que la ciencia actual no es exactamente igual a la que se
utilizaba en el pasado, de la misma forma que la ciencia futura será
diferente a la de hoy en día?
S: Sí,
sin duda uno de ellos: su capacidad ambivalente de formular buenas
preguntas y a la vez preguntarse sobre las respuestas. Creo que es
algo esencial en una definición adecuada de aquello que tenemos
que entender como ciencia (y como ética y filosofía). Poder fundir
ese significado y sus significantes, tan estéticamente atractivos,
en una expresión artística es una oportunidad de la que, además de
extraer conocimiento, también puede surgir la belleza.
C: ¿De dónde
sueles extraer la información científica que utilizas en tus
poemas?
S: Accedo a aquellos temas que me interesan sobre todo a través
internet, ya sea mediante blogs, páginas web o prensa especializada
(y también generalista: creo que no es malo el tratamiento que se le
da a la ciencia en periódicos como El País, La Vanguardia o El
Mundo), pero también estoy atento a algunos textos y reportajes de
divulgación científica. Dado que no soy científico, trato de estar
pendiente tanto de aquellos científicos que le dan un tratamiento
literario a la ciencia (y a la inversa), como de aquellos que además
practican su divulgación. De hecho, el tratamiento literario de la
ciencia también es otra forma de divulgación. Son chispazos que
encienden la mecha de mi curiosidad.
C: Desde mi
punto de vista, «Radiación solar» y «Tensión superficial» son
los dos poemas que mejor expresan la influencia de la ciencia en tu
poética, ¿estás de acuerdo?
S: Sí,
al menos son dos poemas en los que su
presencia es muy explícita. Ambos forman parte del tercer y último
acto del poemario, previo al epílogo final, en el que el travelling
narrativo y poético que recorre el libro se acaba difuminando, en el
que se volatilizan historia, ficción y presente en un túrmix
confuso de ideas, precisamente el entorno donde creo que mejor se
mueve la ciencia: ordenando y representando incertidumbres, no
certezas. Ambos poemas nacen, además, de un proceso de escritura
similar, quizás más extremo en “Tensión superficial”: partir
del fragmento de un texto científico, modificándolo e introduciendo
nuevos elementos, éstos ya propios, con los que trataba de
redimensionar o complementar la idea original en un remix que no la
traicionara.
Sergi y su musa
C: Y, ¿cuál
crees que es la microvisión de la ciencia de ese supuesto Roland
Emmerich?
S: Siempre imaginé al Roland Emmerich del poemario como a alguien frío
y distante, una aparición presente en las sucesivas secuencias e
imágenes del poemario. En términos econométricos podríamos decir
que sería como un reflejo aleatorio, estocástico y extraño de la
maquinaria que está moviendo todo lo que está en marcha ahí fuera,
en la calle, pero también en nuestro interior, en lo corpóreo, en
los circuitos de nuestros ordenadores..., de forma tanto implícita
como explícita. Roland Emmerich es una entelequia, real -si me
permites la paradoja- o irreal. No sabemos si es ruido que forma
parte del progreso tecnológico y científico, o si es quien lo
provoca. En ese misterio sobre Roland Emmerich (en el poemario
aparece la pregunta “Subject: Who is Roland Emmerich?”), se
resumen tanto mis certidumbres como mis incertidumbres vitales y
tecnológicas. No sé tengo claro cuál es su microvisión de la
ciencia, pero sí sé que es algo que me inquieta.
C: Me
gustaría mencionarte dos nombres propios que, de alguna forma,
aparecen en el poemario. El primero es predecible: Ballard. El
segundo resulta más inesperado pero se trata de uno de los
escritores que aún hoy más me sugieren: Wells. ¿Qué opinas de
ambos?
S: A
H. G. Wells, como a Julio Verne y a su imaginación desbocada, les
debo desde luego mi admiración y muchas horas de disfrute.
Concretamente de Wells me interesa mucho la parte de su obra en la
que trata la ambigüedad ética existente en el uso de la ciencia (La
máquina del tiempo, La Guerra de los Mundos, El hombre
invisible...), aunque acabara tomando partido claramente en favor del
progreso científico y tecnológico. Y sobre J. G. Ballard qué
decir... E-mails para Roland Emmerich
es un modesto homenaje a un autor que considero absolutamente
imprescindible. Trabajando con el género de la ciencia ficción
logró narrar la realidad cotidiana y contemporánea de nuestro
tiempo, probablemente mejor que muchos autores “realistas” (en el
sentido convencional y estricto del término) de la época. Ballard
escarbaba en esa cotidianeidad y mapeaba la realidad. Encontramos en
su obra arquitecturas mutantes, urbanismos vacíos y microanálisis
de nuestra sociedad de consumo, eminentemente enfermiza, violenta y
sexual. Pero todo ello tenía siempre como gran objetivo el poder
realizar un psicoanálisis exhaustivo al ser humano. A Ballard le
interesaba la persona dentro de su entorno, buscar en su “espacio
interior” y en su presente, entendido como un continuo y constante
misterio que está ocurriendo en tiempo real. Apasionante, ¿no?
C: Desde
luego. ¿Qué otros poetas te inspiran?
S: No
creo que ningún autor pueda explicar con demasiada concreción de
dónde proviene su inspiración, si bien es cierto que en el caso de
este poemario la figura de Ballard ha estado muy presente. En
cualquier caso, supongo que mis fuentes y preferencias moldean de
alguna forma mi escritura, así que tendría que destacar un buen
abanico de autores. Por ello, sin pretender extenderme mucho,
mencionaré la poesía de Valente, Gamoneda, Charles Simic, Peter
Handke, Rafael Courtoisie. Si nos circunscribimos a la poesía en
lengua española reciente, estoy obligado a destacar absolutamente
toda la obra de Pablo García Casado, la cual no me canso de regalar,
a la poesía de Ana Gorría que se balancea entre lo visible y lo
invisible, el barroquismo pop de Eduardo Moga, la poesía conceptual
de Vicente Luis Mora o la poética híbrida de autores como Juan
Andrés García Román, Agustín Fernández Mallo, David Refoyo,
Manuel Vilas o Raúl Quinto. Ellos han abierto caminos en la poesía
española más reciente, campos nada ajenos a la realidad que nos
envuelve.
C: ¿Y si
hablamos de narradores?
S: Ya he
hablado anteriormente de Ballard y Verne, pero sería
injusto no empezar mencionando a tres grandes autores de cómic Jack
Kirby, Alan Moore o Grant Morrison. También está presente la
complejidad cinematográfica de autores como el guionista Charlie
Kaufman, el cineasta David Lynch, el novelista Don DeLillo, o el gran autor a la hora de
hibridar texto e imagen en la literatura europea, W. G. Sebald, un
verdadero genio. En la narrativa española más reciente, casi como
en una reformulación “cuántica” del propio Sebald, admiro
muchísimo (y no deja de sorprenderme) la obra en proceso del
mataronés Jorge Carrión, la cual me parece de una solidez
discursiva impactante: tanto sus crónicas de viaje (algunas de ellas
verdaderas joyas en la experimentación formal), como sus
conferencias, obra ensayística o narrativa siguen una dirección
premeditada y reflexionada, atenta al bombardeo continuo de
información, donde la imagen, lo audiovisual o la pausa, sirvan para
hablar del presente y también de la memoria histórica, en un estilo
muy peculiar de compromiso ético de apabullante consistencia.
C: Lo has
mencionado un poco antes pero, ¿podrías avanzarnos algo de tus
proyectos futuros?
S: Me
gustaría completar el proyecto en el que se circunscribe E-mails
para Roland Emmerich con dos libros
más. El primero (y de hecho, el poemario con el que se inicia el
proyecto), titulado Cinemascope ya
está finalizado, aunque todavía inédito. Es un poemario que
insiste en el análisis a esta sociedad icónica y referencial, así
como en el collage entre texto e imagen, quizás de una forma más
explícita y transversal. Del tercer y último poemario apenas tengo
anotados unos esbozos. Por otro lado, estoy escribiendo el borrador
de una novela, de género pero muy actual. Ya veremos qué
sale de todo ello.
C: Para
finalizar, alejándonos de la relación con la ciencia pero
acercándonos a tu mundo interior, Sonic Youth es una de las mayores
influencias en tus creaciones. Para alguien como yo, para quien el
grupo neoyorquino supuso también un gran estímulo, es sumamente
sugerente preguntar: ¿cómo encauzas esas influencias en la poesía?
S: En
mi caso es algo muy físico y corporal. Cuando escuchas la música de
Sonic Youth, ésta te impacta y golpea de forma desbocada desde
lugares insospechados. Si es durante un concierto el efecto se
multiplica exponencialmente: dejas que la melodía, que el muro de
sonido se cuele dentro de ti. Inspiras, aguantas la respiración y te
emborrachas, te dejas descuartizar por esa violencia que acaba
liberada. Y esos acoples, esa deconstrucción sónica es algo muy
físico, es un proceso muy de laboratorio, de improvisación de
ideas, de trabajar con mecanismos de prueba y error hasta acabar
destilando algo a partir de esa tensión sonora. Yo no entiendo, o no
he conseguido entender la escritura o la lectura sin ese punto de
tensión. Ahí es donde creo que puede existir una vía sónica en mi
particular poética, aunque en realidad tendría que decir en mi
filosofía de vida.
La droga sónica que utiliza Sergi
C: ¿Esa
filosofía de vida incluye ir a ver a Lee Ranaldo en el próximo
Primavera Sound?
S: Desde luego. En los intervalos de tiempo que han transcurrido entre
los conciertos de Sonic Youth a los que he podido asistir (el primero
en 1995), a pesar de no parar de ir a conciertos y escuchar música,
siempre ha llegado un momento en el que el cuerpo me pedía algo de
droga sónica. El último concierto de Sonic Youth al que pude
asistir fue en abril de 2010 y desde 2011 la banda está sumida en un
extraño parón, por motivos personales, por lo que existe la duda en
si volveremos a verles subidos juntos en un escenario. El concierto
de Lee Ranaldo en el PS será muy chulo, estoy seguro. Está tocando
con una megabanda (entre ellos Steve Shelley) los temas de su disco
Between the times and the tides,
junto con versiones de Talking Heads y The Monkees y alguna joya del
catálogo de Sonic Youth. Será muy chulo, sí. Y además mitigará
(espero) un poco mi mono...
Lee Ranaldo y Sergi en Amsterdam
NOTA: Las imágenes y el vídeo que aparecen en esta entrada han sido generosamente suministradas por Sergi de Diego Mas, excepto la que hace referencia a la inspiración poética, gentileza de Javi López Menacho.
La relación que el concepto de robot tiene con la ficción es una de las más sugerentes de las que podemos encontrar en los intersticios entre ciencia, ténica, literatura y cultura en general, por lo mucho de creatividad que comporta y porque es un relación que se retroalimenta.
Allí hemos podido contemplar, junto al mítico Mazinger, a Astroboy, a Doraimon o a los conocidos robots de La guerra de las galaxias.
LAS PALABRAS
Pero más allá del rol de los robots en la historia del cómic, el anime o el cine, resulta fascinante descubrir que la palabra robot nació en la ficción antes que en los laboratorios. En concreto, apareció de la mano del escritor checo Karel Capek y su hermano Josef. El primero estaba decidiendo que nombre poner a los autómatas humanoides que protagonizaban su obra de teatro, R.U.R. (Robots Universales Rossum), y su hermano le recomendó la palabra "robota", que en checo significa "servidumbre" en el sentido del trabajo propio del esclavo.
También la palabra "robótica" cristalizó primero en la literatura en 1947, de la mano del escritor de ciencia ficción que más palabras ha dedicado a los robots: Isaac Asimov, autor de Yo robot, muy presente en la exposición. Él mismo enunciaría las conocidas como las tres leyes de la robótica en 1949:
Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
Un robot debe seguir las órdenes de los seres humanos, siempre y cuando estas no entren en conflicto con la primera ley..
Un robot debe intentar preservar su propia existencia siempre y cuando
esto no entre en conflicto con la primera y la segunda ley.
Lo que no deja de ser una evidencia de la visión idealizada y optimista que la América de después de la Segunda Guerra Mundial sentía hacia la tecnología. Nada que ver con el HAL de Arthur C. Clark en 2001, los replicantes de Blade Runner o el Neuromante de William Gibson, por no hablar de los conflictivos robots de Stanislaw Lem, todos ellos presentes en cierta forma en el Salón del Cómic.
Cabe decir que esos robots tétricos en los que no se puede confiar siempre han dado más debate y más juego simbólico en la ficción que los bonachones autómatas de Asimov, como es caso de la falsa María de la legendaria Metrópolis. Pese a que de autómatas está la literatura cargada, como es el caso del Frankestein de Mary Shelley, The Sandman de ETA Hoffman o "El jugador de ajedrez de Maelzel" de Edgar Allan Poe, todos de principios del siglo XIX.
LAS IDEAS
Sin embargo, el sueño del robot es aún más antiguo, forma parte del anhelo del hombre por sacarse de encima los trabajos más pesados y liberarse de su carga física. Ya en el libro XVIII de La Ilíada, un grupo de androides ayudan al dios Efestos a construir la armadura de Aquiles. La leyenda judía del golem no es más que eso. Y tanto Arquitas de Tarento como Herón de Alejandría construyeron mecanismos autómatas en la Grecia antigua. Su Song hizo lo mismo en China en el siglo XI d.C. Y en el Imperio Islámico de finales del siglo XII, en lo que hoy se conoce como Irak, Al-Jazirií elaboraba el primer autómata humanioide programable, para maravilla de sus contemporáneos. Se trataba de un tambor programado con clavijas que interactuaban con una serie de palancas que ponían en marcha instrumentos de percusión. A Al-Jazirií le seguirían nombres ilustres de la ciencia y la técnica universal como Leonardo da Vinci, Hisashige Tanaka o Nicola Tesla. Así hasta nuestros día.
Curiosamente, cada una de las contribuciones a lo que Asimov acabará definiendo como "robótica" coincide con épocas de esplendor o renacimiento de cada una de las culturas mencionadas (Grecia, China, Islam, Europa, Japón). Porque la idea del robot no pertenece únicamente a la historia de la tecnología, forma parte de la historia de la humanidad.
Mañana día 3 de mayo, el escritor mexicano Eduardo Ruiz presentará en España el libro de relatos La voluntad de marcharse. con el que ganó el premio Inés Arredondo de cuento.
Al parecer, los relatos tienen muy en cuenta la relación de la ciencia con la literatura, por lo que me da en la nariz que el texto dará que hablar en este espacio.
La presentación se realizará en el Museu d'Art de Cerdanyola (calle Sant Martí, 88), en Cerdanyola del Vallès (Barcelona), a las 19:30 horas. Allí nos vemos.