jueves, 17 de mayo de 2012

ENTREVISTA A SERGI DE DIEGO MAS: TRABAJANDO CON EL GÉNERO DE LA CIENCIA FICCIÓN LOGRO NARRAR LA REALIDAD

El astronauta se comunica desde el futuro. Me dice que es falso que no nos preocupáramos de temas relacionados con el entorno, el medio ambiente y el modelo productivo el pasado (para él, presente nuestro). Que una vez tuve una larga conversación por correo electrónico con un poeta y escritor llamado Sergi de Diego Mas, justo después de publicar un poemario titulado E-mails para Roland Emmerich. Y yo escarbo entre mis correos (que no en los de Emmerich). Gracias al buscador de gmail descubro que el astronauta sabe más de mi presente (su pasado) que yo mismo. Así que trato de recomponer la larga conversación de correos con Sergi de Diego con los retazos que obtengo en cada uno de los mensajes. Al final obtengo esto:

Carlos: Tu poemario es muy audiovisual. Yo diría que es multimedia. De hecho, en tu bitácora, Interferencia sónica (http://interferenciasonica.blogspot.com.es), utilizas una estética similar a la del poemario, solo que apoyada por un soporte multimedia. ¿Cuáles son las posibilidades creativas del blog y cuáles las del libro de poemas en el proyecto estético que propones? 

Sergi: Los blogs no sólo anticiparon una nueva manera de afrontar la lectura (cada vez encontramos a más personas en el metro leyendo en e-readers), sino que también afectaron al método y a las potencialidades de la escritura, nutriéndolas de nuevas herramientas. Hoy pueden parecer una obviedad actividades plenamente instauradas en la conciencia del individuo, como clicar decenas de veces al día sobre enlaces, ver unos cuantos vídeos en youtube o compartir fotografías en alguna red social. Cruzar esas posibilidades amplía enormemente la paleta de colores con la que poder afrontar discurso y argumentos en la escritura, siempre configurados como objetivo último, desde luego. Sería una lástima no aprovechar utilidades que pueden hacer más creativa tanto la lectura como la escritura: la sociedad, el individuo, siempre se han alimentado y han estado expuestos a la imagen y el sonido (me atrevería a decir que cada vez más somos animales audiovisuales: somos imagen, sonido y texto), y ahora la tecnología nos da acceso sencillo a formas de representación muy contemporáneas, amplia y plenamente extendidas. Más que nunca, lectura, escritura y sociedad pueden evolucionar a la par. En el caso de E-mails para Roland Emmerich, una de las ideas o retos era utilizar esas herramientas e intentar trasladar la visualización del proceso y resultado sobre el papel, mediante las palabras. Por eso me gusta mucho que tildes al poemario de audiovisual y multimedia.


C: Pero, ¿hasta que punto se pueden complementar esos formatos? Porque a mi entender, el esfuerzo que haces al tratar de llevar esas técnicas al papel es titánico. A simple vista, parece que utilizar el formato multimedia en un blog sea sencillo si lo comparamos con utilizar ese formato para una poesía en papel que funcione, como es la tuya.

S: No sé si ha sido titánico, pero el esfuerzo es condición indisociable del proceso creativo, uno tiene que asumirlo en cualquier circunstancia. Además, no deberían existir muchas diferencias en la manera de afrontar la creación en ambos formatos, o en cualquier otro análogo. A todo intento de creación se le ha de exigir un trabajo de abstracción, reflexión, síntesis..., con independencia de cuál sea el resultado final de la obra. Es cierto que, al menos en apariencia, el blog pone a disposición del usuario, de forma inmediata, herramientas multimedia con las que poder trabajar de forma muy ágil e intuitiva. Pero con eso sólo no tenemos creación. Tenemos que diferenciar aquellos lugares en los que sí existe un proceso creativo de los que no. En este sentido, la proliferación de las redes sociales ha eliminado mucho (seguramente no todo lo que sería deseable) del ruido que rodeaba a los blogs. Hace unos años la incontinencia del autor/internauta se traducía en postear en blogs y dejar comments por doquier, sin la reflexión o reposo que toda obra requiere. Esa incontinencia narcisista se ha trasladado ahora, de forma connatural, a los muros de Facebook o a los tuits (cuidado, en ellos también podemos encontrar ejemplos sorprendentes de literatura inmediata). Así, la llamada desaceleración y futuro olvido del blog no la veo más como un salto de calidad, una oportunidad para una mejor creación y reflexión artística. Pero como decía antes, uno tiene que asumir igualmente el esfuerzo: no pain, no gain.

C: Y, ¿cómo crees que se percibe la ciencia en estos nuevos entornos que comentas (blogs, redes sociales)? Porque yo tengo una teoría sobre cómo la percibes tú a partir de cómo aparece en tu poemario, es algo que te preguntaré enseguida. Pero ahora me interesaría más tu opinión de cómo percibe el público a la ciencia en estos nuevos entornos de creación.

S: Continúan existiendo reticencias y rigideces, algo más exageradas en el terreno literario que en otros ámbitos de expresión artística. Y no debiera ocurrir, precisamente porque estamos rodeados y en contacto permanente con la ciencia (en el más amplio sentido de su definición) y porque el acceso a ésta ya no se circunscribe sólo a la formación académica del individuo (algo que siempre ha dado algo de respeto, para qué negarlo), sino que ahora también puede depender únicamente de la curiosidad personal, de las propias inquietudes.

Me parece un contrasentido cómo en un género como desde dentro mismo de la poesía, que ya sufre de otra forma de rechazo (disfruta de menos lectores que el género narrativo, por ejemplo, quizás por ser considerada o vista como una modalidad literaria exigente, intelectual, elevada), tampoco se vean gestos claros de complicidad respecto a dejar de ser ajenos al mundo científico y tecnológico que nos rodea.. A veces parece un coto privado, y esto, desde luego, no ayuda a que el público se adapte con naturalidad a la aparición de la ciencia en la literatura. La repetición hace la fuerza: al lector ya no hace falta explicarle qué evoca la imagen de un barco diminuto en el horizonte. Pero, ¿cuándo ocurrirá lo mismo con el simbolismo atrapado en el bosón de Higgs? Por suerte, la utilización de la ciencia en medios más masivos está ayudando a su normalización: leemos artículos en prensa generalista sobre los aceleradores de partículas como si estuviéramos viviendo en directo una novela de Julio Verne, y hay series de Televisión que acercan la ciencia a un público que no va a necesitar formación específica: pienso ahora en Flashforward, House MD o Fringe, que desde ramas científicas muy diferentes han conseguido llevarla las casas. La televisión, siempre la televisión -o dejémoslo simplemente en la pantalla-.

¿Inspiración poética del autor?

C: Me gusta lo que dices sobre la relación entre los individuos y la ciencia. En este sentido, ¿tú contemplas la ciencia desde una perspectiva audiovisual como otros elementos de tu poesía?

S: Bueno, tampoco me gustaría que pareciera olvidar el papel básico que juega la ciencia, en su acepción más clásica y utilitaria, en todo el recorrido que va desde la observación de los fenómenos hasta su comprensión. Vamos, el papel que ésta juega sobre el conocimiento. Pero sí, circunscribiéndome a lo estrictamente estético, me interesa mucho su capacidad de crear nuevas imágenes y formas sonoras, muy sugerentes y que siempre han estado allí, a partir de la representación abstracta de la realidad. De hecho, creo que en relación con ello existen ciertas similitudes y paralelismos entre, por ejemplo, lo que es una formulación teórica eminentemente científica y una creación poética. Por ejemplo, en ambos casos son constantes la presencia de las elipsis (notas mentales abstractas): es decir, la importancia de lo dicho pero también de lo sugerido. En mi caso me ocurre que, tanto como lector o como cuando escribí  E-mails para Roland Emmerich, trato de llenar esas elipsis de imágenes y sonidos que prosigan la secuencia, y que de alguna forma me trasladen a la esfera de lo concreto. Es la manera instintiva que tengo al afrontar la lectura, pero también mi proceso para tratar de entender (y por qué no, emocionarme) con una fórmula, un proceso físico o un poema. Pero sí, lo audiovisual está presente, aunque no siempre de forma expresa.

C: ¿Es de esa mirada de dónde salen los “granos de arena moviéndose a velocidades superlumínicas”?

S: Probablemente sí que sea un verso que resume bien esa mirada, sí. Escribiendo el poemario traté de congelar una imagen muy urbana, que es el escenario en el que quería situarme, y contemplarla moviéndome en ella y tratando de aproximarme al máximo. Me lo propuse desde dos vías: una, deteniéndome y observando la escena en una especie de modo “bullet time”, aquel efecto que popularizó Matrix, y la otra prosiguiendo y reiniciando el camino a lo largo de los tres actos del poemario, en un travelling lateral del individuo y su mirada, una sucesión nerviosa y horizontal de imágenes y reflexión. No sé si lo he conseguido, pero es curioso cómo ambas eran dos premisas que desde un principio asumí para que condicionaran la escritura del poemario. Pensaba que era una solución formal que (si ejemplifico con el verso que citas) me podía ayudar a jugar con el contraste de aparente quietud que tiene la imagen congelada de las dunas en un desierto o en la arena de una playa, enfrentada al movimiento más frenético y caótico que, si aproximamos la mirada, tiene cada uno de los granos de arena que la componen. Me parecía un tipo de construcción poética que resultaba metafóricamente atractiva y útil para lo que pretendía expresar.

C: Observo que utilizas técnicas muy relacionadas con el mundo audiovisual, no solo para la ciencia, sino para tu poesía en general, ¿haces lo mismo con otros géneros literarios?

S: Son técnicas literarias con las que me siento más o menos cómodo, así que supongo que trabajo con ellas de forma natural, ya sea poesía u otro género. De hecho, probablemente haya sido el audiovisual quien haya “robado” y de alguna manera “adaptado” a sus necesidades esas técnicas utilizadas en las grandes obras de la literatura universal. En mi caso, al margen de E-mails para Roland Emmerich, que junto a un poemario que ya tengo acabado y otro que empiezo a pensar forman parte de un proyecto donde de forma muy expresa y marcada lo audiovisual y cinematográfico son elementos centrales, tanto en la manera de articular el discurso como en el propio contenido del mismo. Esto en cuanto a poesía. En cuanto a otros géneros sí se podría decir de algún modo (aunque con la boca pequeña, ya que me da algo de pudor soltarlo así) que también utilizo estos mecanismos y formatos audiovisuales en un proyecto en el que estoy trabajando, pero ya dentro del género narrativo. Veremos qué ocurre con ello.


Sergi en la presentación del poemario


C: Además de esas técnicas audiovisuales que comentas, tus poemas utilizan lo que Vicente Luis Mora considera elementos pangeicos, como las cabeceras de los correos electrónicos, las pantallas (de ordenador o de LED), las cifras, las fichas de productos cinematográficos, el lenguaje cifrado o el lenguaje de programación. En el poema «Cartoon Network» llegas a hacer una interesante definición poética de la Red que nos envuelve ¿Crees que la tecnología nos determina en la actualidad, también en las obras escritas?

S: La tecnología siempre nos ha acompañado, de hecho es marca de los sucesivos cambios de paradigma a lo largo de la historia, no sólo ahora. Es algo que nos ha rodeado siempre y en ese sentido sería incongruente pensar que no nos ha determinado. En la actualidad su presencia es cada vez más cercana al individuo. Se podría decir que es casi un apéndice de éste, puesto que con ella podemos alargar nuestra mirada o casi tocar de forma tangible (no tan sólo mediante el recuerdo o la imaginación) imágenes, elementos, sonidos, que pueden estar localizados a muchos quilómetros de distancia. Sobre cómo afecta eso a la obra escrita, es éste un tema que incumbe mucho al autor y a su decisión personal sobre cada obra. Los recursos que comentas han sido ampliamente utilizados en obras muy interesantes. Déjame citar dos ejemplos recientes que no recibieron toda la atención que merecían, que sin calificarlos de ejercicios tecnófilos, sí utilizan recursos novedosos que amplían el campo literario: estos son la novela “Todo lleva carne” (Caballo de Troya, 2008), de Peio H. Riaño o el poemario “Odio” (La Bella Varsovia, 2011), de David Refoyo, que son desmenuzamientos del capitalismo desde enfoques literarios distintos y complementarios: la estética fragmentaria de blog, de la novela de Riaño, enlaza fácilmente con la poética del eslogan publicitario en el poemario de Refoyo. Estos recursos, aunque a veces continúen generando algo de antipatía, empiezan a ser asimilados y mejor entendidos en un proceso de normalización que además no es excluyente.

Y tampoco la tecnofilia, que no deja de ser una opción como cualquier otra, debe acabar en tecnodrama obsesivo, un error que sí estimularía a la tecnofobia: no es, desde luego, una condición necesaria porque ni es más moderno, ni más realista, ni mejor escritor quien utiliza las posibilidades literarias de la ciencia y tecnología de forma muy expresa y concienzuda. Tenemos que seguir leyendo y escarbando en el fondo de la obra, para analizarla y obrar igual, tanto si se trata de Shakespeare, de Borges o de Tao Lin, con encabezamientos de correo-e o sin ellos.

C: Si hablamos de una interpretación de esos elementos en tus poemas, en «Ruinas», «Autopsia» y «EYJAFJALLAJÖKULL» te replanteas los límites del progreso. Llegas a escribir: “«No hay/ mosquitos en Amsterdam» tenía que/ ser sinónimo de progreso, de nuevos/ genomas evolutivos”. ¿Piensas que sucesos como el del volcán de Islandia muestran lo restringido del racionalismo occidental? 

S: La utopía del racionalismo occidental se sustenta sobre el particular predominio de lo económico, sin haber introducido en el esquema otras variables. Como antes hablábamos, si la tecnología  nos determina, todavía es más evidente pensar que el entorno en el que hemos logrado modelizar nuestra civilización, nuestra existencia, es una variable que requeriría de mayor importancia en la ecuación. Nos determina a nosotros, como sociedad, de todas las maneras imaginables. Determina a la propia tecnología, al propio progreso. Evolucionamos generación tras generación, pero es ésta una constante que se repite y que acaba recargando el modelo, de forma similar a cómo el arquitecto de “Matrix reloaded” provocaba la regeneración del software que había creado como sustento de la particular dictadura a la que había sometido a la sociedad: es el prototipo del racionalista occidental de este siglo XXI. Los cambios de paradigma que se han dado a lo largo de la historia jamás han llegado a modificar la esencia del modelo.

C: Me da la impresión de que hablas de un entorno que nos determina aún más que los modelos que construimos para entenderlo o la tecnología que aplicamos para domarlo. Pero entonces, ¿crees que hemos llegado a los límites de ese entorno y, por tanto, a los límites de nuestros modelos?

S: Echando un vistazo a nuestro alrededor podemos convenir fácilmente en que estamos rodeados de asfixia y tensión, así que tenemos que ser forzosamente críticos con un modelo de desarrollo que no es capaz de asegurar las necesidades vitales de millones de personas, que ha agudizado las desigualdades entre territorios y que engulle de forma abrupta los recursos de los que dispone, además de facilitar el aislamiento del individuo. Un modelo que, de forma perversa, es capaz de servirse de algo tan apasionantemente novedoso (por tanto, novedosamente útil), como es el progreso científico y tecnológico, para aquello de lo que se alimenta: el crecimiento económico injusto. Tenemos las personas, tenemos las herramientas, pero este modelo y cómo las conjuga no funciona, no sirve. Es necesario que el cambio de paradigma se rebele contra el propio modelo y lo desplace, lo sustituya.

C: Después de la lectura de tu poemario, me pareció que tu visión de estos temas se sintetizaba con la “ecuación”: tecnociencia + caos = contemporaneidad. En cambio, tras tus respuestas me da la impresión de que propones un cambio de modelo productivo. Sin embargo, ¿crees que esto es factible si tenemos en cuenta que las relaciones entre ciencia y sistema capitalista se entroncan ya en las raíces de ambos desde la revolución científica y la revolución industrial?

S: Me gusta cómo relacionas la ecuación tecnociencia + caos con el poemario. Realmente esa es una suma que define nuestro presente, un presente voluble enfrentado a un futuro estático, como aparece en uno de los poemas, arrebatado en parte de la letra de la canción “Schizophrenia” de Sonic Youth. Sí que trataba de sintetizar y radiografiar el presente tecnológico que formamos como sociedad y como individuos, una tecnología que a la vez es íntima. De ese choque isolado trata el libro, además de un presente que, en términos ballardianos, es más “futuro” que la entelequia que supone el propio futuro como concepto. Sí es cierto que las respuestas no se encuentran en él. En nuestro caso ha ocurrido que, algunas de ellas han ido surgiendo ahora, durante la conversación. Seguramente también se me sugerían durante la escritura del mismo, pues resulta inevitable pensar sobre ello.

¿Cambio del modelo productivo? Es una extraña utopía, pero en esa suma impredecible de tecnología y ciencia, de ruido y caos en el que nos encontramos inmersos también tenemos las incómodas herramientas para el progreso y la revolución. La tecnología de la información ha revolucionado y dado voz a muchos rincones del planeta, compartiendo de punta a punta del mundo, en fracciones de segundo, la noticia en tiempo real, eliminando (casi) cualquier posibilidad de censura, y situando el debate verdaderamente en tiempo y espacio ciertos. Para mí eso ya supone un principio de cambio de modelo, una verdadera revolución, vertiginosa y necesaria, aunque lenta y áspera. No estaremos exentos de daños, puesto que el presente, que es de lo de que hablamos, siempre los tiene. Creo que es algo que la miniserie de la BBC Black Mirror ha conseguido narrar muy bien.

El proyecto Honolulu Books al completo

C: ¿Ese sería uno de los papeles de la ciencia en el poemario? ¿Su utilización como herramienta para poder radiografiar el presente dado que la ciencia actual no es exactamente igual a la que se utilizaba en el pasado, de la misma forma que la ciencia futura será diferente a la de hoy en día?

S: Sí, sin duda uno de ellos: su capacidad ambivalente de formular buenas preguntas y a la vez preguntarse sobre las respuestas. Creo que es algo esencial en una definición adecuada de aquello que tenemos que entender como ciencia (y como ética y filosofía). Poder fundir ese significado y sus significantes, tan estéticamente atractivos, en una expresión artística es una oportunidad de la que, además de extraer conocimiento, también puede surgir la belleza.

C: ¿De dónde sueles extraer la información científica que utilizas en tus poemas?

S: Accedo a aquellos temas que me interesan sobre todo a través internet, ya sea mediante blogs, páginas web o prensa especializada (y también generalista: creo que no es malo el tratamiento que se le da a la ciencia en periódicos como El País, La Vanguardia o El Mundo), pero también estoy atento a algunos textos y reportajes de divulgación científica. Dado que no soy científico, trato de estar pendiente tanto de aquellos científicos que le dan un tratamiento literario a la ciencia (y a la inversa), como de aquellos que además practican su divulgación. De hecho, el tratamiento literario de la ciencia también es otra forma de divulgación. Son chispazos que encienden la mecha de mi curiosidad.

C: Desde mi punto de vista, «Radiación solar» y «Tensión superficial» son los dos poemas que mejor expresan la influencia de la ciencia en tu poética, ¿estás de acuerdo?

S: Sí, al menos son dos poemas en los que su presencia es muy explícita. Ambos forman parte del tercer y último acto del poemario, previo al epílogo final, en el que el travelling narrativo y poético que recorre el libro se acaba difuminando, en el que se volatilizan historia, ficción y presente en un túrmix confuso de ideas, precisamente el entorno donde creo que mejor se mueve la ciencia: ordenando y representando incertidumbres, no certezas. Ambos poemas nacen, además, de un proceso de escritura similar, quizás más extremo en “Tensión superficial”: partir del fragmento de un texto científico, modificándolo e introduciendo nuevos elementos, éstos ya propios, con los que trataba de redimensionar o complementar la idea original en un remix que no la traicionara.

Sergi y su musa

C: Y, ¿cuál crees que es la microvisión de la ciencia de ese supuesto Roland Emmerich?

S: Siempre imaginé al Roland Emmerich del poemario como a alguien frío y distante, una aparición presente en las sucesivas secuencias e imágenes del poemario. En términos econométricos podríamos decir que sería como un reflejo aleatorio, estocástico y extraño de la maquinaria que está moviendo todo lo que está en marcha ahí fuera, en la calle, pero también en nuestro interior, en lo corpóreo, en los circuitos de nuestros ordenadores..., de forma tanto implícita como explícita. Roland Emmerich es una entelequia, real -si me permites la paradoja- o irreal. No sabemos si es ruido que forma parte del progreso tecnológico y científico, o si es quien lo provoca. En ese misterio sobre Roland Emmerich (en el poemario aparece la pregunta “Subject: Who is Roland Emmerich?”), se resumen tanto mis certidumbres como mis incertidumbres vitales y tecnológicas. No sé tengo claro cuál es su microvisión de la ciencia, pero sí sé que es algo que me inquieta.

C: Me gustaría mencionarte dos nombres propios que, de alguna forma, aparecen en el poemario. El primero es predecible: Ballard. El segundo resulta más inesperado pero se trata de uno de los escritores que aún hoy más me sugieren: Wells. ¿Qué opinas de ambos? 

S: A H. G. Wells, como a Julio Verne y a su imaginación desbocada, les debo desde luego mi admiración y muchas horas de disfrute. Concretamente de Wells me interesa mucho la parte de su obra en la que trata la ambigüedad ética existente en el uso de la ciencia (La máquina del tiempo, La Guerra de los Mundos, El hombre invisible...), aunque acabara tomando partido claramente en favor del progreso científico y tecnológico. Y sobre J. G. Ballard qué decir... E-mails para Roland Emmerich es un modesto homenaje a un autor que considero absolutamente imprescindible. Trabajando con el género de la ciencia ficción logró narrar la realidad cotidiana y contemporánea de nuestro tiempo, probablemente mejor que muchos autores “realistas” (en el sentido convencional y estricto del término) de la época. Ballard escarbaba en esa cotidianeidad y mapeaba la realidad. Encontramos en su obra arquitecturas mutantes, urbanismos vacíos y microanálisis de nuestra sociedad de consumo, eminentemente enfermiza, violenta y sexual. Pero todo ello tenía siempre como gran objetivo el poder realizar un psicoanálisis exhaustivo al ser humano. A Ballard le interesaba la persona dentro de su entorno, buscar en su “espacio interior” y en su presente, entendido como un continuo y constante misterio que está ocurriendo en tiempo real. Apasionante, ¿no?

C: Desde luego. ¿Qué otros poetas te inspiran?

S: No creo que ningún autor pueda explicar con demasiada concreción de dónde proviene su inspiración, si bien es cierto que en el caso de este poemario la figura de Ballard ha estado muy presente. En cualquier caso, supongo que mis fuentes y preferencias moldean de alguna forma mi escritura, así que tendría que destacar un buen abanico de autores. Por ello, sin pretender extenderme mucho, mencionaré la poesía de Valente, Gamoneda, Charles Simic, Peter Handke, Rafael Courtoisie. Si nos circunscribimos a la poesía en lengua española reciente, estoy obligado a destacar absolutamente toda la obra de Pablo García Casado, la cual no me canso de regalar, a la poesía de Ana Gorría que se balancea entre lo visible y lo invisible, el barroquismo pop de Eduardo Moga, la poesía conceptual de Vicente Luis Mora o la poética híbrida de autores como Juan Andrés García Román, Agustín Fernández Mallo, David Refoyo, Manuel Vilas o Raúl Quinto. Ellos han abierto caminos en la poesía española más reciente, campos nada ajenos a la realidad que nos envuelve.

C: ¿Y si hablamos de narradores?

S: Ya he hablado anteriormente de Ballard y Verne, pero sería injusto no empezar mencionando a tres grandes autores de cómic Jack Kirby, Alan Moore o Grant Morrison. También está presente la complejidad cinematográfica de autores como el guionista Charlie Kaufman, el cineasta David Lynch, el novelista Don DeLillo, o el gran autor a la hora de hibridar texto e imagen en la literatura europea, W. G. Sebald, un verdadero genio. En la narrativa española más reciente, casi como en una reformulación “cuántica” del propio Sebald, admiro muchísimo (y no deja de sorprenderme) la obra en proceso del mataronés Jorge Carrión, la cual me parece de una solidez discursiva impactante: tanto sus crónicas de viaje (algunas de ellas verdaderas joyas en la experimentación formal), como sus conferencias, obra ensayística o narrativa siguen una dirección premeditada y reflexionada, atenta al bombardeo continuo de información, donde la imagen, lo audiovisual o la pausa, sirvan para hablar del presente y también de la memoria histórica, en un estilo muy peculiar de compromiso ético de apabullante consistencia.

C: Lo has mencionado un poco antes pero, ¿podrías avanzarnos algo de tus proyectos futuros?

S: Me gustaría completar el proyecto en el que se circunscribe E-mails para Roland Emmerich con dos libros más. El primero (y de hecho, el poemario con el que se inicia el proyecto), titulado Cinemascope ya está finalizado, aunque todavía inédito. Es un poemario que insiste en el análisis a esta sociedad icónica y referencial, así como en el collage entre texto e imagen, quizás de una forma más explícita y transversal. Del tercer y último poemario apenas tengo anotados unos esbozos. Por otro lado, estoy escribiendo el borrador de una novela, de género pero muy actual. Ya veremos qué sale de todo ello.

C: Para finalizar, alejándonos de la relación con la ciencia pero acercándonos a tu mundo interior, Sonic Youth es una de las mayores influencias en tus creaciones. Para alguien como yo, para quien el grupo neoyorquino supuso también un gran estímulo, es sumamente sugerente preguntar: ¿cómo encauzas esas influencias en la poesía?

S: En mi caso es algo muy físico y corporal. Cuando escuchas la música de Sonic Youth, ésta te impacta y golpea de forma desbocada desde lugares insospechados. Si es durante un concierto el efecto se multiplica exponencialmente: dejas que la melodía, que el muro de sonido se cuele dentro de ti. Inspiras, aguantas la respiración y te emborrachas, te dejas descuartizar por esa violencia que acaba liberada. Y esos acoples, esa deconstrucción sónica es algo muy físico, es un proceso muy de laboratorio, de improvisación de ideas, de trabajar con mecanismos de prueba y error hasta acabar destilando algo a partir de esa tensión sonora. Yo no entiendo, o no he conseguido entender la escritura o la lectura sin ese punto de tensión. Ahí es donde creo que puede existir una vía sónica en mi particular poética, aunque en realidad tendría que decir en mi filosofía de vida.

La droga sónica que utiliza Sergi

C: ¿Esa filosofía de vida incluye ir a ver a Lee Ranaldo en el próximo Primavera Sound?

S: Desde luego. En los intervalos de tiempo que han transcurrido entre los conciertos de Sonic Youth a los que he podido asistir (el primero en 1995), a pesar de no parar de ir a conciertos y escuchar música, siempre ha llegado un momento en el que el cuerpo me pedía algo de droga sónica. El último concierto de Sonic Youth al que pude asistir fue en abril de 2010 y desde 2011 la banda está sumida en un extraño parón, por motivos personales, por lo que existe la duda en si volveremos a verles subidos juntos en un escenario. El concierto de Lee Ranaldo en el PS será muy chulo, estoy seguro. Está tocando con una megabanda (entre ellos Steve Shelley) los temas de su disco Between the times and the tides, junto con versiones de Talking Heads y The Monkees y alguna joya del catálogo de Sonic Youth. Será muy chulo, sí. Y además mitigará (espero) un poco mi mono...

Lee Ranaldo y Sergi en Amsterdam

NOTA: Las imágenes y el vídeo que aparecen en esta entrada han sido generosamente suministradas por Sergi de Diego Mas, excepto la que hace referencia a la inspiración poética, gentileza de Javi López Menacho.