sábado, 6 de septiembre de 2014

DE LA VIDA Y LOS ASTROS


La línea que divide la denominada magia culta, que practica Marsilio Ficino, de una magia simbólica y absoluta se observa de forma destacada en el capítulo XV del tercer volumen de De vita. Este sincretismo emerge al tratar Ficino a los objetos de naturaleza inferior, y preguntarse si pueden tener algún tipo de naturaleza celestial. Ficino concluye que no lo cree, y lo hace desde las prerrogativas del neoplatonismo, pues los poderes celestiales son superiores a los terrestres: “if you concede that God has engrafted wonderful powers in things beneath the Moon, concede more wonderful ones to the celestial things” (321). Desde esta perspectiva, refuta los poderes de ciertas imágenes que algunos magos y astrólogos consideran maravillosas, y solo concede ese poder a los ungüentos y medicinas que se elaboran bajo el signo de los astros. En este aspecto, su neoplatonismo cuestionaría el peso de la interpretación de los signos que propone Foucault para el epistema del siglo XVI (Las palabras y las cosas, 33), aunque es cierto que eso se debe en parte a que Ficino está huyendo de la Inquisición, que condena a aquel que pretenda comunicarse con los astros o los demonios por escrito según dictara Santo Tomás. Y a que todo análisis con pátina filosófica suele tender a la generalización.
Sin embargo, cabe decir que las operaciones que imprimen de poderes celestiales a ciertas medicinas pertenecen a lo que Foucault describió como el epistema de la modernidad temprana. Concretamente, a la convenientia (18), pues todo el proceso de elaboración de sustancias: “can be done by a certain art of collecting together rightly and at the right time many things in one” (Ficino 320). La imitación también está presente en la selección de las piedras preciosas que presenta al principio del capítulo, aparejadas todas con astros. De hecho, todo el capítulo es un compendio de cómo a partir de esas analogías y de una serie de relaciones de simpatía—como la que tienen los metales ante los imanes—, esos objetos acaban obteniendo de los astros un ascendente que les permite ser objetos curativos, a medio camino de las prácticas médicas y de las prácticas astrológicas (320). Es precisamente esta mezcla de prácticas, tomadas como una suma de saberes en el sentido que le da Foucault (30), la que caracteriza el pensamiento de Ficino y lo aleja de ciertas magias puramente simbólicas basadas en imágenes, que él pretende combatir con sus conocimientos médicos. Se trata de una magia sustentada en conocimientos científicos y astrológicos que la dotan de una cierta pátina culta, aunque por momentos se me antoja que pretenda ser muy exhaustiva y ambiciosa a la hora de tratar de describir el universo y sus relaciones. Acaba pecando de excesivamente científica como para ser mágica.