jueves, 5 de noviembre de 2009

CIENCIA Y LITERATURA: EL PROYECTO NOCILLA

A estas alturas de un proyecto tan bien publicitado por su propio autor, no seré yo quien revele la clara influencia de la ciencia en la poética de Agustín Fernández Mallo (AFM). Tampoco pretendo realizar una crítica literaria al uso de toda la trilogía. Para eso existen reseñistas que ya han hecho su trabajo a la perfección coincidiendo con el lanzamiento de cada uno de los volúmenes. Esto es un ensayo sobre esas conexiones entre la ciencia y la literatura y la visión del mundo de AFM a partir del Proyecto Nocilla que, pese a ser conocidas, no suelen tener espacio para un análisis más profundo en las reseñas periodísticas. Mi contribución a intentar comprender un fenómeno que está teniendo lugar en las letras españolas y donde los temas científicos interesan notablemente a los escritores.


Lo de la influencia de la ciencia y la tecnología en la narrativa de AFM, a día de hoy, es de perogrullo. Han sido muchos los lectores –críticos o no- que lo han comentado y no seré yo quien insista en el tema. En todo caso, haré una ligera apreciación. Existe en su obra una influencia que es visible, imbricada en su poética y que vamos a llamar ciencia visible. Y otra más profunda, casi metafísica, relacionada con la estructura formal de sus novelas y la visión del mundo que tiene el autor -que evidentemente, no está desconectada de su poética y muestra que las relaciones siempre son complejas-, que llamaremos ciencia invisible.




Ciencia visible


Esa influencia directa se observa a partir de los contenidos de sus textos: las citas científicas de Nocilla Dream (ND), la aparición en los relatos de fórmulas y constantes físicas que se llegan a colgar de una azotea en Nocilla Experience (NE), la introducción de conceptos de física de partículas elementales en el monólogo de la primera parte de Nocilla Lab (NL), el uso de números decimales y escalas, la obsesión en la cuantificación de las micronaciones, los muchos científicos que figuran como personajes, los muchos personajes no científicos interesados por la ciencia, los laboratorios y objetos científicos, las referencias a la ciencia ficción o la combinación entre fragmentos de Rayuela y teoremas de topología matemática, por enumerar algunos elementos de lo que se observa una larga lista.


Estos contenidos se presentan en una mixtura que parece espontánea con elementos de la cultura pop, el pensamiento o la literatura. El fragmento 18 de NE, donde se mezclan agronomía, sociología, física de partículas, filosofía, cultura pop y arte conceptual en un mismo texto es paradigmático. Mucho más importante resulta esa presencia en la primera parte de NL, donde el autor pretende revelarnos su mundo interior y cómo se ha fraguado su Proyecto. Sólo con esos fragmentos podemos afirmar que AFM supera en sus textos la polémica de las dos culturas. De hecho, el autor no se identifica para nada con esa separación en dos culturas, que considera “el gran timo de Nuestra Era”. Podemos afirmar pues, que la ciencia forma parte intrínseca de la poética del autor.


Por otra parte, AFM siempre ha defendido la cita fuera de contexto posmoderna como uno de sus métodos de creación predilectos. Hay por tanto, razones posmodernas y de interdisciplinariedad –cuidado con la palabreja- en la utilización de estos contenidos. También existe una razón de convivencia cotidiana del autor, físico de profesión, especializado en radiología. Para AFM la ciencia forma parte de la cotidianidad y del saber general de manera “natural” (no en el sentido ecológico, obviamente). Pero además, los conocimientos científicos que relatan los personajes de sus no-novelas se sacan del cualquier parte -de la televisión, de Internet, de un libro o una revista y hasta de un diálogo- y no sólo de la formación del protagonista. A fin de cuentas, así es la sociedad occidental contemporánea: la ciencia, la cultura pop, los libros, los edificios, el consumo, el arte y las personas coexisten diariamente. Sin embargo, eso era algo impensable para muchos de los literatos españoles del XIX o el XX –excepción hecha de Benet, Martín Santos o Echeagaray- cuando apenas si existían profesionales de la ciencia más allá de la universidad, o la divulgación científica interesaba tan sólo a unas determinadas élites. Ese sería de por sí un factor que ilustra el cambio de los tiempos y la aparición de un escritor como AFM.






Ciencia invisible


Si se analizan las obras del Proyecto Nocilla en profundidad, se observan diferencias más allá de contener la misma poética. En ND la ciencia está presente inicialmente en forma de citas de otros científicos. No es hasta la entrada 22, con la aparición de Niels, el zoólogo danés, y la 25 con una reflexión sobre la Teoría de Catástrofes, que podemos apreciar textos del propio autor sobre ciencia y tecnología. En cambio, en NE la apuesta por elementos científicos se observa desde el principio. De las 20 primeras entradas, 9 tienen relación con elementos propios de la ciencia y sólo la primera es una cita. Precisamente, las citas en este volumen se vertebran en torno a otros elementos culturales: Apocalipse Now y el libro El pop después del fin del pop. En NL, la física de partículas y la energía nuclear aparecen en la primera parte; temas de ecología y biología en parte de la primera y más abundantemente en la segunda, y numerosos elementos tecnológicos en la tercera. El hecho de estas diferencias en mi opinión está condicionado por la estructura formal que el autor ha querido dar a cada uno de los volúmenes, que paso a exponer a continuación, y que demuestra que las razones que mueven a AFM son eminentemente estéticas –poéticas diría yo. En este sentido, me parece relevante decir que los distintos libros están estructurados en formas que suponen una influencia de la ciencia más invisible y que contienen las concepciones del autor.

En el primer libro, como ya algunos críticos han comentado, la estructura tiene forma de árbol. La imagen que sustenta el texto es un árbol plagado de zapatos colgados de sus ramas. La explicación de ese fenómeno supone el clímax de la narración y las conexiones ramificadas sin una jerarquía clara son las que vertebran las distintas historias del texto. La ciencia es una rama más de ese árbol aunque también sea un modelo explicativo que ayuda a comprender la imagen del árbol. Algunos lectores críticos lo han tachado de superficial y poco narrativo. Yo pienso que si la idea es reconstruir el mundo como un árbol, las historias sólo deben estar ligadas por un nudo en una rama, un pequeño punto en común, y lo importante es la imagen global, que AFM elabora de forma muy sugerente. Se trata del sueño del escritor tal como se puede contemplar en la portada del libro –que el autor suele cuidar en detalle para que esté en consonancia con el mensaje-, su imagen del mundo donde el espacio es el desierto posmoderno, y la plasmación de sus inquietudes (la estética, la soledad) predomina en los relatos, que son su representación particular del rizoma. Existen pues, razones conceptuales que justifican esta estructura. La analogía con el rizoma de Deleuze y Guaitari es evidente. Pero tampoco debemos olvidar que tanto el árbol como la red neuronal son organismos sujetos al estudio científico.







En
NE se habla de parchís por su simbolización del caos. En esencia, el mundo es como un gran tablero de juego, un experimento (como demuestran sus personajes, todos experimentadores). Ahí radica la importante presencia de la ciencia, paradigma de la experimentación, en el arranque del libro. De nuevo, es reveladora la portada, una nevera (superficie plana) con un juego para construir frases a partir de palabras magnéticas, otra vez idea del propio AFM. En ese tablero la ciencia pretende introducir unas reglas del juego en el plano pero adscritas al azar (parchís vs ajedrez). El autor trata a la ciencia con una perspectiva no determinista de las cosas que suceden en esa rayuela global. Pero se trata de una red dinámica de personajes, objetos y hasta del mismo autor, que colisionan entre ellos de forma inverosímil y se transmiten información (Julio Cortázar, Internet, Sgt Peppers, el parchís). En este sentido, y por culpa de esta era cibernética que registra tantos comentarios –las cosas del directo-, uno tiene que tragarse sus propias palabras cuando en un conocido blog de crítica literaria en Internet (el Diario de Lecturas de Vicente Luis Mora) recriminó a AFM no conocer las Actor-Networks de Bruno Latour. No sólo las conoce (y si no es así las intuye muy bien), sino que va más allá. Las convierte en redes dinámicas donde tanto los objetos como los personajes se desplazan, lo cual se adaptaría mucho mejor a esta complejidad que nos rodea.





Para AFM, al menos en
NE, el mundo es plano. De hecho, el espacio donde se sucede toda la no-novela es una imagen bidimensional de la realidad. El libro simboliza la interacción del autor con el mundo una vez publicado su sueño, un elemento más en ese tablero dinámico mundial. A mi me parece que es como una gran mesa de billar donde las bolas van chocando en un modelo estocástico, una simulación de Monte Carlo, un caos ordenado. De ahí la existencia de un clímax mucho más narrativo que en el caso de ND donde dos personajes se encuentran por casualidad en sus historias personales de búsqueda y dolor (símbolización de esos choques estocásticos caóticos que pueblan el libro) por las necesidades formales del texto y no tanto por razones de narratología como han apuntado algunos críticos (y más si tenemos en cuenta que las novelas, al parecer, ya estaban escritas de principio). Son en realidad las formas de cada uno de estos libros las que condicionan la narratividad.

La entrega que finaliza la trilogía,
NL, está plagada de referencias a la física atómica y a las partículas elementales en su primera parte, ya desde la cita inicial. Es un texto en el que aparecen todas las referencias culturales que están presentes en los textos de AFM y donde la figura y la voz del escritor son predominantes a diferencia de las otras entregas. Se trata de la esencia del escritor, su estructura íntima como si de partículas elementales se tratara (la segunda cita es de Sr. Chinarro, el grupo-artista favorito de AFM). Esa “mística total” de la que habla en la página 59. Por eso el espacio es una isla, la isla interior de la que acaba huyendo.

El texto se divide en tres partes. La primera está narrada en una forma más convencional que en anteriores entregas. Se utiliza un monólogo donde se relata el pasado del autor y sus referencias, en un guiño a la cultura humanista. Las referencias a la física de partículas se combinan con feroces críticas a ese sector intransigente del ecologismo que tienen continuidad en la segunda parte del libro, donde utiliza el formato más habitual en la narrativa de AFM, fragmentos cortos ordenados numéricamente. La crítica al ecologismo es contrastada con la realidad artificial de nuestro medio natural y con una serie de elementos artificiales y tecnológicos: ordenadores, jardines de plástico, fotografías de sonidos o el humo del tabaco. Todo acompañado de la poética habitual de AFM. La parte final, construida a base retazos, se encuadra en un mundo claramente poshumanista, donde crecen árboles y raíces de plástico y el narrador esta rodeado de elementos tecnológicos propios de nuestra cotidianidad: tarjetas de crédito, ordenadores y basura. Tras páginas y páginas de luchar contra sí mismo, el narrador decide escapar. La huida finaliza en formato cómic sobre una plataforma petrolífera en la cual Vila-Matas le cuenta al autor historias de relojes y celdas cúbicas de hormigón y donde los únicos elementos naturales que aparecen son el mar y una amenazante tormenta.
NL es el libro que representa la identidad del narrador desde su esencia y la disolución de esa identidad con la huida de uno mismo a la par que finaliza el Proyecto. De ahí el tránsito desde las formas humanistas hacia un horizonte posthumanista con distintos tipos de narración, desde el monólogo al cómic pasando por la fragmentariedad y el collage. Como era de esperar, la portada se asocia a esta road movie narrativa a partir de un collage de AFM sobre una imagen de la película italiana La aventura cuyo argumento esta muy en consonancia con el contenido de la no-novela.




Maridaje entre ciencia y artes

Es reveladora la obsesión de AFM por observar el mundo como un espacio en dos dimensiones tal y como da cuenta de ello la cita de Jacob D. Bekenstein del fragmento 36 de ND y por las superficies que aparecen en sus textos: el desierto, la piel, el “horizonte de sucesos”, el tablero, la rayuela, la isla. Este tipo de influencia de la ciencia en las formas es más que conceptual. Obviamente, se trata de una metáfora poética. Así no se explica detalladamente la realidad, más bien se poetiza. Encierra la idea de que la ciencia puede ser una herramienta muy poderosa para simbolizar artísticamente el mundo que nos rodea. Como el mismo autor ha afirmado en infinidad de entrevistas, piensa los libros como poemas, y ahí se encuentra la relación entre esas imágenes y lo que he dado en llamar ciencia invisible, en una sugerente combinación entre ciencia y arte. Esa apuesta decidida por un diálogo entre ciencias y artes, donde la poesía cobra un papel fundamental, se observa en los tres volúmenes y en la omnipresencia de la arquitectura en los textos como síntesis de ambas con la técnica. Pero en NE se explicita con la pareja Sandra-J y los postulados de la narrativa transpoética. Y en NL esa interacción se observa como elemental en el yo del autor –a fin de cuentas, el verdadero AFM está casado con una artista.

La apuesta de AFM sería impensable en el siglo XIX, cuando los filósofos más esteticistas estaban claramente enfrentados con los positivistas (el largo divorcio entre el racionalismo y el romanticismo, entre razón y emoción). Aunque también es cierto que ese divorcio no fue tal en muchas obras literarias, donde la influencia de la ciencia es más que matizable (pienso en
Madame Bovary o en el Ulises).

La obra de AFM se podría ver como una influencia del denominado fenómeno de la tercera cultura, pero aquí se trata de una interacción, no de una dominación o una preponderancia de la ciencia como es el caso de Brockman (curiosamente, Brockman se dedicó durante un tiempo a promocionar actividades que reunieran ciencias y artes). En cambio, en la narrativa de AFM la ciencia está supeditada a la poética. El árbol es superior conceptualmente a las citas científicas de
ND. Y la física puede dar una serie de reglas al juego de azar, pero el tablero resulta más importante. De ahí la existencia de una agronomía fantástica o de la ciencia del parchís (aunque ese concepto no me guste tanto) en NE y de árboles de plástico en NL. Al escribir, la imaginación, la poesía, están por encima de la ciencia, la supeditan. Algo muy lógico si hablamos de la construcción de un objeto poético como es un libro de narrativa (una no-novela en este caso). Imagínense que AFM hiciera al revés y ustedes fueran sus pacientes. ¿Les gustaría que tratara su grave tumor con metáforas? Bueno, hay gente que lo hace, pero con enfermedades tan graves y dramáticas creo que a mí no me haría mucha gracia.


Los peligros conceptuales 

En el reverso de la moneda de que todo lo que uno comenta en una bitácora quede registrado está el hecho de que se puede seguir siendo coherente con -o mejor dicho, evolucionar a partir de- las convicciones propias. Siempre me ha chocado en la obra de AFM la defensa sin fisuras de la ciencia que se desprende de la lectura de sus textos desde una narrativa que se autodefine como posmoderna. El problema de la concepción posmoderna de la ciencia estriba en que existe una fuerte crítica a su sostén a la modernidad. Es difícil hacer literatura posmoderna sin tratar a la ciencia con ironía como hace DeLillo en Ruido de fondo o Jonathan Franzen en Las correcciones. AFM lo consigue en parte, aunque a mi se me antoja que estos relatos están construidos después de la posmodernidad, en una suerte de transmodernidad relacionada con su transpoética, como en el relato global de las dos primeras entregas. Se asume que la ciencia es algo que se practica porqué resulta útil, aunque no se concibe a partir de verdades absolutas sino que está en continua mutación como los choques estocásticos que tienen lugar en NE. El autor ha afirmado en varias ocasiones (en alguno de esos debates participé, espero que de una forma más constructiva) que para él la ciencia es “una ficción verosímil” en el sentido de que funciona Es una ficción al ser una construcción humana que pretende narrar la realidad, y es verosímil porque siempre se puede contrastar empíricamente, falsacionar y hasta cambiar colectivamente cuando deja de funcionar. Una visión así supera la posmodernidad y todos sus conflictos con la ciencia.

Aunque esa perspectiva a mi parecer sea un acierto, y aún reconociendo que en los debates cibernéticos que he tenido con el autor he estado más de acuerdo con sus afirmaciones y sus intuiciones que en desacuerdo, flota en el ambiente el peligro del olvido de un pasado moderno de la ciencia (la ciencia y la razón fueron los pilares del sueño de la modernidad, no lo olvidemos), que conlleva una representación naïf que puede adolecer de falta del espíritu crítico que no nos recuerde que la ciencia también construye bombas atómicas, que puede ser neutra, pero no así su utilización. Sé que AFM, desde su posicionamiento posmoderno, busca tener un pasado ahistórico más allá de sus propios recuerdos, y artísticamente resulta muy loable. Pero la ciencia no es sólo algo práctico y sin historoa, también proporciona poder (y la historia nos recuerda lo que hicieron con ella los gobiernos de los EEUU y la URSS durante la guerra fría, o lo que hace el actual gobierno iraní).

Me gustaría finalizar, en cambio, resaltando el hallazgo del personaje de
NE, Antón el Bacterio. El tipo que descubre la ciencia del mundo por pura intuición, por su cotidianidad al atrapar percebes en las costas gallegas. Un caso ejemplar de que existe otra visión de la ciencia de la cual han hablado los antropólogos pero que se tiene poco en cuenta, y de ahí el acierto de AFM. La ciencia desde la perspectiva popular, desde la práctica diaria de un percebeiro que le hace entrar en contacto con esos seres vivos que los especialistas, en sus laboratorios, mirarán con otros ojos, a veces menos sensatos, y que tiene mucho de intuición en busca del conocimiento, y de poética.

En fin, lean las Nocillas, léanlas. Desde la perspectiva de la ciencia o desde la que les de la gana. Seguro que encontrarán elementos de análisis interesantes como me ha ocurrido a mí. Tal vez ahí resida el éxito de la trilogía.