sábado, 28 de octubre de 2017

El hilo musical del Pop español - Suburbano

El hilo musical del Pop español - Suburbano


Dos cosas hay en Hilo musical (Alpha Decay, 2010), la primera novela de Miqui Otero (Barcelona, 1980) y la protagonista de la nueva entrega de esta serie sobre literatura española y cultura pop, que me gustan por encima de todo: la construcción naif del personaje narrador, y la manera cómo el autor recupera fragmentos de su pasado.

La primera estrategia se percibe desde el minuto uno, con el fulgurante arranque del muchacho que trabaja de guardia de seguridad en una nave industrial y debe huir ante el inminente robo que se está perpetrando allí. La construcción de ese personaje se complementa con el relato de su historial laboral (págs. 40-41), y su notable ingenuidad frente al personaje femenino principal: Alma.

En su fuga inicial, el narrador llega hasta Villa verano, un parque temático en la costa del Mediterráneo en el que los trabajadores van disfrazados de animales en su mayor parte. Alma es la encargada de esos disfraces. Allí se desarrolla la segunda estrategia, a través de las conversaciones con Nemo: “el Capitán”, más conocido con posterioridad como Inocente, aunque de inocente no tenga nada. Es a través de estas conversaciones como el narrador: Tristán, evoca su pasado. Habla de sus años de fracaso en la universidad junto a Valentín, de la cinta de las lentas y las rápidas, y de su infancia friqui.

Es también a través de ese personaje poliédrico: “el Capitán”, como Otero hilvana una historia del pop que hasta ahora no se había narrado, la del pop ibérico. Inocencio no es más que un vestigio de aquellos tiempos. Era el cantante y compositor de los míticos, por inexistente, Los Famosos. Y a partir de ese grupo ficticio, recupera la historia de un pop que emergió en las catacumbas del franquismo contra el poder dominante, el de Los Salvajes, Los Bravos, Los Relámpagos o Los Canarios. También se rescata la narración de locales míticos, como la Sala Price de Barcelona o Les Golfes de Vilanova i la Geltrú, o de prehistóricos concursos radiofónicos como el de Radio Madrid. Se trata de un pop en castellano que está hermanado con el que se hacía al otro lado del charco, en los países de habla hispana, como el de Los Impala, de Venezuela, que también se citan.

Hay otras referencias a los orígenes del pop en España, como los bolsilibros (libros de bolsillo de temática pulp que corrieron como la pólvora en la España de la época), la ciencia ficción, las varias citas intertextuales a Francisco Casavella (El triunfo en pág. 54), primo del autor y protagonista principal de esta serie cuando hizo su llegada a Barcelona, además de menciones a los dibujos animados de Los Picapiedra y Los Imposibles (págs. 23 y 88), aunque sean referencias anglosajonas.

Del estilo de Otero, que se me antoja muy gallego por la subordinación y el uso del humor, aunque también sea catalán, destaca el desparpajo en el uso de las metáforas: “de quien canta bingo cuando le han desahuciado y quitado la custodia de los hijos” (pág. 85). Y también el buen oído para el lenguaje de la calle. La frase: “tengo más hambre que el perro de un afilador” (pág. 48) se la oí cientos de veces a mi padre, que no era gallego sino andaluz. Además, destaca el tono de los diálogos, en donde se habla con un nítido sonido de barrio de temas como “meterse” o de los “nens” (págs. 55 y 56). Eso no supone un problema para incluir en la narración elementos más experimentales, como el uso gráfico del espacio en la página (en pág. 127 o en pág. 290).

Así que esta primera obra de Otero, se me antoja un muy buen principio y un libro fundamental en esta serie. Cierto que cualquier crítico siempre puede encontrar peros a una obra, e Hilo musical no es la excepción. Hay un momento, el de la crítica al mundo del trabajo y a los parques temáticos, que me recuerda mucho, quizá demasiado, a George Saunders, con la salvedad de que aquí se resuelva con cierta precipitación, cuando Saunders se puede pasar hasta 14 años para finalizar alguno de sus relatos. Es cierto que la trama del hilo musical resulta ingeniosa, pero la crítica social podría haberse resuelto de otra forma. Eso no es óbice para reconocer la maestría de Otero al componer, que se observa no solo en este libro sino en los siguientes (La cápsula del tiempo [Blackie Books, 2012] y Rayos [Blackie Books, 2016]). Soy un lector irredento de la obra de Rodrigo Fresán, llegando a rozar el fanatismo. Gracias a él conocí a uno de sus autores de cabecera: Kurt Vonnegut (a través de Vonnegut llegué a Saunders). Fue tras esas lecturas cuando incubé la posibilidad de narrar mi vida desde un mundo irónico y parcialmente fantástico. El hecho de que yo haya fracasado en mi intento no me incapacita para darme cuenta de que Otero sí lo ha conseguido. Lo ha hecho, además, con gran brillantez, como se observa en el arranque de Rayos, su última novela. Hilo musical es la primera entrega de ese proyecto que desde estas líneas aplaudo con ganas. 

lunes, 23 de octubre de 2017

MESTIZAJES DONOSTIA 2017

Ya debería estar allí, con unos cuantos amigos. Pero las obligaciones familiares me obligan a estar in translation.

Workshop Mestizajes
Programa del encuentro
Lunes 23 de Octubre de 2017
9:00 – 9:15 Recepción y entrega de documentación
9:15 – 9:30 Presentación - Ricardo Díez Muiño
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Donostia International Physics Center – San Sebastián
Apertura - Gustavo A. Schwartz / Víctor Bermúdez
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Donostia International Physics Center – San Sebastián
9:30 – 11:00 Materia. Ciencia. Belleza.
Pedro Miguel Echenique
Donostia International Physics Center / Universidad del País Vasco
El asno de Sancho Panza
Clara Janés
Poeta – Real Academia Española de la lengua
11:00 – 11:30 Discusión – Mesa redonda Pedro Miguel Echenique / Clara Janés
Moderador: Gustavo A. Schwartz
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
CFM / DIPC – San Sebastián
11:30 – 12:00 Café – No es un momento para descansar sino para continuar la
discusión en otro sitio.
12:00 – 13:30 Entre espacio-tiempo y cronotopo:
casi como una metáfora (casi, pero no del todo)
Catalina García García-Herreros
Universidad de Salamanca
La materialidad de la luz y de la palabra
en la obra de Andrés Sánchez Robayna
Adriana Martins-Frias
Pamplona Learning Spanish Institute - Universidad de Navarra
El papel de la investigación científica y literaria en la construcción de
una comprensión evolutiva de la materia y de nuestra relación con ella
Melisa Pierce Murray
Escultora | Cambridge U.K.
Moderador: Aitzol García-Etxarri
Donostia International Physics Center

Workshop Mestizajes
Programa del encuentro
Martes 24 de Octubre de 2017
9:00 – 10:30 El origen de la vida o cómo la materia se organiza
para dar lugar a los seres vivos
Kepa Ruiz-Mirazo
Instituto de Biofísica - Universidad del País Vasco
Redes complejas: lenguaje y creatividad
Ricard Solé
Universidad Pompeu Fabra - Barcelona
10:30 – 11:00 Discusión – Mesa redonda Kepa Ruiz-Mirazo / Ricard Solé
Moderador: Gustavo A. Schwartz
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
CFM / DIPC – San Sebastián
11:00 – 11:30 Café – Una dosis extra de cafeína para encarar la segunda sesión.
11:30 – 13:00 El modelo científico en la creación literaria: la ilusión de la verdad
Rosa de Diego
Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Écfrasis y observación científica
Luis E. Echarte
Instituto Cultura y Sociedad - Universidad de Navarra
¿Quién soy yo? El papel de los hábitos y el aprendizaje procedimental
en la identidad
Mikel Ostiz Blanco
Instituto Cultura y Sociedad - Universidad de Navarra
Moderadora: Catalina García García-Herreros
Universidad de Salamanca
15:30 – 17:30 Visita a los Laboratorios de Investigación
Centro de Física de Materiales / Donostia International Physics Center

Workshop Mestizajes
Programa del encuentro
Miércoles 25 de Octubre de 2017
9:00 – 10:30 ¿Somos conscientes de nuestro cerebro?
Nicola Molinaro
Basque Center on Cognition, Brain and Language
¿Personajes o personas?: La representación literaria
de la conciencia y su estudio cognitivo
Isabel Jaén Portillo
Portland State University - USA
10:30 – 11:00 Discusión – Mesa redonda Nicola Molinaro / Isabel Jaén Portillo
Moderador: Víctor Bermúdez
Donostia International Physics Center – San Sebastián
11:00 – 11:30 Café – Aún queda café para encarar la última sesión.
11:30 – 13:00 La perspectiva afectiva de la materia en el “Proyecto Nocilla”
de Agustín Fernández Mallo
Carlos Gámez Pérez
University of Miami
¿Qué es qué? Posibles alternativas a la tradicional concepción
esencialista de la persona literariamente ilustradas
Alma López Vale
Departamento de Filosofía - UNED
La entropía del lenguaje y el lenguaje de la entropía
Lawrence S. Johnson
Moderador: Víctor Bermúdez
Donostia International Physics Center – San Sebastián
13:00 – 13:15 Cierre
Gustavo A. Schwartz / Víctor Bermúdez
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Donostia International Physics Center – San Sebastián

Conferencias Públicas Mestizajes
Programa del encuentro
Museo San Telmo
Lunes 23 de Octubre de 2017
18:00 – 19:20 Materia, Literatura y Ciencia
Luisa Etxenike
Escritora – San Sebastián
José Edelstein
Departamento de Física de Partículas – Universidad de Santiago de Compostela
Moderador: Gustavo A. Schwartz
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
CFM / DIPC – San Sebastián
19:20 – 19:40 Intervalo
19:40 – 21:00 La materia y la escritura: caminos de ida y vuelta
Menchu Gutiérrez
Poeta
Germán Sierra
Departamento de Bioquímica y Biología Molecular
Universidad de Santiago de Compostela
Moderador: Carlos López de Silanes de Miguel
Neurólogo y Doctor en Historia de la Ciencia
Hospital Universitario de Torrejón - Madrid

Conferencias Públicas Mestizajes
Programa del encuentro
Museo San Telmo
Martes 24 de Octubre de 2017
18:00 – 18:40 Lenguaje y pensamiento: sobre la búsqueda de la lengua perfecta
Jordi Fortuny
Departamento de Filología Catalana y Lingüística General - Universidad de Barcelona
18:40 – 19:20 Dinámicas no lineales, bifurcaciones y azar en la literatura digital
Belén Gache
Escritora y Poeta - Madrid
Moderador: Kepa Ruiz-Mirazo
Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
19:20 – 19:40 Intervalo
19:40 – 21:00 Evolución, vida, complejidad y conciencia
Juan Ignacio Pérez Iglesias
Director de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco
Xurxo Mariño
Profesor de Fisiología - Universidad da Coruña
Moderador: José Edelstein
Departamento de Física de Partículas
Universidad de Santiago de Compostela

Conferencias Públicas Mestizajes
Programa del encuentro
Museo San Telmo
Miércoles 25 de Octubre de 2017
18:00 – 19:20 Materialidad de la conciencia: lazos de música y poesía
Elixabete Etxebeste
Filosofía y Estética de la Música y Etnomusicología - Musikene
Amalia Iglesias
Filóloga, poeta y periodista cultural
Moderador: Víctor Bermúdez
Donostia International Physics Center – San Sebastián
19:20 – 19:40 Intervalo
19:40 – 20:20 Neurociencia, Lectura y Literatura
Manuel Carreiras
Director Científico del Basque Center on Cognition, Brain and Language
20:20 – 21:00 Literatura neuroconsciente: poetas pensando que piensan
Vicente Luis Mora
Escritor, poeta y crítico literario
Moderadora: Isabel Jaén Portillo
Portland State University - USA

viernes, 6 de octubre de 2017

Un testimonio profundo - Nagari Magazine

Un testimonio profundo - Nagari Magazine


En su última novela: Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre, Sergio Galarza (Lima, 1976) narra en clave autobiográfica la relación con su madre. Como ha sucedido recientemente con escritores que han alcanzado notable resonancia mediática, como Karl Ove Knausgård, Galarza no hace uso de subterfugios y narra directamente a partir de sus recuerdos, pero siempre con su madre como protagonista, una madre a la que acaban de diagnosticar un cáncer en fase terminal.

Se cuenta así la infancia de Galarza, la complicidad inicial de aquel niño y su madre (aunque era el padre quien tal vez estuviera más cerca), y la posterior separación de aquel muchacho de la secundaria que quería ser rebelde y, por tanto, mal estudiante y futuro bohemio. El autor se apoya en metáforas futbolísticas que se inmiscuyen hasta en la escritura, una escritura que acabará justificando por su madre: “No disfruto más escribiendo un párrafo con sustantivos sólidos de bajo y batería, adornados con adjetivos como punteos delicados de guitarras de palo, que salvando un gol en la línea o metiendo un pase entre las piernas.” (p. 18) No en vano, el fútbol es uno de los nexos de unión entre madre e hijo. El otro va a ser la literatura, a partir de los gustos comunes (Ribeyro, Bryce Echenique) y la pulsión narradora, pasional en el caso del hijo, comedida cuando se trata de la madre.

Por en medio la persona lectora se encuentra con las peripecias del emigrante. Podría decirse que puede ser habitual en la literatura reciente. Pero Galarza lo narra de una forma tan ajena a los tópicos, describiendo la situación de su hermana en EEUU, humanizando a los policías o describiendo el proceso de las cartas de invitación en España, una montaña de requisitos que cada vez crece más, que ese es uno de mis pasajes preferidos.

Capítulo aparte merecen los secretos familiares, a los que el autor dedica una sección completa del libro. De entre ellos, sobresalen las infidelidades del padre, narradas siempre de forma velada y sobrellevadas con dignidad por la madre. Es a través de esa dignidad como la persona lectora conoce, además del carácter de la progenitora, la realidad familiar de los abuelos maternos de Galarza, también compleja.

En líneas generales, el autor utiliza un estilo muy conciso y contenido, casi periodístico, para narrar, con una sintaxis poco subordinada, pero con fogonazos de lirismo que aparecen en mitad de la narración: “preguntándose si no caería en el desconsuelo para gente desesperada que se traga cualquier sintaxis desnutrida de sudor como si fueran revelaciones divinas” (p. 48). Esto es así hasta la última parte, la cuarta: “Adiós, mamá”, en que el autor pone toda la carne en el asador. Contrasta notablemente con la anterior, en donde Galarza ha descrito el último viaje a Madrid de su progenitora. En ese fragmento la escritura es ligera y agradable. En la parte final, en cambio, es descarnado. Desgrana los detalles de los últimos días de la enfermedad de su madre y se despide. Pero elige muy bien los pasajes. Clava las descripciones. Es un fragmento muy emotivo, que da a entender que Galarza se entrega cuando debe entregarse, lo que muestra lo acertado de la estructura narrativa. El libro se cierra con la declaración de intenciones del autor: “Esto es una biografía que el lector puede interpretar como quiera” (p. 157). Quizá sea el único pero que se le puede encontrar al libro. Este lector entiende que para Galarza resulta importante resaltar en su despedida el rechazo a las mentiras para cerrar el texto. Pero no creo que sea necesario explicitar ahí el pacto autobiográfico. Es cierto que el autor avisa antes. Pero lo hace de una forma más tibia, a través de esas metáforas futbolísticas (p. 18). Se asume que la persona lectora ha aceptado leer hechos verídicos, así que el pacto ya se había producido de antemano, y es la razón de tan destacada obra.

sábado, 30 de septiembre de 2017

El roquer que corría tras la literatura - Suburbano

El roquer que corría tras la literatura - Suburbano


La estrella de rock deja la guitarra apoyada entre el suelo y la pared, formando un triángulo en el que se crea una sombra del instrumento que lo define, y toma la novela que se encuentra sobre la mesilla. La ojea y se detiene a leer algunos pasajes especialmente significativos. Sabe que su gesto es sencillo como una melodía pop, pero también significativo. No es común el paso de los acordes rítmicos a las letras de un libro. Y justo ese fue el paso que dio Sabino Méndez, compositor de una de las bandas españolas más conocidas durante la década de los 80 en España: Loquillo y Los trogloditas. Lo dio en 2000 con la publicación de las memorias: Corre rocker: crónica personal de los ochenta (Espasa). Y continuó con el ensayo Limusinas y estrellas (Espasa, 2003), para pasar a la narrativa en 2006 con Hotel Tierra (Anagrama) y la recientemente publicada Literatura universal (Anagrama, 2017), Historia del hambre y la sed (Espasa, 2006) entre medio.

En una serie que empezó hablando de la cultura pop de Madrid, para pasar a la de Barcelona, resulta necesario tratar al hombre que ha vivido con un pie en cada una de las dos ciudades. El rocker que nació y creció en la Ciudad Condal, pero se hizo famoso en la capital del reino. Si, además, este firmó clásicos del rock en español como “Cadillac solitario”, “Voy a ser una rock’n’roll star” o “Rock suave”, se comprenderá la justicia de que transite esta serie.

Méndez no es ni mucho menos un prototipo. Se da muy poco el caso del músico de éxito que se aparta de su carrera para retomar el éxito con las letras, esta vez, en las páginas de un libro, como se observa en los fiascos literarios de Morrissey (no así en el caso de Nick Cave y su excelente The Death of Bunny Munro). Y no puede decirse que Méndez haya alcanzado con la literatura el éxito que obtuvo con sus canciones, himno musical de toda una generación, la de la “Movida”.

De todos sus libros, notables, bien escritos, es quizá Corre rocker el que más sobrecoge. También es el escrito que tiene una relación más directa y evidente con el rock junto a Hotel Tierra, que es un dietario. Se trata de unas memorias en donde narra su paso de Barcelona a Madrid, primero en los autocares que utilizaban los muchachos que hacían la mili, después en la primera clase de cualquier tipo de transporte. Describe el ambiente musical de aquella España, con notables perfiles de colegas de profesión, como Julián Hernández, de Siniestro Total, Poch, de Derribos Arias, o Ana Curra, de Parálisis Permanente; y con críticas a algunos, como Manolo García, de El último de la fila. También explica su relación con el líder de su grupo: Loquillo, de una forma tal, que el libro supuso la ruptura entre ambos (la ruptura personal, porque Méndez estaba apartado de Los trogoloditas desde finales de 1989 por sus problemas con las drogas). El libro presenta a José María Sanz, aka Loquillo, como alguien interesado y corto de miras que se aprovecha de las oportunidades que surgieron en el mundo de la cultura con la llegada de la democracia a España. Se trata de un retrato tan descarnado, sin concesiones, que no es de extrañar el corte abrupto entre ambos. No hubo reconciliación hasta 2005, cuando se habló de llevar al cine las memorias de Méndez y la productora forzó un acercamiento, lo que dice poco de Sanz y apuntala las tesis de Méndez. ¿Qué hubiera pasado si no hubiese habido la producción de material mediático de por medio, con sus consiguientes promociones, aunque estas acabaran no llegando a buen puerto?

La crónica personal de los ochenta que compone Méndez, incluye también su relación con las drogas, conocida por el público, dadas las desavenencias que produjo en el seno de su banda. Como en el resto del libro, el autor no tiene pelos en la lengua y traza un relato sincero y creíble de la presencia de las drogas duras, y más concretamente, la heroína, en el circuito musical español. Más allá del espectro maldito que esta droga suele proyectar en el panorama de la música rock, Méndez la describe como el único salvavidas para solventar la ansiedad que producen las giras, los lanzamientos discográficos y las tensiones del mundo de la música popular. Perlas de esos pasajes son sus relaciones con Nina Be, o la anécdota del camello que se hizo amigo de Johnny Thunders.

Pero a lo que a este lector más le emocionó de esas memorias en su momento, fue su relación con la literatura. En Corre rocker se revela la pasión de Méndez por la narrativa (en especial, por la obra de Alfredo Bryce Echenique) a través de sus estudios de filología hispánica, que es lo que va a desembocar en la carrera literaria del autor, y que es el tema central de Literatura universal: los libros como la heroína que permite lidiar con la ansiedad que produce la vida. Sin embargo, del tono de ese y otros libros también se entrevé la razón de su falta de empatía con un mayor número de lectores: su terrible soberbia. Lejos quedan las historias del muchacho de barrio que ansía triunfar pese a los reveses que obtiene de la vida, que tan bien se reflejaban en las letras de sus canciones. Los narradores de Méndez son tipos que creen haberlo leído todo y haberlo vivido todo y que esperan que asumas que son unos triunfadores. Y, ¿desde cuando la buena literatura narra la historia de triunfadores ante el drama que supone la tragicomedia de la vida? ¿Acaso triunfan Don Quijote, Leopold Bloom o Arturo Belano? Sí, pero desde otra perspectiva. Estamos hablando de literatura.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Las vidas de los otros - Nagari Magazine

Las vidas de los otros - Nagari Magazine


Después de mucho tiempo de querer cumplir con la promesa que le hice su autor, por fin encuentro un hueco para dedicarme a la lectura de El Asturiano, la novela de José Luis Fernández Ortega. La sensación predominante, una vez finalizada la lectura, es una suerte de emociones encontradas, como las que tiene el protagonista de Volver a empezar, la película que supuso para José Luis Garci (Madrid, 1944) el premio Óscar a la mejor película extranjera del año 1983. Aquella historia del asturiano que volvía a su tierra con la triste mirada violácea de los astures tras un largo exilio, como consecuencia de la Guerra Civil española, tiene paralelismos con la novela de Fernández Ortega. En ambas se saborea el regusto melancólico del retorno a esos paisajes de olas cantábricas, riscos agrestes y cielos nublados. La novela contiene carencias que la película atacaba sabiamente. Pero superadas esas limitaciones, que aquí se matizarán, a partir de un cierto momento, el libro se lee bien, ha envuelto a este lector y, sobre todo, consigue su objetivo, que es el de levantar acta de una vida, la de Calixto: El Asturiano.

Para empezar, cabe decir que, aunque el texto esté bien escrito, el lector se topa con erratas y expresiones confusas, como la confusión ortográfica que existe en torno al sonido s, que aparece más de una vez (“Haz hecho bien” en p. 16), la enumeración de sustantivos anglosajonizada (“sobre su hombro y brazo”, p. 19), que elimina el artículo propio del español que acompaña a los nombres por razones de género, o los simples fallos tipográficos (“regresar si mayor dilación”, p. 20), además de algunas cacofonías, entre otras cosas. Errores subsanables con una corrección de estilo final y una atención más continua en el estilo de un autor que en otros pasajes es capaz de esta guisa: “el cielo es prístino” (p. 53). Pero el mayor defecto de la primera parte del libro es la ausencia de tensión. Inspirarse en el entorno familiar, en personas de carne y hueso que se han conocido, y en historias orales, encierra el peligro de la condescendencia. Creo que en ciertos momentos el autor peca de eso. Es difícil ver a la estructura básica de la sociedad, como lo ha sido la familia en los últimos 2000 años, como un grupúsculo carente de conflicto con las luchas de poder que se dirimen en su seno. Si a ello se añade el poco tiempo del que disfrutamos hoy en día, de forma que las novelas deben enganchar al lector desde el primer minuto si no quieren caer en el olvido, esos dos argumentos lastran el inicio de El Asturiano. El autor trata de subsanarlo con el recuerdo reiterado de una pelea del protagonista, que vuelve a su memoria en sueños y es la escena que cataliza los dos viajes del Asturiano a Cuba desde su tierra natal. Pero se me antoja insuficiente, a veces por repetitivo y otras por previsible.

Curiosamente, a partir de un punto de la narración si se observa ese conflicto (concretamente, a partir de la parte V, en la página 118), y el interés por el escrito es creciente a partir de ahí hasta el final. Se trata del pasaje en el que se cuentan las vicisitudes de esa pelea, el enamoramiento de Calixto y María Elena, el subsiguiente viaje de polizón de Calixto y la primera llegada a Cuba, en paralelo con el inicio de la Guerra Civil española, que afectará años más tarde y de forma dramática a los hijos del protagonista. A partir de ahí la historia de Calixto y su familia enganchó a este lector con la tensión que se genera entre Eulalia, la segunda mujer del protagonista, y los hijos del primer matrimonio recién llegados a Cuba, con la angustia de los damnificados en el conflicto civil español que desconocen la suerte final de algunos de los suyos, con la progresión de José Danilo en el trabajo, con las descripciones del trabajo del pailero en aquella Cuba prerrevolucionaria…

Me sorprende que el autor no haya iniciado la narración ahí, pudiendo incluir los pasajes adecuados de la primera parte de la novela, a modo de flashback, más adelante, técnica que no es ajena a Fernández Ortega en la segunda parte, y que maneja con soltura. Esa estrategia estructural, a mi entender, haría ganar muchos enteros a un libro que se lee con gusto y despierta el interés por el motivo principal del libro: la recuperación de una de las tantas vidas anónimas que han sustentado la historia de la humanidad.

Este último punto me lleva a una reflexión más general. Recientemente se ha revelado un éxito el tratamiento literario de lo autobiográfico, en especial, con autores como Karl Ove Knausgard, Elena Ferrante o Sergio del Molino. Mi muy admirado Rodrigo Fresán lo critica en una entrevista que aparece en la versión impresa de la revista Jot Down. Pero con la acumulación de relatos biográficos se abre una puerta a la autoría colectiva y a relegar por fin al autor a otro tipo de función creativa ajena al estrellato cultural. Bien es cierto que, con la excepción de Ferrante, que ha tratado de mantener su anonimato, los otros autores están muy lejos de cualquier tipo de autoría colectiva. Al contrario, hacen profesión de autoría y de su construcción mediática en sus relatos autobiográficos y en sus opiniones. Sin embargo, a mi parecer ese cambio es solo cuestión de tiempo. La ficción que defiende Fresán estuvo sacralizada en la literatura desde el inicio de la modernidad. El gran autor elaboraba buenas ficciones y el relato popular, que también contenía elementos ficticios, resultaba inferior y mediocre. Creo que es hora de reconsiderar ese juicio. Recientemente leí Brooklyn Follies, de Paul Auster. Aunque es un novelista irregular, ese escrito, que se construye desde una estructura oral que recuerda al David Copperfield de Dickens, es muy sugerente en su apuesta por narrar las vidas de los otros. El libro finaliza, precisamente, con esa propuesta, la de recopilar las vidas de las personas anónimas para familiares y amigos. Es lo que ha logrado Fernández Ortega con sumo interés, obviando ahora esas matizaciones subsanables que aquí se mencionaron.