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domingo, 2 de diciembre de 2018

El hombre de la mirada lúdica - Nagari Magazine

El hombre de la mirada lúdica - Nagari Magazine



En un comentario crítico de la anterior novela del autor: Los últimos días de Roger Lobus, Robert Juan-Cantavella, uno de los dos presentadores de su último libro en Barcelona, en la librería Calders, apuntaba al hecho de que, a la longeva tradición de la literatura del padre, Óscar Gual (Almazora, 1976) incorporaba el humor. Pues bien, el humor sigue siendo una marca de la casa del autor. En este caso, en El hombre de la mirada de piedra (Aristas Martínez, 2018), el humor y la ironía permiten vertebrar escenas de acción que parecen extraídas de un videojuego y que acaban siendo eso, la parodia de unos personajes que pretenden ser héroes frente a la pantalla de televisión con sus mandos respectivos: “Por eso aquí seguimos, suspendidos, sin mover un dedo para no quebrar este frágil y reconfortante equilibrio. Esperando que llegue aquello que no queremos que llegue nunca. Un lienzo costumbrista: familia cualquiera frente al televisor cualquier noche en cualquier salón de cualquier ciudad que no sea esta.” (p. 42)

El autor utiliza, por tanto, una mirada lúdica para desarrollar temas de profundo calado. Lo cierto es que hay mucho de gamificación en el libro. La novela intenta reconstruir la biografía de un extraño personaje: Drákos Vasiliás, aka “El Chema”, aka Josep María Milhomes. Se trata de un tipo que sufre el Síndrome del Savant, lo que le permite traducir la realidad a relaciones matemáticas y, a partir de ahí, convertir sus habilidades en ingentes beneficios para las corporaciones para las que trabaja, como Pareidolia, el gigante financiero. Como no podría ser de otra forma, los orígenes de ese oscuro Drákos tienen lugar en Sierpe, el territorio imaginario en el que se desarrollan todas las novelas del autor. El narrador los cuenta a partir del fulgurante ascenso, las esperpénticas andanzas, de corte nítidamente berlanguiano, pero también mediante los juegos de estrategia y el clásico: El arte de la guerra, para llegar a la posterior desaparición del trepa Milhomes. Esta estrategia no es gratuita, o no solo está diseñada para que el autor vuelva a su territorio imaginario y utilice escenas lúdicas. La trama de Gual nos señala que todo el desmadre que ha tenido lugar en las últimas décadas con la economía no es global más que en sus consecuencias. Tiene unas raíces locales que son las que engendran todo el caos y el dolor posteriores.

El libro está dominado por un argumento de ciencia ficción, el de la capacidad de entender la realidad desde parámetros matemáticos, que casa muy bien con la profesión de informático del autor, y con los juicios socioeconómicos que realiza. Pero es algo más que una novela de ciencia ficción. La caótica investigación en busca de la narrativa que compone la figura de Drákos es más sutil, con la gestión de notables cantidades de datos y fragmentos inconexos, de la que puede llegar a dudar el lector como lo hace el narrador: “ante situaciones imposibles de encajar, para las cuales no tenemos referencias establecidas, pensamos que estamos pasando algo por alto. Porque no disponemos de un relato bajo el cual guarecernos. Cuando puede que sea justo lo contrario. Cuando, quizá, nuestra querencia por la narratividad se haya convertido en un obstáculo.” (p. 210) Gual se está cuestionando la capacidad de narrar. Me recuerda a Joel, el investigador robótico protagonista de la primera novela del autor: Cut & Roll. Sin embargo, a diferencia de esta última, en El hombre de la mirada de piedra lo que prima en el narrador es la necesidad de contar una historia.

viernes, 20 de mayo de 2016

Todas las familias de cereal no son iguales - Suburbano

Todas las familias de cereal no son iguales - Suburbano


La impresión más viva que me queda tras leer Familias de cereal (Candaya), de Tomás Sánchez Bellocchio (Buenos Aires, 1981), es que me acabo de enfrentar a la última entrega de una tradición centenaria. No es otra que la del cuento argentino, que tantos buenos relatos ha reportado a las letras hispanas, y que ha sido frecuentado por autores de tanto prestigio como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Horacio Quiroga o Rodolfo Fogwill.

Cuando menciono lo de mantener la tradición, no crean que hablo de escribir como se hacía hace cien años. La tradición debe reinventarse siempre. Me refiero a aplicar esa tradición al entorno social terriblemente tecnificado que ahora nos rodea. A utilizar las cámaras de vídeo, las computadoras, la televisión o Internet para, a través de ellos, estructurar textos que preservan unos valores literarios que todos podemos reconocer. Y a ello se aplica Sánchez Bellocchio a conciencia en este libro. 

Me refiero también a no inspirarse solo en la tradición propia, sino a tomar elementos de otras tradiciones literarias, como recomendara Borges en el famoso ensayo: “El escritor argentino y la tradición”. Y a fe que Iván Ilich ronda las páginas de “Hacedor de dinero”, de la misma forma que Miranda July fisgonea en “La nube y las muertas”.

También me refiero a utilizar la teoría literaria para construir las narraciones sin que el lector lo pueda percibir. Convertir cada cuento en un ensayo de la realidad que nos rodea mientras la historia fluye por sí sola, que fue la estrategia que universalizó tanto a Borges como a Cortázar, y que es la argucia que se encuentra en “Cuatro lunas”. Una historia en donde, a través de Michel Foucault, su arqueología del saber, y un relato sobre obesidad, identidad y satisfacción personal, el narrador se pregunta por la supuesta sociedad del éxito social en la que vivimos.

Se trata en definitiva, de una reactualización que mezcla elementos pasados e innovadores de forma ingeniosa y efectiva. Y el mejor ejemplo de lo que digo se muestra al leer, casi al final del relato “Historia de la caca”, una frase como la que sigue: “Vio hojas secas, ramas, vasos de plástico, un inodoro, pedazos de mampostería. Vio la cabeza de un elefante bebé disecado con sus colmillos rotos. Vio enormes marcos de espejos, monedas, tiras de pastillas, papel higiénico usado. Vio dentaduras postizas, una bicicleta, bombachas y las aspas de un ventilador o un helicóptero.” (39) Que evoca desde el presenta la famosa frase de página y media, únicamente sustentada con el verbo ver, en la que el narrador Borges describe su visión del aleph. Una broma dialógica que parte ya del título.

Este libro, además, me ha servido para reencontrarme con un viejo conocido, el relato que lleva por título “Interrupción del servicio”, incluido en la antología Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos, publicada también por Candaya, y en la que yo participaba. En una antología uno nunca puede decir cuál era el mejor de los relatos sin que deje de ser una afirmación subjetiva, condicionada por el bagaje literario y las lecturas previas—desde luego, el mío no lo era, al menos desde mi subjetividad—. No afirmaré por tanto que el cuento de Tomás Sánchez Bellocchio sobresalía del resto, aunque recordara tanto a “Casa tomada”, de Cortázar, como corroboraron varias críticas. Sin embargo, sí puedo afirmar que aquel texto corto en el que se ponían al descubierto las miserias de la sociedad argentina era un aviso de que nos encontrábamos ante un escritor que iba a dar que hablar. Familias de cereal es la prueba inequívoca de aquellas impresiones.

Por otra parte, esta colección tiene otros nuevos momentos álgidos. Sin duda, “Disco rígido”. Un texto en donde queda claro desde el principio que hay una muerte: la muerte de un hijo que no se ha superado, que se corrobora en el diálogo en el que el padre afirma que no desea borrar nada, que no pretende empezar de cero (60). Pero lo que el lector no espera son las circunstancias y el desenlace de esa muerte con los que se encontrará páginas más tarde.

También el cuento que cierra la colección: “La nube y las muertas”. En este relato, desde una entrañable historia sobre ancianas que se enfrentan a la tecnología más actual con la ayuda de la nieta de una de ellas, que ejerce de narradora, el autor enfrenta una historia de desaparecidos en la Argentina del siglo XX mediante una pirueta estilística muy parecida a las que hicieran famoso a Roberto Bolaño.

Pero permítanme que elija “Animales del imperio” como el texto que más me ha gustado. Sánchez se conduce principalmente desde el realismo, aunque incorpore los elementos tecnológicos más novedosos, tal como antes se ha mencionado. Sin embargo, en este relato el autor se acerca al género fantástico y a la fábula para describir cómo avanza la demencia en la mente del padre del narrador. Para ello utiliza ecos de los relatos más orientales de Borges—el mismo narrador habla de “influencia borgeana” en los escritos de su padre—y, por supuesto, del Libro de las maravillas de Marco Polo.

Permítanme también que mencione el buen hacer narrativo del autor, en especial en la elaboración de los finales. Especialmente destacable el de “Fidelidad de los perros”, donde el autor reflexiona sobre la amistad y la soledad. Y remarcable también el final de “Ciudad de cartón”. Un relato donde, como su mismo nombre indica, los protagonistas se enfrentan con las contradicciones de la burguesía para enfrentar el problema de los niños cartoneros que pueblan las calles de sus ciudades.

Pero más allá de las tensiones y las perspectivas sociales, como el propio nombre del libro indica, son los lazos familiares las vigas sobre las que se construye el entramado del libro, y también lo que permite un hilo conductor entre todos los relatos. En especial la relación con los padres, más que con las madres, como se observa en la conducta sádica y violenta del narrador de “Mitad de un hermano” para con su hermanastro, con la intención de vengar la actitud del padre que los abandonó. O en el cuento que da título a la colección: “Familias de cereal”. La historia de un conflicto familiar y una separación pese a la tecnología de la que echa mano el hijo, que se verá arrastrado por sus propias limitaciones, como es común en el resto de este puñado de buenos relatos.

miércoles, 31 de julio de 2013

PRESENCIAS EXTRAÑAS


A raíz del excelente artículo publicado por Javier Calvo en la revista JotDown acerca de los denominados por Calvo como “nuevos extraños españoles” (que quien esto escribe llegó a parafrasear en el un ensayo sobre ciencia ficción iberoamericana), la valiente y transgresora editorial Aristas Martínez, ubicada en Badajoz, ha decidido poner negro sobre blanco a ocho de esos denominados extraños, y lo ha hecho con el título de Presencia humana y en un cuidado formato artesanal e ilustrado que ya es habitual en todas sus ediciones.

¿Y quienes son esos ocho extraños de la literatura española? A saber: Colectivo Juan de Madre, Robert Juan-Cantavella, Laura Fernández, Matías Candeira, Cisco Bellabestia, Riot Über Alles, Tamara Romero y Luis Gámez. Sin lugar a dudas, ocho nuevas voces del panorama literario español que tienen en común su apuesta por mezclar los géneros con la literatura tradicional y su tránsito por esa frontera que separa lo real de lo fantástico.

Los relatos que conforman este tipo de compilaciones suelen ser irregulares, y en este caso Presencia humana no es una excepción. Se alternan cuentos asombrosos con otros que apuntan buenas ideas pero no acaban de estar afinados.

En todo caso, cabría destacar “¿Acaso soy una clase de monstruo, señor Pallcker?”, otra entrega del universo especialmente original de Laura Fernández, a mitad de camino entre la metaliteratura, el género y la ciencia ficción; “Edad de los imperios innombrables”, de Robert Juan-Cantavella, nueva propuesta de la influencia del fantástico y los juegos de rol; y la alegórica “Un niño huérfano, un viejo ciego y la encina paralanchina”, de Luis Gámez; aunque las aportaciones de Colectivo Juan de Madre, Tamara Romero y Cisco Bellabestia no desmerecen en esta apuesta por nuevas formas de percibir la realidad más que de narrar. Matias Candeira, merecería mención aparte. En este caso presenta un cuento notablemente bien elaborado y complejo, como suele ser propio de su literatura, con elementos retrofuturistas y sugerentes escenas propias del terror.

En definitiva, una propuesta recomendable al 100%.

domingo, 19 de agosto de 2012

CLAUS, LUCAS Y LOS VIDEOJUEGOS




La profunda huella que le queda al lector después de finalizar la lectura de Claus y Lucas, la trilogía de novelas de Agota Kristoff, queda perfectamente reflejada en la crítica que le dedicó Javier Avilés. La fuerza de la literatura de Kristoff, su talento para hacer real la mentira, su dominio del doble literario, de cuyo uso la trilogía es sencillamente una lección magistral, queda claramente detallada en la reseña de este escritor y bloguero, decano de las bitácoras literarias en castellano. Por eso yo preferiría concentrarme en una de las virtudes del libro (y cuando hablo de libro, lo hago de las tres novelas): la capacidad de esta fábula para novelar la realidad. Porque eso es en parte el texto, una fábula (Avilés también la define así), cruel si me apuran, como los viejos cuentos infantiles. Pero capaz de narrar el absurdo que recorrió la historia de Europa Central durante el siglo XX. Es evidente que su autora forma parte de la tradición de Kafka o Gombrowicz cuando utiliza el absurdo para expresar lo autobiográfico. El carácter episódico y lo irreal que muchas veces emerge de la narración, sobretodo en el primer libro de la trilogía, El gran cuaderno, le da a sus páginas una fuerza difícil de encontrar en otros escritores. 

 
Esa capacidad fabuladora es la que hace que su obra haya inspirado a creadores de ámbitos en los que la fabulación es importante, como Shigesato Itoi, escritor y creador de los videojuegos de la serie Mother para Game Boy de Nintendo.La tercera entrega de la serie está inspirada en Claus y Lucas. Ese es el nombre de dos de los personajes, que pierden a su padre al inicio del juego y tendrán que acabar enfrentándose en la lucha final. La participación de los gemelos es fundamental para la estructura del juego. Pero la historia que lo envuelve contiene otras complejidades, como los guiños referenciales a los más conocidos videojuegos.


Algunos podrán pensar que este es un comentario frívolo. ¿Qué es eso de comparar un videojuego con un libro de la calidad de Claus y Lucas? Será que no están al corriente de la personalidad creativa de Shigesato Itoi. Aparte de guionista de videojuegos, Itoi es publicista, escritor, ensayista y compositor. Administra una de las páginas web más influyentes en la cultura japonesa (HoboNikkan Itoi Shinbun) y ha llegado a publicar una colección de relatos en coautoría con Haruki Murakami. Resulta curioso el impacto de Itoi en la cultura cibernética de Japón (quizá la sociedad más computerizada del mundo), especialmente porque descubrió Internet y se compró su primer Mac en 1998, cuando ya contaba cincuenta años. Pero lo que más impresiona de Itoi es que impregna sus creaciones de espiritualidad y filosofía (en este sentido, me gustaría saber japonés para conocer el grado de profundidad de su obra). En todo caso, más que con un diseñador de videojuegos, nos enfrentamos con lo que Vicente Luis Mora consideraría un artista transmedia. No es extraño que él también sintiera una profunda huella tras leer Claus y Lucas, esa excelente fábula.

martes, 3 de julio de 2012

VALLVI Y LA CRISIS DE LA NOVELA


El debate sobre el final de la literatura viene de lejos. Muchos son los agoreros que hablan de agotamiento en el mundo de las letras. Esa discusión se ha vuelto a activar en los últimos días en el ámbito de las bitácoras y la prensa a raíz del artículo “Desnudo en la bañera, asomado al abismo”, del escritor inglés Lars Iyers, que ha dado lugar a las respuestas de Enrique Vila-Matas en El País y Javier Avilés en su bitácora, muy respetada por quien esto escribe. 

Curiosamente, esta nueva entrega de la discusión sobre el fin de la literatura está muy centrada en la perspectiva que la alta cultura tiene de ella. Se habla de los escritores primigenios como semidioses, titanes que solo pensaban en la gloria. Se denosta el mercado y toda relación que la literatura tenga con él. Se habla de la imagen más purista posible del mundo de las letras.
 
Se niega, en definitiva, la relación que el relato contemporáneo tiene con el cuento de hadas y la que conecta a la novela moderna con las novelas de caballerías en su estructura. La característica episódica de la narración que, como en el relato de aventuras de los caballeros medievales, cuenta una historia pero que, en el caso de la novela culta, en realidad nos está contando otra muy distinta. Eso y la parodia son el germen de El Quijote, la obra fundacional del género junto a Pantagruel y Gargantúa. Esa combinación es la que permite el éxito de público junto con la llegada de la imprenta. La novela aúna al lector con carencias intelectuales pero que quiere acceder a un saber superior y es capaz de seguir una historia, y al lector culto que prefiere que el conocimiento le llegue de una forma entretenida. La clase media de la lectura. Los que quieren crecer intelectualmente, y los que, desde el saber, gustan de compartir sus lecturas con un público mayor. El cuento siempre es más exigente. Eso al menos, en la época en que se leía. Ahora todo resulta más difícil.

Que la crisis de ese compendio entre alta y baja cultura que es la novela moderna viene de lejos lo certifican las afirmaciones de Eduardo Mendoza al respecto. Y sin embargo, a veces le cae a uno a las manos precisamente eso, una novela que entretiene y a la vez incluye un mensaje no banal. Es el caso de Vallvi, la segunda novela de Edgar Cantero, el escritor catalán que ganó el premio Creixells con su primera novela, Dormir amb Winona Ryder.


Su nuevo libro, de ritmo trepidante, contiene unos personajes rotundos (de esos que le gustarían a Kiko Amat), como la Punker -una heroína de los nuevos tiempos-, un universo alternativo como el que construye el autor en torno a la localidad de Vallvidrera, a las afueras de Barcelona, una trama detectivesca cuidada al milímetro, elementos extraídos de la propia biografía del autor, otros claramente fantásticos e inverosímiles como los Merry Men, y mucha acción. Tanta, que a veces el libro se asemeja a un video juego. Pero ese es uno de los mensajes subliminales que nos deja Cantero:
en la narrativa actual, la novela de aventuras solo puede ser un video juego. Y el relato policíaco solo puede ser paródico, con un antihéroe de manual como el que utiliza, trasunto del propio Cantero, en una vuelta de tuerca más de la autoficción. De pistas teóricas como estas también está plagado el texto, aunque el escritor reivindique una motivación hedonista al escribir frente a los cantos de sirena de la literatura catalana más sublime (precisamente, una postura parecida a los mencionados Iyers y Vila-Matas). A fin de cuentas, Cantero es un escritor difícil de clasificar. Es cierto que forma parte de una hornada de escritores que mezcla lofantástico y lo realista.Y que utiliza formatos trans media en sus obras. A fin de cuentas, se gana la vida como dibujante en El Jueves con una tira cómica, y en esta novela llega a intercalar un cómic sobre los Merry Men de otro dibujante. Pero como bien lo define Manel Ollé en la contraportada del libro: “Edgar Cantero no va de res” (Edgar Cantero no va de nada). Y eso se agradece en estos tiempos de tanta pose y tan poca literatura

Por otra parte, si hemos de atenernos a las relaciones de esta novela con la ciencia contemporánea, que es uno de los temas mayores tratados en esta bitácora, pues que quieren que les diga, también las tiene: toda la cadena de explotación y producción de una droga nueva como es el glaç; ciertos problemas médicos del protagonista; la continua aparición de metáforas científicas, así como del uso de la tecnología, una tecnología irónica como en el caso del Merrimòbil; la aparición de un biólogo sueco, carne de Erasmus, que cultiva marihuana; la geología que recorre la montaña de Collserola. Vamos, que Cantero no es un amateur y trabaja sus novelas en profundidad, lo que demuestra que saber y entretenimiento no tienen por qué estar reñidos.

Sin embargo, y enlazando con el primero de los párrafos de esta entrada, uno puede preguntarse dónde está el público de Cantero. Cómo es posible que todos los jónenes de entre veinte y treinta años no estén leyendo esta novela. Cómo encuentra uno dos ejemplares de una novela que debería estar agotada en una librería de prestigio para la literatura catalana como es la 22 de Girona. La respuesta es fácil: los jóvenes no leen novelas. No lo hacen pese a que el libro este pensado precisamente para ellos, sea entretenido, use su propio lenguaje (además del lenguaje inventado por el autor para los habitantes de Vallvidrera), contenga sus inquietudes y sea capaz de retratar el signo de los tiempos. Tal vez sus potenciales lectores jueguen a vídeo juegos más aburridos que este libro, o escuchen música en su iPad, o vean series de televisión en casa y películas en el cine, o escriban en facebook. Pero no leen. Una parte importante del público joven ha dado la espalda a las buenas novelas. Ese sí que es un ejemplo de la crisis de la literatura.

viernes, 29 de junio de 2012

UNA NUEVA FORMA DE NARRAR


Este fin de semana tiene lugar en el entorno de la Fería de Barcelona, Gamelab, la VIII Feria Internacional del Videojuego y el Ocio Interactivo. La exposición abierta al público se inició ayer y finalizará el próximo domingo.

Dado el hecho de que los consumidores de vídeo juegos cada vez son más adultos, lo interesante de esta feria es comprobar el cambio de tendencia en el mundo de los vídeo juegos. El usuario cada vez demanda un juego que además de entrertener, le cuente una historia. De esta forma, el vídeo juego se está convirtiendo en una nueva forma de narrar.