domingo, 18 de noviembre de 2012

UN BIG BANG LITERARIO

Partamos de una premisa básica:

El universo surgió de un punto a partir de una singularidad que denominamos Big Bang.

Bien, tal vez sea excesivo. Quizá se haya tratado de una premisa demasiado básica. Busquemos un corolario:
Esa singularidad requiere de un creador (léase Dios).

Pero no está ni mucho menos claro que Dios exista (al menos, no todo el mundo se pone de acuerdo en este punto). Así que debemos replantearnos el corolario desde una perspectiva más humana. Allá vamos:

Kurt Vonnegut es Dios.


Al menos lo es en El desayuno de los campeones. Y además, construye el entramado de la novela a partir de una singularidad, por lo que nuestra premisa básica ahora sería:

La singularidad en la que se basa El desayuno de los campeones es el encuentro entre el escritor Kilgore Trout y el empresario Dwayne Hoover.

A partir de ese encuentro imaginario entendemos la extensión previa de páginas y páginas de fascinante narración fragmentada, hipotéticos argumentos de novelas y relatos de ciencia-ficción, recuerdos sobre la Gran Depresión, detalles científicos y técnicos de un autor que descree de la ciencia y la tecnología, reflexiones sobre la sociedad americana y la evidente presencia del autor, que deja clara al lector su posición de creador de la obra que está leyendo en el momento clave de la narración.

Un universo fragmentario que bebe de la influencia de escritores que se plantearon la autoridad de la autoría a principios del siglo XX como Unamuno o Pirandello, y que Vonnegut recupera desde una perspectiva más popular para dar forma a una de las obras fundamentales del posmodernismo americano. Un libro plagado de ciencia y tecnología, escrito por un autor que descree de la ciencia y la tecnología de su época. Un Big Bang de páginas y narraciones en el que merece la pena sumergirse.

lunes, 12 de noviembre de 2012

UN BUEN DÍA

En eso fue en lo que se convirtió el pasado 7 de noviembre, día de la presentación de Artefactos en La Casa del Llibre de Las Ramblas de Barcelona (aunque algunos amigos la confundieron con La Casa del Llibre de Rambla de Catalunya y pudieron disfrutar de la compañía de Sergio Dalma).


Y digo que fue un buen día porque, además de con los amigos del Máster de Creación Literaria de la Pompeu Fabra, y con la familia, y los muchos amigos que uno ha ido acumulando con los años, conté con presencias que no esperaba. Ni en mis mejores perspectivas pensaba tener entre el público al flamante Premio Herralde 2012 con la novela Karnaval, el escritor malagueño Juan Francisco Ferré, ni tampoco a Agustín Fernández Mallo, que ya estuvo en la presentación de Palma. Todo un honor.


Otra cosa era confiar en la ayuda de mis dos presentadores: Robert Juan-Cantavella y Eloy Fernández-Porta, en quienes tenía fe ciega. Pese a que tampoco contaba con sus lucidos parlamentos, que ensalzaron mi libro hasta niveles que yo, de nuevo, no esperaba.


El evento (como dicen en facebook) dio lugar a dos crónicas: la de Javier López Menacho en sigueleyend y la de Elías Gorostiaga en su blog. Y a una reseña del libro: la de David Condis en su página web. Y también a las fotos que están apareciendo en esta entrada.

En fin, a todos gracias.

lunes, 5 de noviembre de 2012

LAS FRONTERAS DEL SUPERVENTAS


Pese a ser yo un escritor que se siente más cómodo en el género fantástico, y especialmente, en una ciencia-ficción muy cercana al presente, siempre me ha interesado la obra de un narrador tan afín al realismo como es Javier Cercas.

A mi modo de ver, es de aplaudir en Cercas ese equilibrio entre la literatura de gran público y una apuesta literaria innovadora. En Soldados de Salamina, un gran éxito editorial, es capaz de alternar la trama sobre la Guerra Civil y la recuperación de la memoria histórica con un ensayo de lo que él llama “un relato real”. La velocidad de la luz es un libro más flojo. Pero merece mi admiración porque es la apuesta de un autor que prefiere continuar su obra que regodearse en las mieles del éxito repitiendo esquemas, además de que en sus páginas testimonia sus referentes literarios. Anatomía de un instante resulta ser no solo una rememoración del 23F, sino una apuesta decidida por hibridar ensayo y novela pero desde el ensayo, lo que resulta bastante arriesgado.

Sin embargo, esta mezcla entre escritura para el gran público y apuesta literaria es mucho menos evidente en Las leyes de la frontera. Como siempre en los últimos libros de Cercas, la novela se lee bien al estar estructurada como una serie de entrevistas. Pese a algunos elementos introducidos al principio con calzador, el relato de los quinquis de los 70 resulta entretenido. Incluso algunos guiños a la cultura popular de la época, como la referencia a La frontera azul, pueden ser entrañables. Es cierto que existe una rectificación al realismo galdosiano a modo de crítica. Por desgracia, no se vislumbra nada más en una novela que algunos críticos han considerado escrita desde un realismo anterior al de Marsé. 

En este sentido, el libro indica muy pronto una referencia a la Gerona de Galdós, para acabar concluyendo que se trata de un modelo acartonado de realismo, capaz de convertir en héroe a un tirano: 

más que una novela sobre la guerra me pareció una parodia de una novela sobre la guerra, una cosa cursi, truculenta y pretenciosa ambientada en una ciudad de cartón piedra donde solo vive gente de cartón piedra. Y en cuanto a Álvarez de Castro, [...] francamente: es un personaje asqueroso, un psicópata capaz de sacrificar la vida de miles de personas para satisfacer su vanidad patriótica y no entregar a los franceses una ciudad vencida de antemano.

Curiosamente, un planteamiento opuesto de forma diametral a lo que Cercas pretende en su novela: no idealizar a los quinquis de los 70. A mi modo de ver no lo consigue. Tal vez por culpa de situar la trama en Girona a modo de homenaje, espacio que ahora habito y donde la cercanía de los barrios de dinero con los de los desheredados es muy grande (de ahí que el símil con La frontera azul funcione). Pero en la Barcelona que transité durante los años en que se narra la novela, los quinquis golpeaban a la clase media-baja (por no decir a los obreros) de barrios como La Verneda, La Sagrera o Nou Barris (los barrios de mi infancia junto a Sant Andreu, más burgués). Para nada llegaban sus golpes hasta Sarrià, Predalbes, La Bonanova o Sant Gervasi, los barrios de los ricos. Por tanto, tampoco se consigue evitar la idealización de un personaje como El Zarco. Tal vez no un Robin Hood. Pero sí alguien dibujado como capaz de repartir esa denominada justicia de la calle en la novela. Muy lejos del carácter también psicopático y agresivo de El Vaquilla, en quien se inspira el relato. 

Y, aunque comparta la cita: "es nuestra cabeza la que decide dar sentido a esa casualidad, en función de nuestro bagaje pero también de nuestras neuronas"; no veo tan claro eso de que: "la ficción siempre supera a la realidad pero la realidad siempre es más rica que la ficción." No al menos en esta crisis que estamos viviendo, ni en las relaciones socioeconómicas que nos dominan, que se me antojan imposibles de comprender sin la ficción, por no decir sin la ciencia-ficción.

RESEÑA DE 'ARTEFACTOS' EN LA PLATAFORMA MELIBRO

Artefactos de Carlos Gámez | Melibro.com

En un episodio de Expediente X, la agente Scully descubrió, tras pasar por un detector de metales, que le habían insertado un chip en el cerebro, por supuesto que sin su consentimiento. Sin embargo, en el mundo que nos propone Carlos Gámez, abundan los neurochips implantados, la gente los reclama, a modo de droga del futuro del que nadie puede, ni parece querer,  desengancharse. El Crack del futuro. Mejor eso que mirar a la cara a la realidad tal vez. Esto, y mucho más, es “Artefactos“.
Relatos independientes aunque unidos por nexos comunes, esta novela del barcelonés Carlos Gámez Pérez, nos presenta un futuro no más desalentador que nuestro presente, pero ciertamente más evolucionado tecnológicamente hablando. Adictos absolutos a la tecnología. Neurochips – que degenera en un enorme mercado negro e ilegal – implantados que permiten leer el pensamiento ajeno. Consolas que permiten viajar a otros sitios, al estilo Google Earth pero no como simple espectador sino como protagonista. Lugares que ya no son conocidos tal y como lo son ahora ni nunca más lo serán…
La novela va de menos a más. Es muy amena, de muy buen ritmo, llena de aparatos o artefactos que dominan las vidas de los humanos. No faltan unos sugerentes toques sen(x)suales. Es una novela de ciencia ficción, pero no de esas donde los taxis vuelan y se preparan viajes inter estelares más allá de Orión o de la puerta de Tannhäuser. No. Es más bien un aviso de que de seguir por el camino que vamos nuestros pensamientos, decodificados con el códec adecuado, serán de dominio público y que por mucho que una consola simule llevarnos a otro sitio a kimómetros de donde estemos, no nos daremos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor.
El futuro podría ser ya hoy.
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lunes, 29 de octubre de 2012

LA MEDICINA EN LA LITERATURA MUTANTE: GERMÁN SIERRA Y JUAN FRANCISCO FERRÉ

Cuelgo aquí la comunicación que presente al I Congreso Internacional: La Medicina en la Literatura, que se celebró en Santiago de Compostela el pasado mes de septiembre. Un encuentro muy estimulante con gente muy maja:

Medicina y posthumanismo en la literatura de Juan Francisco Ferré y Germán Sierra



Introducción

A día de hoy, un nutrido grupo de escritores españoles contemporáneos enfoca sus obras desde una perspectiva heredera de la posmodernidad, donde la tecnología y la ciencia, y con ellas la medicina, juegan un papel fundamental para describir el mundo. En su mayoría son los denominados escritores mutantes. Podríamos considerar que dichos escritores perciben la realidad desde una perspectiva poshumana, tal como la definió Katherine N. Hayles (es decir, donde la convivencia con las máquinas ha construido sociedades no estrictamente humanas). En esa perspectiva de la sociedad posindustrial coinciden los dos autores de los que voy a tratar: Germán Sierra (A Coruña, 1960) y Juan Francisco Ferré (Málaga, 1962). La comunicación pretende analizar cómo, desde un punto de vista contemporáneo, la medicina influye en las obras de Ferré y Sierra.

Germán Sierra o la medicina frente a la complejidad del mundo


Germán Sierra es doctor en medicina y profesor de bioquímica en la Universidad de Santiago de Compostela. Sierra es uno de los escritores mejor considerados por la crítica gracias a su estilo depurado y a la influencia de sus obras en otros escritores más jóvenes. Es autor de cuatro novelas y un libro de relatos, además de ser un ferviente defensor de una renovación intelectual en la literatura española. 
 
En la obra de Sierra, es evidente su experiencia personal y su interacción con la ciencia. Esto se observa con nitidez en la novela Efectos secundarios (2002) y el relato «Alto Voltaje», incluido en el libro del mismo nombre (Alto Voltaje, 2004), las dos obras del autor más íntimamente relacionadas con la medicina, que son las que vamos a tratar aquí en profundidad.

En Efectos secundarios, su tercera novela, el autor nos sumerge dentro de un posthumanismo tecnológico que afecta a todos los individuos, desde los frecuentadores de gimnasios, hasta los adictos a los videojuegos, pasando por los “refrescos de última generación” o los amantes de la pseudociencia. En este entorno, las grandes empresas farmacéuticas tienen el control sobre amplias capas de la sociedad. Un control que tratarán de romper otros lobbies para implantar unas nuevas reglas del juego pero en las que también están interesados los mismos grupos farmacéuticos dominantes, con lo que el individuo es impotente a ese dominio, tal como se observa en el desenlace de la trama. Como dice el autor, “al final, todo es intoxicación sin tratamiento” (Efectos secundarios: 236). 
 
Para expresar sus propósitos, Sierra utiliza una serie de metáforas cargadas de conceptos relacionados con la medicina (metáfora tecnocientífica). Ya la primera frase supone una declaración de principios, tanto del estilo subordinado que utiliza la metáfora científica, como de la carga de contenido al explicitar la agresión que la tecnología hace al medio, al que toma como si de un paciente se tratara (Efectos secundarios: 9):
“La vibración telúrica de las excavadoras y martillos neumáticos difunde –como se extiende el líquido inyectado en el músculo glúteo- por las anfractuosidades de la corteza, aprovecha la elasticidad de las rocas pulverizadas y los apelmazados residuos orgánicos que componen la capa más externa de la Tierra para viajar hasta las puertas del infierno y rebotar contra las rocas silicoaluminosas, más densas y compactas, regresando a la superficie deformada en seísmo casi imperceptible, silencioso y continuo como el crecimiento del cabello”
Esa personificación del entorno como un paciente continúa unas pocas páginas más adelante cuando describe la ciudad como un organismo vivo que fagocita incluso a los individuos que la habitan (Efectos secundarios: 13). La personificación y la metáfora médica también le sirven a Sierra para describir los entresijos del sistema que su novela describe (Efectos secundarios: 126):
"Como inyectas tu droga favorita en una vena superficial del antebrazo, una enorme dosis de dólares es inyectada en algún nódulo periférico del sistema circulatorio financiero. Desde allí es arrastrada a través de las dinámicas arterias telefónicas hasta el mismo cerebro –léase Wall Street-, donde se unirá a receptores específicos. Al principio, una dosis tan elevada producirá una inesperada euforia en los mercados, arrastrando consigo a los inversores oportunistas. Una conmoción preparada para introducir la inmunodeficiencia, como el virus artero que cabalga en el éxtasis."
A ello debemos añadir la continua obsesión por el malestar físico y psíquico, por la ingestión de fármacos, por los productos de bioestética producidos por Oribashi-XTO, omnipresente en la novela (Efectos secundarios: 124):
“Nuestra piel es de Oribashi, nuestros ojos de Microopticals, nuestros dientes de MJD Dental Corp., nuestro corazón de Lugal, nuestro cerebro empieza a ser de Neurogold y sus patéticas drogas de la felicidad. En estos momentos, las personas sanas tomamos más fármacos que los enfermos, ese ha sido el gran negocio de la industria farmaceútica, darse cuenta de que la salud podía explotarse mucho más que la enfermedad”.
Una visión del mundo que ya se podía leer en algunos pasajes de su anterior novela, La felicidad no da el dinero (128):
“La publicidad dice que la L-carnitina, las ceramidas, la cafeína y algunas citoquinas frenan la acumulación de grasas. Los creyentes gelifican y masajean sus piernas cada mañana, «reestructuran sus tejidos», se privan de comer, denominando «dietas hipocalóricas» a la inanición. Usan pomadas reafirmantes con magnesio y silicio. Beben mucha agua, se retuercen como condenados en máquinas alquímicas, frecuentan las clínicas de los discípulos del inmortal Bálsamo.”
Por su parte, el otro texto que queremos analizar en profundidad, el relato «Alto Voltaje», utiliza el mecanismo caótico con el que el cerebro recompone los hechos para estructurarse. En él, la tecnología también está muy presente, al mostrar el inevitable conflicto entre ciencia, tecnología y sociedad cuando el protagonista, redactor para una revista sensacionalista donde no están claros los límites entre divulgación, ciencia y paraciencia, debe entrevistarse con un concejal, responsable de unas instalaciones de alta tensión que podrían ser perjudiciales para la salud de la población. En este sentido, resulta significativa la frase utilizada por el concejal en la entrevista (Alto voltaje: 76): “Hemos realizado mediciones en todos los pisos. Eso es un hecho. Un hecho incontrovertible”. A lo que responde el médico del pueblo páginas más tarde diciendo (Alto voltaje: 105): “Aquí nadie espera a que la ciencia le indique lo que debe hacer”. Precisamente, en el relato se afirma que la verdad no se puede alcanzar y el narrador, personificación del afán científico, tampoco lo consigue. Desiste porque la ciencia resulta incapaz de pronunciarse ante problemas como el planteado. En realidad, es la enfermedad y la vulnerabilidad del hombre lo que preside el cuento. Curiosamente, es el médico, un médico de provincias que lee a otro médico que fue escritor, William Carlos William, quien comunica al relato la sabiduría necesaria para comprender esa vulnerabilidad que nos domina. 
 

Juan Francisco Ferré la pornografía y las barbaridades del humanismo médico


En el caso de Ferré, la influencia de la medicina también tiene lugar desde una perspectiva posmoderna y poshumana. El autor es conocido en los ambientes literarios españoles por haber defendido desde diversas tarimas culturales la necesidad de utilizar lo científico y lo tecnológico en la ficción contemporánea (Mutantes: 14). En su obra se observa un interés manifiesto por describir el mundo tecnocientífico que nos rodea desde esa perspectiva posmoderna y poshumana. La medicina no escapa a su interés. En su libro de relatos, Metamorfosis, se hace evidente la interacción que existe entre la descripción anatómica del cuerpo y la pornografía tal como figura en el relato que lleva por título precisamente «Metamorfosis». La medicina y los miedos que provoca en el ciudadano medio, por su parte, es el tema central del relato “Medicina general”. Finalmente, aunque en “Elogio de la necedad” no aparece de forma evidente la componente médica, sí lo hace un poshumanismo que se enfrenta de forma sarcástica con el humanismo clásico. 
 
Sin embargo, es en la novela La fiesta del asno (Ferré, 2005), parodia del terrorismo vasco y de los medios de comunicación, donde se sintetiza la visión poshumanista de Ferré con la medicina. Lo hace inicialmente con el estilo habitual de Ferré, al describir de forma explícita y anatómica el cambio de sexo del protagonista, Gorka K., mientras se excita contemplando material pornográfico de carácter lésbico (La fiesta del asno: 85-88). A continuación, en un mensaje más crítico, a partir de la figura del forense, “el último de los humanistas vivos”. Primero mediante la construcción de un monstruo nacionalista con los despojos de cuatro terroristas fallecidos. Un ser (La fiesta del asno: 106) “extrañamente recompuesto con trozos que daban la chapucera sensación de haber sido cosidos con hilo grueso de carnicero”. Suerte de Frankenstein alienizado que lleva a cabo el forense nacionalista según narra el propio monstruo (La fiesta del asno: 108):
“agradeció al forense, sobre todo, ese insobornable humanista, la delicadeza profesional con que los había manipulado en la mesa de disección y también qué poco se quejó, noble y sabio como era, cuando se le pidió su urgente y discreta colaboración técnica para restituirles a los cuatro una última posibilidad de vida en común, aunque fuera al precio de esta aberración aparente”.
Y posteriormente, al realizar el mismo forense la autopsia a Gorka K tras haber sido asesinado en complejas y “pornográficas” circunstancias (La fiesta del asno: 127):
“según los dictámenes del forense que ordenó el levantamiento del cadáver, se produjo con antelación alguna extraña especie de intercambio sexual. Los restos de excremento y semen hallados en el seccionado miembro viril de Gorka hicieron creer al forense, último de los humanistas en ejercicio, que éste penetró por el ano con éxito a la mujer que sería luego su asesina, y que quizá llegara a eyacular en su interior en más de una ocasión. Restos de semen hallados en el propio ano de la víctima, hicieron creer que Gorka también había mantenido relaciones sexuales con algún varón blanco antes de la llegada fatal de la mujer que acabaría con su valiosa vida”.

Como vemos, ambas escenas son tratadas desde una perspectiva que muestra las barbaridades perpetradas por el humanismo. A día de hoy, en cambio, el ultracapitalismo que nos domina lleva irremediablemente al uso comercial de la ciencia en general, y de la medicina en particular, como se infiere de los pensamientos de Gorka K. justo antes de morir (La fiesta del asno: 125):
“El último pensamiento de Gorka fue para la Cruz Roja internacional, para Crick y Watson, los descubridores de la cadena en espiral del ADN, y para todos los que han contribuido en los últimos treinta años a convertir la genética y la biología molecular en las ciencias dominantes de este mundo supertecnificado y anodino.”

La influencia del posmodernismo anglosajón

La evidente influencia poshumana en los dos autores de estudio viene de la mano de la lógica influencia de la literatura posmoderna anglosajona. El modelo de Sierra y su relación con la medicina está notablemente influido por esa literatura. En Efectos secundarios es destacable la sombra de James G. Ballard y Don DeLillo que se detecta en la referencia continua a catástrofes, a edificios aterradores y a accidentes de automóvil, además del bombardeo mediático de la industria farmacológica al ciudadano medio y la teoría conspiratoria que presiden la novela. La influencia de DeLillo también es notable en el relato «Alto voltaje», por la complejidad y agresividad del entorno tecnocientífico para con los personajes. En este sentido, resulta interesante cotejar el argumento del relato, anteriormente explicitado, con este fragmento de Ruido de fondo de DeLillo (edición de Seix Barral 2006, 231):
“La cuestión real es el tipo de radiación que nos envuelve todos los días. La radio, la televisión, el microondas, las líneas de alta tensión a unos metros de la casa, el radar que detecta la velocidad a la que conduces por carretera. Durante años nos han repetido que se trata de dosis débiles y que no son peligrosas.” 
De otra forma, lo mismo que se postula en «Alto voltaje»

Respecto a Ferré, en el relato “Elogio de la necedad” también se observa la sombra de J. G. Ballard. Y es conocida la deria del autor por Don DeLillo. Pero, a mi entender, es Thomas Pynchon quien más influye a Ferré a la hora de introducir elementos tecnocientíficos y médicos en la narración. Esto se observa incluso en la producción crítica de Ferré, En un análisis del libro de Pynchon, El arco iris de gravedad, Ferré vaticina (Ferré, 2010) “la fosilización de cualquier estética literaria que no asumiera la influencia determinante de la ciencia y la tecnología sobre la forma de contar historias en las sociedades más avanzadas”. Ferré utiliza el posicionamiento de Pynchon para encontrar su propio posicionamiento. Y lo cierto es que el tratamiento que Ferré hace del médico humanista que aparece en La fiesta del asno recuerda mucho a Schoenmaker, el pragmático y ambicioso cirujano plástico que aparece en V, la primera novela de Pynchon.

Conclusiones

A la vista de la exposición, se hace evidente que los dos autores tratados tienen una visión posmoderna y poshumana del mundo en general y de la medicina en particular.
También parecen compartir referencias a la hora de tratar la medicina: la literatura posmoderna anglosajona. Especialmente la de autores como J. G Ballard, Don DeLillo y Thomas Pynchon, aunque parece que la influencia de DeLillo es más notable en Sierra, mientras que la de Pynchon se hace evidente en Ferré.

Pese a compartir puntos de vista y referencias, la plasmación de los aspectos médicos en la literatura de Sierra y Ferré es diferente:
  1. Sierra utiliza la farmacología y la excesiva obsesión por la salud de la sociedad contemporánea para construir un mundo complejo en donde la medicina es un elemento más. De esta forma, personifica organismos sociales complejos, como la ciudad o el entorno, para dotarlos de necesidades biológicas y, por tanto, los hace susceptibles de interactuar con la medicina. A la vez, utiliza la madurez de la perspectiva médica alimentada por la literatura para desenmascarar el afán determinista de esa sociedad compleja. Es decir, trabaja con una tensión entre los elementos negativos y los elementos positivos de la medicina en nuestra sociedad, sus componentes científica y humana. El suyo es un mensaje complejo.
  2. Ferré hace evidente la relación de la medicina con la pornografía para desdibujar los contornos sociales, a la vez que critica en profundidad los postulados humanistas que sustentaron a la medicina en el pasado. Pero sus estrategias y los productos que surgen de ellas, por culpa del capitalismo dominante, no suelen tener una contrapartida positiva, sino que están dominadas por la pornografía y la explotación económica. El suyo es un mensaje apocalíptico.